Grecia vota este domingo bajo la atenta mirada de las finanzas de todo el mundo. Desde el punto de vista económico, Grecia ha sido, durante los últimos años, el agujero negro que podía tragarse toda la estabilidad de la zona euro. Rescatada en dos ocasiones, y con un tercer salvamento financiero en ciernes, bajo un espartano programa de austeridad diseñado por sus acreedores –la famosa Troika compuesta por el Banco Central Europeo, la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional-, los ciudadanos griegos parecen, según las encuestas, proclives a otorgar la victoria electoral a Syriza, un partido dispuesto a emprender una hoja de ruta distinta, alejada de los rigores económicos que han empobrecido al país: ha perdido casi la cuarta parte de su PIB y el índice de pobreza se ha incrementado hasta el 35,7%, y la tasa de paro se sitúa en el 25,8%.
Aunque los analistas no lo consideren el escenario más probable, la posibilidad de un impago de la deuda y la salida de Grecia de la economía euro planea sobre el escenario de la Unión. Las derivadas de este evento –conocido como ‘Grexit’- son materia de reflexión para las casas de análisis que gestionan el dinero, ya que hay 250.000 millones de euros de rescate sobre la mesa, y la posibilidad de que el efecto dominó griego golpee a otras economías rescatadas y no rescatadas, sin contar con la ruptura del tabú de la irreversibilidad de la moneda común, en pleno avance de partidos contrarios al dictado de austeridad que, hasta ahora, ha sido la divisa que ha regido la economía de los países de la zona euro.
España, cuya quiebra estaba en la agenda geopolítica y económica en 2012, durante ese verano en que la prima de riesgo era un indicador casi omnipresente en la vida pública, evitó en todo momento las comparaciones con Grecia y, sin embargo, se ha implicado hasta las últimas consecuencias en la campaña electoral helena, despejadas ya las dudas sobre su solvencia tras la actuación del Banco Central Europeo.
Mariano Rajoy ha viajado al país que acuñó la palabra democracia para apoyar al candidato de centro derecha y actual primer ministro, Antonis Samaras, mientras el líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha hecho lo propio con Alexis Tsipras, de Syriza.
No han sido los únicos que han entrado en campaña electoral en Grecia. El Gobierno de Angela Merkel filtraba al prestigioso semanario Der Spiegel que Berlín ya consideraba viable un euro sin Grecia, una amenaza expulsión en toda regla.
Grecia sigue debiendo mucho dinero a Alemania. En concreto, y como parte del rescate a la economía griega, Alemania ha comprometido uno 73.000 millones de euros, mientras que a través del banco público KfW, tendría en su poder hasta 15.000 millones de euros de deuda.
Los grandes bancos privados alemanes han reducido su exposición al país heleno: Deutsche Bank tiene en su poder unos 298 millones de euros en títulos helenos, mientras que Comerzbank maneja unos 400 millones
Sin embargo, la situación es mucho más sostenible para las finazas germanas que durante los convulsos años en los que Grecia entró en el programa de rescate, ya que entonces se temía la quiebra de algún gigante financiero alemán, de modo que, como ha sucedido en otros países –Reino Unido, Irlanda, Bélgica, Holanda, Portugal, España…- el Gobierno tuviera que salir a su rescate con el coste político y económico que ello supone.
Parte de ese riesgo ha pasado al balance del Banco Central Europeo, otro de los actores fundamentales en este drama. El organismo que preside Mario Draghi entraba de lleno este jueves en escena, al anunciar algo que se esperaba desde 2012, cuando anunció que salvaría al euro “whatever it takes”, cueste lo que cueste.
El programa consistirá en la compra de deuda de países de la zona euro en los mercados secundarios con un criterio de elegibilidad que deja fuera los título helenos.
Preguntado por la prensa sobre la situación en Grecia, Mario Draghi declaró que trataría al país como al resto. Además, afirmó que se planteará comprar bonos griegos en julio, siempre que el nuevo Gobierno griego haya pactado el tercer rescate de su economía.
Además, el organismo se encuentra en una posición de poder dentro de la negociación prevista: le bastaría con cortar el grifo de liquidez a los bancos griegos –afectados, además, por una eventual fuga de depósitos de los ahorradores- para llevar a la economía del país al colapso.
No ha habido casa de análisis ni organismo financiero que se haya sentido al margen de lo que pueda ocurrir en las elecciones griegas, en la medida en que las políticas del partido hegemónico Syriza pueden conducir al país al impago de la deuda y a la salida del euro.
En general, se muestran escépticos con la posibilidad, aunque no la descartan. La Economist Inteligence Unit para Europa, por ejemplo, hacía el siguiente vaticinio: Syriza gana, forma una coalición tambaleante, no emprende una reforma de la deuda griega, lo que desestabiliza el Gobierno y se convocan de nuevo elecciones, tras las cuales hay un 30% de posibilidades de que Grecia salga del euro.
Por su parte, la agencia de calificación de riesgos Moody’s, consideraba “relativamente improbable” la salida de Grecia del euro, a pesar de un eventual triunfo de Syriza.
Felipe López-Gálvez, analista de Self Bank, consideraba que las Bolsas europeas cerraban el viernes con el debate sobre si continuar con las subidas “o caer ante la preocupación de lo que pueda pasar en Grecia”, algo que afectaba a las acciones del sector bancario, principal perjudicado por lo que pueda pasar en las elecciones helenas.
Según el análisis de Nuria Álvarez para Renta 4, “el mercado empieza a barajar que tanto Syriza como la Unión Europea flexibilicen sus posturas y que por tanto evitemos escenarios extremos como el ‘Grexit’”.
“Lo cierto es que nadie sabe qué va a pasar”, afirma el profesor de Economía de ICADE, Gonzalo Gómez Bengoechea, que cree que, en todo caso, el ‘Grexit’ es algo que pertenece más a la política que a la economía. En este sentido, cree que los acreedores serán flexibles con respecto al cobro de la deuda griega: “A veces es mejor cobrar menos que no cobrar”, apunta.
En todo caso, por el momento, las economías que podrían sufrir un contagio en caso de impago de Grecia están bajo el paraguas de Mario Draghi, si bien la prima de riesgo española repuntaba levemente hasta los 102 puntos básicos el viernes desde sus mínimos.
Este domingo, el dinero y sus gestores estarán pendientes de lo que ocurra en Grecia. Los poderosos del mundo, reunidos en Davos, a buen seguro no perderán detalle de lo que ocurra en la península helena. El lunes, cuando abran los mercados, podrán conocerse las reacciones de los inversores ante lo que ocurra en las urnas del país que inventó la democracia.