Barak Obama ha anunciado que enviara 1.500 soldados más a Irak que llevarán a cabo la tarea de asesoramiento militar, pero no participarán en misiones de combate. El envío, por mucho que el presidente norteamericano lo haya lanzado a bombo y platillo, no supone otra cosa que la continuación de la política exterior errática del inquilino de la Casa Blanca, que está poniéndose clara y especialmente de manifiesto en la lucha contra el Estado Islámico (EI). La política de Obama para enfrentarse al terrorismo asesino de los yihadistas está surcada de contradicciones, pues este mismo envío de asesores contradice lo que había señalado hace poco, en el sentido de que no iba a mandar más personal.
Y lo peor es que su política está resultando completamente ineficaz ante el sangriento desafío lanzado por la barbarie del IE. Un desafío que exige, dentro de la legalidad, una respuesta contundente. Y esa respuesta debería dársela Estados Unidos con una intervención, y no con medias tintas como está haciendo Obama. El EI se ha cobrado cientos y cientos de víctimas en unas acciones sin límite de brutalidad, ya ha instaurado un califato del terror en las zonas que controla, y pretende que se extienda por todo el mundo árabe. La última cobarde acción del EI ha sido la de ocultar minas y bombas trampa en terrenos y edificios que suponen un gravísimo riesgo tanto para los soldados como para los desplazados que huyen del EI.
El ejército iraquí y las milicias peshmergas, formadas por combatientes kurdos, están resistiendo como pueden, pero sus fuerzas son insuficientes a todas luces. Y no basta con que se envíe asesores militares, insistiendo Obama en que son los propios iraquíes los que deben resolver el conflicto, cuando está visto que es imposible, y el EI sigue haciendo de las suyas. La debilidad mostrada por Obama ante el dictador de Siria se está aquí duplicando. Sin duda, su erróneo compartimiento en política internacional -sumado a otras equivocaciones- no ha sido ajeno al varapalo recibido por los demócratas en las recientes elecciones legislativas. La política exterior errática de Obama le ha acarreado críticas no solo de los republicanos sino de sus propios correligionarios y el rechazo de muchos de sus antiguos votantes. Las medias tintas al final no convencen a nadie.