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TRIBUNA

Juan de Mariana, un adelantado a su época

martes 13 de enero de 2015, 20:05h
Actualizado el: 14/01/2015 14:36h

En anteriores ocasiones, hemos aludido a los servidores públicos en la conducta errática ejercida durante dos legislaturas, caracterizada por la falta de respuestas a los retos planteados por la crisis que nos azota, poniéndose en evidencia la entronización de una corrupción generalizada en las Instituciones municipales y regionales, así como en uno de los pilares del sistema financiero: Las Cajas de Ahorros, gestionadas por Presidentes y Consejero spolíticos de todo el arco parlamentario, y peor aún la falta de control de los organismos reguladores como el Banco de España y los Tribunales de Cuentas.

Llegado a este punto, parece oportuno, dedicarle un capítulo aparte a otro de los poderes de la sociedad, que junto a los políticos, deberían encontrar soluciones para salir del laberinto de la crisis: Los empresarios.

Es preciso distinguir dentro de este grupo: Los emprendedores, que son aquellos que tratan de encumbrar sus proyectos a través de los desafíos y retos del mercado, que inevitablemente implica un riesgo, poniendo en juego valores, como el esfuerzo, la lucha y la generosidad, con el objetivo esencial de contribuir al incremento del tejido social: El empleo.

Catalogados dentro del grupo de empresarios, nos encontramos con los: Oportunistas, que se corresponden con aquellos que buscan el negocio especulativo, el de la inmediatez de resultados y que se aferran en una gran mayoría a contratos adscritos a Instituciones Públicas.

Este tipo de empresario, practica el surfeo por la superficie del océano empresarial, evitando el riesgo de sumergirse en las profundidades, donde se libra el ser o no ser hamletiano del auténtico emprendedor.

Nuestro insigne escritor y pensador el Doctor Marañón, nos legó un ensayo al que tituló: Vocación y ética, que resulta evocador en estos momentos cruciales:

Aquellos que tengan un peso relevante en la Sociedad, están obligados a desplegar, no solo sus aptitudes y destrezas en el negocio, sino la de poner en valor su vocación emprendedora, que como señalaba, procede del fondo insobornable, del pálpito más altruista del corazón.

Rousseau, en uno de sus pasajes del Contrato Social, alude a un concepto nuevo “La religión civil”, como doctrina que une al ciudadano con la polis, estableciendo los derechos y obligaciones que la fundamentan, estableciendo un proyecto compartido, por medio del cual, solicitaba a los estamentos situados en los escalones superiores (Empresarios, banqueros y dirigentes públicos) Unos poniendo en ejercicio su talento emprendedor, otros con la puesta en circulación del crédito y a los políticos con la aplicación de normas y tributos que ayuden a construir una sociedad más igualitaria; de tal suerte que contribuyeran a edificar una rampla, un andamiaje, al cual, acceder los ciudadanos más desfavorecidos, situados en los peldaños inferiores que se encuentran azotados por el oleaje devastador de la penuria y la miseria.

Don Juan de Mariana, el ideólogo de la moderna corriente empresarial.

En el siglo XVI el jesuita Don Juan de Mariana, puso los cimientos de la figura del emprendedor. A través de sus obras implantó los principios del liberalismo enfrentándose a la sociedad absolutista de su época, aportando las levaduras de sus neuronas a los azucares de los pensamientos complacientes de nobles ya los sufrimientos de siervos y lacayos, consiguiendo fermentar los sueños de libertad, que permitieron poner los cimientos del modelo empresarial, que desplazaría a las anacrónicas corporaciones gremiales.

Don Juan de Mariana, sufrió el encarcelamiento de un año y medio al publicar su obra “De Monetae Mutatione, y en la que hacía referencia al ejercicio de una moral poco ejemplarizante por algunos ministros de Felipe III, en el manejo a su favor del peso de la Moneda.

En su libro “El tratado y discurso sobre la moneda de vellón” ,apelaba al monarca Felipe III y a su superministro “El Duque de Lerma”sobre el grado de tolerancia que permitiera a sus súbditos ejercer con libertad sus negocios gremiales, teniéndoles en consideración en las emisiones de monedas , así como en sus regulaciones, apostillando “Que toda intromisión del poder soberano en el manejo de las cuentas privadas, era puramente una Tiranía”.

Conociendo Juan de Mariana, la imposibilidad de la publicación de su obra en España, tomó la decisión de editarlo en Colonia. El Duque de Lerma, temiendo que esa nueva luz que se dibujaba en el horizonte de la historia, alumbrara nuevos caminos de libertad, se apoderó de la primera tirada, aunque hubo una pequeña edición clandestina y en la que una serie de ejemplares fueron divulgados por la Escuela de Salamanca.

El jesuita se adelantó a su época, aventurando que el sistema económico liberal, tenía su fundamento en la iniciativa individual, estando convencido que el individuo, es mucho más creador y más atrevido, en suma más emprendedor que el Estado, y como consecuencia los resultados de esas actitudes audaces, benefician, no solo al que toma ese riesgo, sino a la Sociedad en general.

Llegamos al aserto, de la obligación que tenemos los escritores, periodistas y sociólogos de denunciar las actuaciones de los oportunistas, y la de resaltar la de aquellos emprendedores, que como Teseo, se enfrentan con valentía a una crisis de monstruosa cornamenta (El Minotauro de Wall Street) agitando dentro del volcán de su corazón, la pasión más encendida por su amor al trabajo, de poner en valor la agudeza de su inteligencia, unido a la solidaridad y la confianza puesta en la Ariadna que representa las capas del Capital laboral de la sociedad, tirando del hilo de la imaginación y la creatividad, para salir del laberinto, tejiendo una urdimbre de actividad económica que logre la creación de empleos.

Fiel paradigma de este grupo de emprendedores son:Amancio Ortega y su grupo Inditex, Juan Roix y su grupo Mercadona y Dolores Dancausa, consejera delegada de Bankinter.

Acabamos de cruzar el umbral del 2015, un año crucial para nuestro país, con retos electorales que van a marcar el devenir, el futuro de la nación, que sigue anclada en lo viejo que no acaba de morir, y en lo nuevo que no acaba de nacer. Ante la inminencia de las urnas, ponderemos con serenidad y protección divina, en que casilla ideológica introducimos nuestro voto.

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