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PASO CAMBIADO

Pedro Sánchez, Tomás Gómez y el dilema del prisionero

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 11 de febrero de 2015, 19:30h

Muchos analistas han desempolvado la Teoría de Juegos al ver que uno de sus especialistas, el nuevo ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, la está empleando en sus, llamemos, negociaciones con la Unión Europea. En concreto, Varoufakis parece estar llevando a la práctica el juego del gallina, el que relata la situación de dos conductores que conducen sus coches frente a frente para demostrar quién de los dos se retira primero, el cobarde o gallina.

Todavía no sabemos quién será el gallina de esa confrontación (no tiene buena pinta para Grecia), pero el caso es que la Teoría de Juegos no sólo sirve para las confrontaciones económicas entre Estados. También en otros ámbitos sociales y, sobre todo, políticos. Y este miércoles se ha dado en Madrid, concretamente en el PSOE, un caso absolutamente homologable: la abrupta destitución del secretario general del Partido Socialista de Madrid, y candidato de éste a la Comunidad, por parte del secretario general del PSOE, y todavía no candidato a la Presidencia del Gobierno.

El juego puesto en marcha por Sánchez daría para un capítulo completo de esa teoría de simulación de comportamientos en el momento de tomar decisiones inseguras, que no conocen de antemano sus efectos, que no controlan las reacciones y que, en definitiva, apuestan en el vacío.

Supongo que Pedro Sánchez habrá evaluado bien sus cartas en este envite de póker o de mus. Y me imagino que Gómez habrá hecho lo mismo al situarse en rebeldía frente a su secretario general. Pero no estoy convencido de que en este juego político sus protagonistas las tengan todas consigo.

En realidad, creo que estamos en uno de los ejemplos de la ya citada Teoría de Juegos: el dilema del prisionero. Como se ha contado muchas veces, éste consiste en que dos detenidos por un delito son interrogados por separado. Si uno delata al otro, y el otro se calla, el primero queda libre y el segundo recibe el máximo castigo. Si los dos se delatan, ambos tienen penas medias. Y si los dos se callan, ambos tienen penas mínimas.

Evidentemente, es un dilema. Entre confianza y desconfianza. Entre ambición o generosidad. Entre miedo y lealtad.

Y en eso estamos en el socialismo madrileño. Pedro Sánchez podía haberse callado sobre Tomás Gómez, independientemente de la inestable situación de éste por los coletazos del sobrecoste del tranvía de Parla, pendiente de los tribunales. A fin de cuentas, si la Justicia hubiera actuado contra Gómez antes de las elecciones en las que se presentaba candidato por el PSOE en Madrid, el problema hubiera sido grande en lo exterior, pero no tanto en lo interior, en su partido.

Aquí, el prisionero Sánchez y el prisionero Gómez hubieran optado por no delatarse. Pena mínima, aunque condena, para los dos.

Pero Pedro Sánchez no se ha callado. Ha sido el primero en delatar a Gómez (a ver quién le quita a éste ahora una sombra de culpabilidad en el asunto de Parla, cuando su propio partido le ha denunciado y condenado). Es decir, Sánchez quiere anticiparse en este dilema y quiere salir indemne, a cuenta de que Gómez lo pierda todo.

El problema de la Teoría de Juegos es, precisamente, que aborda las interacciones entre los jugadores. Y lo que ha pasado aquí es que Gómez ha decidido también reaccionar con la delación a Sánchez. Vamos, que le ha puesto a caldo, recordando su débil liderazgo y su uso arbitrario del poder. Y ¿adónde lleva la doble delación? A que ambos prisioneros son condenados. Aunque bien es cierto que a una pena mediana, pero, desde luego, Sánchez no se va de rositas de este juego que ha emprendido, en la probablemente más original y autodestructiva maniobra política que se conoce desde hace muchos lustros.


No se puede saber si Sánchez (y su joven y no sé si demasiado respetado secretario de Organización, César Luena) pensó por un momento que podría ganar fácil en este juego, delatando él a Goméz y con éste sometido humildemente a la decisión. Desde luego, no ha sido así. Sánchez, de entrada, no ha ganado el juego. Más aún, a lo mejor lo ha perdido de forma irrecuperable, no en Madrid sino en el conjunto del PSOE. Salvo que piense, que es mucho pensar, que su golpe de autoridad será jaleado por su partido, y éste le encumbrará, atemorizado por su determinación.

No parece que, ahora mismo, estemos en ese escenario. Las posibilidades electorales del PSOE en Madrid, donde contaba con un buen candidato a la Alcaldía en la figura de Antonio Miguel Carmona, que se ha batido el cobre de forma admirable en esta larga campaña, pueden haber sufrido un golpe mortal, al menos si observamos las caras de funeral de los socialistas madrileños en la comparecencia de Gómez. Incluida la de Carmona. Y no sé si hasta el punto de reconsiderar éste su candidatura, pero seguro que la idea ha podido cruzarse por su cabeza.

Pero antes de estas elecciones están las andaluzas. A decir de Susana Díaz, no estaba enterada de la decisión de Sánchez hasta que se produjo. Lo que demuestra que la imagen que quiere dar de liderazgo en Andalucía, con su capital político en el PSOE nacional, es frágil. No se entera de lo que hace Sánchez. Y Sánchez no parece enterarse de que en mitad de un proceso electoral, su gesto en Madrid desestabiliza absolutamente a su partido en Andalucía y debilita a Susana Díaz. O lo que es peor, lo sabe perfectamente, y no le importa que Susana Díaz parta con un lastre político por la crisis socialista, no vaya a ser que gane demasiado como para competir más tarde en ventaja por la jefatura socialista.

El prisionero Sánchez se lo ha jugado todo a una carta: buscar su exoneración a costa de acabar con sus compañeros. No sé si éstos se lo perdonarán. Como también recuerda la Teoría de Juegos en su versión iterativa, el escenario se puede volver a producir más adelante. Y, entonces, a Sánchez no le va a salvar ni la casualidad, porque será el primero en ser delatado y, por lo tanto, el máximo condenado.

No en vano se utilizó la Teoría de Juegos para estudiar la confrontación nuclear entre potencias, con la Destrucción Mutua Asegurada. Gloriosa metáfora para el PSOE actual. Eso sí, gallinas no son. Hasta el suicidio.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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