Los
gladiadores romanos consumían principalmente centeno, cebada y
vegetales; la carne y el pescado eran poco habituales en su dieta, según se desprende de un
estudio que ha sido publicado por científicos de la Universidad de Viena (Austria) y de la Universidad de Berna (Suiza) en la revista especializada
Plos One.
Para confirmarlo han estudiado restos de
53 cuerpos -22 inhumados como
gladiadores- datados entre los siglos II y III a.C y ubicados en Éfeso (Turquía).
El objetivo del estudio, según Plos One, se ha encaminado a determinar "la
dieta, la estratificación social y los movimientos migratorios de los ciudadanos de Éfeso y de los distintos grupos de
gladiadores", explican en su web.
Mediante un estudio espectroscópico, los científicos midieron el nivel de
colágeno en los huesos, así como la proporción de estroncio y calcio en el mineral óseo, para acabar determinando que los
gladiadores, presos o esclavos obligados a combatir en duelos públicos, poseían una dieta similar a la del resto de la población de la época, aunque con una gran diferencia.
Los huesos de estos guerreros presentan, según los expertos,
mayores niveles de estroncio que el resto de los habitantes de Éfeso, una ciudad que llegó a albergar cerca de 200.000 habitantes.
Los
gladiadores bebían, después de sus luchas (muchas de las cuales eran a muerte), un
tónico condimentado mediante cenizas de plantas, ricas en estroncio, que les ayudaban a recuperarse de las lesiones óseas. "Las
cenizas de plantas eran consumidas para fortificar el cuerpo tras el ejercicio físico y para que los huesos sanaran mejor", concluye Fabian Kanz, director de este estudio, que corrobora el apodo con el que algunas fuentes históricas recuerdan a los
gladiadores, "hordearii", "comedores de centeno".