TRIBUNA
El sistema de partidos y la importancia del PSOE
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 02 de enero de 2015, 08:19h
Al llegar 2015, año electoral, se hacen pronósticos acerca del futuro político. Coinciden los analistas en que el mapa electoral va a cambiar con la irrupción de “Podemos”. Yo también lo creo, al menos a medio plazo, y aunque coincido con los que piensan que esa formación nueva ha producido una benéfica sacudida política, y seguramente un incremento de la participación electoral, sin embargo, no participo del optimismo de los que creen que nuestro sistema político no corre riesgos si éste deja de ser un modelo de dos partidos, alternándose en el gobierno.
Por decirlo sencillamente, pasaríamos de un modelo parecido al de la República Federal alemana, para adentrarnos en el emocionante modelo de la República italiana de hace unos años, caracterizado por una gran pluralidad de partidos políticos, negociando sus cuotas de poder y de gobierno, pero incapaces de proponer unos objetivos nacionales compartidos, y desde luego, muy limitados para hacer las reformas constantes a las que nos obliga la globalización. La pluralidad de partidos suele deparar un sistema político en el que el auténtico pluralismo de la sociedad no encuentra medios para expresarse políticamente. Eso sí, el vertiginoso modelo de muchos partidos compitiendo en todo momento, y por cualquier cosa, será el preferido del periodismo instantáneo de este tiempo, cuando el espectáculo ha suplantado la información y la opinión, que creíamos consustanciales a un sistema de gobierno electivo.
En estos artículos mis lectores habrán conocido que mis preferencias se encuentran en partidos políticos de molde anglosajón, es decir, pocos partidos con una gran pluralidad interna, en los que personas que piensan diferente pueden ponerse de acuerdo con otras para alcanzar un objetivo o un ideal; los partidos del futuro, que han superado el jacobinismo ideológico de antaño (“el leninismo whig y tory”), serán distintos a los actuales, que siguen siendo sujetos de razón, especie de iglesias que custodian los dogmas doctrinales (hoy el “argumentario”), con poder reconocido para decidir qué tiene que votar el representante elegido, y en cualquier caso, con legitimidad para exigir disciplina de voto, de pensamiento y de expresión del afiliado, aunque se trate del diputado o senador correspondiente, o en caso contrario, proceder a su expulsión.(La posterioridad conocerá perpleja que en este tiempo se expulsó a algunos representantes por votar fuera de la disciplina partidaria, algo consagrado en el llamado acuerdo contra el “transfuguismo”, y eso que la Constitución consagra: “Los miembros de las Cortes Generales no están ligados por mandato imperativo” -artículo 67.2-; así que pocos se escandalizaron cuando el nuevo partido manifestó que la democracia representativa era superable por otra más “participativa”, y se puso a ello, con bastante éxito de público y crítica.)
El sistema actual de partidos tiene problemas, y por eso “Podemos” puede avanzar, aunque sus defectos sean los mismos del sistema, bien que aumentados más allá de los límites propios de una democracia europea. Ahora mismo el PSOE, como uno de los ejes del sistema político, es el que está más afectado. Los sondeos de Cataluña y Euskadi, que relegan al PSC y PSE -la filiales territoriales del PSOE-, a un puesto muy secundario, hace que esas dos Comunidades Autónomas puedan tener un sistema de partidos distinto del estatal, pues el PP, el otro eje, tampoco puede hacer frente allí a los nacionalistas, y al fenómeno “Podemos”.
Nuestro modelo territorial, como señaló Gumersindo Trujillo, tiene tres puntos de apoyo: Barcelona, Bilbao y Madrid. El PP podría alegrarse por esa observación, pues Cataluña y Euskadi fue donde el PSOE más le aventajaba, pero sería una alegría efímera. Cuando cae un eje del sistema, acaba cayendo el otro, como se vio en Italia, cuando la Democracia Cristiana desapareció inmediatamente después del PCI, entonces el referente de la izquierda. Así que, aunque mantenga Madrid como punto de apoyo, el PP no podrá salvarse sólo, dejando aparte sus causas internas, como sus casos de corrupción mal resueltos.
Al PSOE le dañará su nuevo procedimiento electoral de primarias. En otro artículo he explicado que ese procedimiento carece aún de coherencia. A Pedro Sánchez le falta ganar las primarias auténticas, las de ser candidato a la presidencia del Gobierno, y por eso se están dando movimientos internos para debilitarlo, haciéndole responsable de unos posibles malos resultados en las municipales y autonómicas. Es una pugna entre la antigua representación orgánica, y la nueva que se basará en que la organización partidaria no contará apenas.
Y por si fuera poco, el PSOE tendrá que resolver el tremendo dilema de apoyar con sus votos gobiernos del PP o de “Podemos”. El caso es que debería, en mi opinión, negarse a formar parte de mayorías con esos dos partidos políticos. Creo que pactar con “Podemos” sería el fin del PSOE como partido fiable. Y en cuanto al PP, aunque pueda coincidir con su apuesta con la Constitución, su persistente y actual estrategia “arriolista” (de Pedro Arriola, el mentor del leninismo tory del PP), no lo hace no más fiable para comprometerse con él en la tarea de reformar nuestro sistema político. En solitario, el PSOE tendrá que ofrecerse para esa innovadora tarea reformista, algo que necesita tiempo, tenacidad y elaboración de sus ideas y programas. ¿Podrá el PSOE lograrlo? Durante años y años, el PSOE, como los demás partidos socialdemocráticos europeos, se caracterizaron por su “intransigencia”, que fue una actitud que se caracterizó por desconfiar de las políticas que no fueran contra las causas esenciales de los males sociales y las deficiencias de la democracia burguesa. El PSOE quiso siempre ser un partido de Gobierno, pero no a cualquier precio, y con aliados poco fiables. Para esquivar un destino político italiano (hoy tal vez griego), el PSOE debería armarse de paciencia, y con nuevas ideas aspirar a tener mayoría para gobernar sin concesiones al oportunismo.
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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