¿Cómo ha afectado la crisis a la renta y la riqueza de las familias? Para responder a esta pregunta, vamos a recurrir a la
Encuesta Financiera de las Familias (EFF), elaborada por el Banco de España, en colaboración con el Instituto Nacional de Estadística y la Agencia Tributaria.
Los datos son muy completos. Para elaborar la EFF, se hicieron
6.106 entrevistas. Por desgracia, los datos se refieren a 2011, lo cual visto desde 2015, aunque sea recién estrenado, suena ya pasado. Pero no debemos olvidar que en 2011 llevábamos cuatro años de crisis, incluyendo el propio 2011. De estos encuestados, 3.711 participaron en la EFF de 2008.
La primera conclusión del informe no sorprenderá: “El patrimonio de las familias experimentó
reducciones importantes como consecuencia del retroceso del valor de activos financieros y, fundamentalmente, de los activos inmobiliarios.
Para facilitar la observación de los datos, el informe utiliza medias de promedio. La más significativa es la mediana, pues trata por igual a todos los elementos de un grupo. La mediana es el valor central del conjunto de valores ordenados; es decir, que deja por encima y por debajo al mismo número de elementos. La renta mediana de los hogares era de
25.400 euros. Es interesante observar que la renta aumentan “con la edad hasta alcanzar un máximo para el grupo de hogares de entre 55 y 64 años”, y luego disminuye a partir de ahí. Es decir, que las diferencias de renta son diferencias de edad. Y que la desigualdad de rentas da la medida (en parte) de lo que puede progresar una persona a lo largo de su carrera. En esa carrera cuentan otras cosas. Por ejemplo, obtienen más renta las personas con mayor formación, o aquéllos que trabajan por cuenta propia. Pero en esa carrera, las diferencias están relacionadas con la edad.
La riqueza sigue un camino paralelo a la renta; aumenta con la edad, y es mayor entre las personas educadas y quienes trabajan por cuenta ajena.
¿Por qué disminuye la riqueza en los últimos años? Quizás porque dedican parte de ese capital al consumo.
Esa es la situación en el EFF 2011, pero es generalizado en todos los informes que hacen este tipo de comparaciones. Se corresponde con un ciclo financiero vital en el que las personas entran en el mercado de trabajo siendo poco productivos, y a medida que adquieren formación y experiencia, van generando mayores rentas. Por otro lado, se adeudan en los primeros años, típicamente para adquirir una vivienda.
Van construyendo un patrimonio a lo largo de la carrera profesional, y cuando termina su vida laboral, esa riqueza les sostiene y compensa, en parte, la caída de rentas por haber dejado de trabajar.
Pero,
¿cuál es la incidencia de la crisis? De nuevo, tenemos que recordar que hablamos de datos de 2011. Por lo que se refiere a la renta, “el retroceso se observa para todos los tramos de renta, exepto para el decil superior de la distribución”. ¿Por qué ocurre eso? Tenemos alguna pista en el hecho de que tampoco ha descendido entre quienes tienen estudios universitarios, y en las familias que tienen tres o más miembros trabajando. Vamos entonces a la cuestión, ¿por qué es el decil superior (es decir, el 10 por ciento que más renta genera), al que mejor le ha ido?
Si uno sigue cuál ha sido la evolución del
mercado laboral en la crisis, se observa que la gran destrucción de empleo se ha producido en los poco productivos, entre las personas con poca formación, entre los más jóvenes, y en el sector vinculado a la construcción; todo ello relacionado. El mundo, sin embargo, ha seguido necesitando bienes que contienen mucha tecnología y conocimiento, por lo que el empleo de los licenciados ha subido, no bajado, durante la crisis. Las personas más formadas, y las que tienen más experiencia, han sufrido menos la crisis. Y esas personas tienen más ingresos. He ahí la clave. Por otra parte, tal como señala el informe, “las disminuciones más acusadas se han producido para los
hogares cuya cabeza de familia es un empleado por cuenta propia”.
En el caso de la riqueza, la evolución ha sido distinta. Los retrocesos han sido generalizados, “con la excepción de las familias que no son propietarias de su
vivienda principal y las que pertenecen al cuartil inferior de la distribución”. Esto es así porque el precio de los inmuebles ha caído y “los activos reales constituyen el 84,4 por ciento del valor de los activos totales de los hogares”, y porque las personas en el cuartil inferior, es decir, el 25 por ciento con menor riqueza, han podido perder menos.
Hemos de tener en cuenta que “el 90 por ciento de las familias tiene algún tipo de activo real, y para esos hogares, el valor mediano de sus activos es de 182.000 euros”. Un 12,3 por ciento de los gogares tiene activos en negocios relacionados con actividades por cuenta propia de algún miembro del hogar (valor mediano de 43.000 euros), y un 11 por ciento tiene acciones en Bolsa (valor mediano de 7.000 euros). Vemos, pues, que los españoles tienen aún muy poca riqueza financiera en acciones. Un 5,7 por ciento de los hogares tiene un patrimonio en fondos de inversión, con un valor mediano de
10.000 euros.
Por último, para trazar este esquema de la renta y la riqueza media de los hogares, el 49,3 por ciento de los hogares tiene algún tipo de
deuda, y “el importe mediano pendiente es de 42.900 euros”. El hogar mediano dedica el 18 por ciento de su renta bruta a pagar las deudas; un porcentaje que es mayor entre los más jóvenes (más endeudados y con menores rentas), y a los parados. Por otro lado el valor actual de la deuda supone el 131,7 por ciento de los ingresos anuales del hogar, en la mediana. Un porcentaje que en el caso de la parte inferior de la distribución de la renta y entre los jóvenes (dos realidades muy relacionadas), llega al 300 por ciento.
En definitiva, se observa que la crisis ha tenido una incidencia clara en la riqueza y la renta de las familias; especialmente entre los asalariados y los menos formados. Pero la crisis no ha variado las características habituales del ciclo vital.