Exposición organizada por la Fundación Mapfre.
Ciento cinco años después de la primera exposición de Joaquín Sorolla en Estados Unidos, la Fundación Mapfre expone las obras del pintor valenciano vinculadas al país americano ya sea porque fueron pintadas, encargadas o adquiridas allí. Retratos, paisajes y escenas de playa son los temas más repetidos, aunque son de destacar los gouaches y dibujos preparatorios expuestos por tratarse de piezas que rara vez pueden verse en público.
Hablar de Sorolla en Estados Unidos conduce irremediablemente a la Hispanic Society of America, bajo cuyo patrocinio presentó sus obras en Nueva York, Boston y Búfalo. Asimismo contó con la ayuda como mecenas de Archer M. Huntington, quien le introdujo en la alta sociedad estadounidense.
Arropado por el Grand Prix recibido en la Exposición Universal de París de 1900 por su obra ¡Triste herencia!, Sorolla atrajo las miradas de los estadounidenses en unos años en los que Europa asistía al nacimiento de las Vanguardias. De hecho, su primera exposición en Estados Unidos, en 1909, tuvo lugar dos años después de que Picasso pintara Las señoritas de Aviñón, el cuadro que anuncia las claves de la transformación pictórica del cubismo.
No es de extrañar, por ese motivo, que o bien en Estados Unidos su obra siguiera gustando, precisamente por mantenerse todavía al margen de los cambios europeos, o bien que despertara recelos por su anacronismo.
Es indudable, sin embargo, que las escenas coloristas del sur de España, como Baile en el Café Novedades de Sevilla, o costumbristas como Aldeanos leoneses despertaron la atracción de los entendidos estadounidenses por su carácter exótico, una herencia de la etapa romántica.
La cantidad de retratos reunidos en la exposición no sólo de su mujer Clotilde, a quien pintó profusamente, sino también de personalidades de la época como la reina Victoria Eugenia y Alfonso XIII, y figuras relevantes de la clase alta estadounidense como William H. Gratwick o Juliana Armour Ferguson, confirman la buena aceptación que tuvo su pintura entre los nostálgicos del denostado naturalismo.

Dos salas del recorrido merecen mencionarse por las obras que contienen, el original soporte en el que han sido pintadas y porque rara vez pueden contemplarse en público. Se trata de la que aloja una selección de 24 dibujos de la colección del Museo Sorolla, que se muestran por primera vez, y que representan apuntes tomados por el pintor en el reverso de los menús que degustó durante sus estancias en Estados Unidos. Interesan por tratarse de dibujos de rápida ejecución con breves notas de color muy expresivas.
Igualmente interesantes son los gouaches pintados desde la habitación del Hotel Savoy de Nueva York realizados sobre los cartones que se usaban en la lavandería de los hoteles para doblar las camisas de etiqueta, lo que demuestra su gusto por la pintura del natural y una técnica pictórica espontánea.