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COSAS VEREDES

"Nacho" (Wert), "está 'tó pagao'"

María Cano
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mariacanoelimparciales/10/5/10/22
lunes 09 de febrero de 2015, 18:48h
Actualizado el: 02/09/2015 20:01h

“Nacho, quédate al cóctel, está ‘tó pagao’”. Así se dirigió Dani Rovira, presentador de la XXIX edición de los Premios Goya, el pasado sábado al ministro de Cultura, José Ignacio Wert, durante la ceremonia de entrega de los galardones. Durante la misma, el presidente de la Academia de Cine, Enrique González Macho, reivindicaba la bajada del IVA de forma contundente y Pedro Almodóvar, en una intervención previa a la entrega del Goya de Honor a Antonio Banderas, agradecía su asistencia a todos los presentes apostillando: “Esto no le incluye a usted, señor Wert”.

Las bromas, las reivindicaciones e incluso los desplantes a un ministro sólo son posibles en un Estado de Derecho en el que impere la libertad de expresión. Y ahí voy. De todos es sabido que el sector del cine es afín a Podemos. Este partido defiende que los medios tengan mecanismos de control público para, en teoría, garantizar la libertad de prensa. ¿En serio? ¿La libertad no consiste precisamente en ejercerla sin restricciones, controles o supervisores?

Pero vayamos aún más allá e imaginemos un hipotético escenario en el que Podemos gobernara y llevara a cabo esta propuesta, es decir, controlara los medios de comunicación al más puro estilo de Venezuela o Irán, por poner dos ejemplos de gobiernos a los que admiran y asesoran. ¿Se imaginan en ese escenario a un cómico, a un actor o a un periodista poniendo en ridículo en directo a un ministro?

Según el informe Freedom House publicado el pasado mes de mayo, Venezuela no es libre informativamente hablando y especifica que Nicolás Maduro, sucesor de Hugo Chávez, lo es también en su afán de controlar los medios de comunicación. En Irán las detenciones, enjuiciamientos y encarcelamientos de periodistas han ido en aumento en 2014, según ha denunciado Amnistía Internacional. Son dos ejemplos extremos, a simple vista, pero estas son las amistades que frecuentan, extremistas o no.

Me gusta vivir en un país en el que cada uno puede decir lo que piensa, esté de acuerdo o no con lo que escucho o con las formas empleadas. Y me gusta pensar que no vamos a retroceder en la conquista de unos derechos por los que tanto hemos luchado y padecido como sociedad.

Es muy fácil hacer promesas y enamorarse de ellas, sobre todo si uno no se para a pensar en si será posible ponerlas en práctica o en cómo. Prometer acabar con la casta y los corruptos mientras esos mismos pregoneros se embolsan cientos de miles de euros en sus cuentas, que no declaran de forma adecuada (y, por tanto, no pagan) a Hacienda, no es el mejor ejemplo de ética y transparencia. Tampoco lo es el de Íñigo Errejón, suspendido de empleo y sueldo por la Universidad de Málaga tras abrirle un expediente por no cumplir con sus funciones para las que fue contratado por 1.825 euros brutos al mes. Estamos hablando ni más ni menos que del número tres y el número dos de esta formación política, respectivamente. ¿Y ellos son los que dan lecciones?

Claro, que probablemente preferirían que siguieran siendo ignoradas por la opinión pública estas conductas poco ejemplares, pero para eso sería necesario amordazar a los medios de comunicación y a los ciudadanos…

María Cano

Subdirectora de EL IMPARCIAL

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