Hoy tengo el placer de presentar públicamente, junto a Fernando Suárez -rector de la Universidad Rey Juan Carlos-, y a Mario Vargas-Llosa -premio Nobel de Literatura-, el Instituto Atlántico de Gobierno.
Una iniciativa privada con vocación de servicio público.
Dedicada a la formación en todo aquello que ayuda al buen gobierno de las sociedades.
Sólidamente vinculada a la universidad y que aspira a ser reconocida por la calidad de sus programas, por la dedicación y la ejemplaridad de sus responsables y por la preparación de sus colaboradores.
Que quiere asentarse como un centro de referencia en el estudio y en la investigación de primer nivel en las ciencias sociales.
Una iniciativa cuyo impulso asumo personalmente, pero no en solitario. Coherente con mi trayectoria personal, aunque lo bastante distinta como para merecer una estructura jurídica y empresarial específica.
Y como para concitar un interés tan vivo y tan extenso como el que manifiesta la composición de su extraordinario Consejo Académico y Social, a cuyos miembros deseo manifestar públicamente mi más sincero agradecimiento por dos motivos: por estar en este acto y en esta sala, y por estar en este proyecto y desde este momento fundacional.
En los próximos minutos me gustaría explicar brevemente tres cosas:
- lo que no es el Instituto Atlántico de Gobierno,
- lo que sí es el Instituto,
- y lo que va a hacer, ahora y en el futuro.
Permítanme que comience por precisar lo que no es el Instituto Atlántico:
- Primero, no es una iniciativa reactiva ni improvisada. No tiene su origen en el clima social del momento ni pretende influir sobre él en el corto plazo. Aunque debo decir que el clima del momento hace que esta iniciativa cobre una importancia mayor cada día.
- Segundo, no es una iniciativa de reemplazo. No dejo de hacer nada para promover el Instituto Atlántico de Gobierno. Simplemente, sumo esta tarea a las que ya desarrollo, que son perfectamente conocidas por todos ustedes. Todas ellas conservan el mismo sentido que han tenido hasta ahora y todas tienen para mí la misma importancia que hasta hora.
- Tercero, no es una iniciativa ni de propaganda ni de partido. No va a ocuparse de hacer nada de lo que hacen los partidos políticos. Aunque en sus actividades puedan tomar parte personas dedicadas profesionalmente a la política, la actividad del Instituto es formativa, no política práctica.
De nadie cabe suponer preferencia política alguna por el hecho de tomar parte en el Consejo o en las actividades del Instituto.
Es más, el Instituto quiere mostrarse deliberadamente inclusivo, transversal y acogedor con cualquiera que desee participar en sus actividades y que no manifieste una hostilidad abierta por nuestro ideario.
- Cuarto, no es una iniciativa dogmática, no pretende constituirse en instrumento de difusión de dogmas cerrados ni de posiciones estrictas.
Carecería de sentido que yo pretendiera aparentar hoy una supuesta neutralidad ideológica. No sería cierto y no sería creíble, porque la verdad es que tengo preferencias y convicciones arraigadas. Pero, entre ellas, una esencial es que debemos trabajar a favor del marco común de nuestra convivencia. En España, en Europa y en América Latina.
Debemos reforzar los puntos de encuentro, los espacios de debate y de estudio de los problemas que compartimos, que sólo pueden tener soluciones si éstas obtienen el respaldo de amplias mayorías sociales y de amplias alianzas internacionales.
Cualquier materia política o social relevante es siempre demasiado compleja como para admitir aproximaciones simplistas. Por eso tiene sentido estudiarlas. Y por eso la sociedad debe tener interés en que haya quien las estudie.
Más aún en un tiempo en el que los efectos políticos y sociales de la revolución tecnológica empiezan a mostrarse en toda su profundidad en forma de fragmentación, desestructuración y pérdida de la institucionalidad. Es decir, de pérdida de la unidad básica de las sociedades, sobre la que deben descansar tanto el acuerdo como el desacuerdo.
Por todas estas razones, el Instituto no pretende ser un altavoz sino un foro. No pretende hacer ruido sino promover conversaciones pertinentes y ordenadas.
Y no quiere aparecer ante la sociedad como un espacio cerrado en el que una élite actúa en defensa de su propio interés, sino como un centro abierto, permeable, donde se abordan los asuntos esenciales que afectan al interés común.
El Instituto Atlántico de Gobierno es una institución centrada y abierta, no un círculo ensimismado. Queremos ventanas, no queremos espejos.
- Finalmente, esta no es una iniciativa que cuente con recursos asegurados. Los recursos de que dispondrá serán, además de los que han aportado los socios fundadores, los que el mercado educativo y la sociedad civil quieran proporcionarle, si es que creen que lo que nos proponemos hacer merece su apoyo para consolidarse y para crecer.
En consecuencia, el Instituto Atlántico de Gobierno sí es las siguientes cosas:
- Primero, es la materialización de un proyecto madurado durante años. Un proyecto que, como todo lo que he procurado hacer en mi vida, pretende reunir personas y medios para trabajar juntos a favor de un propósito de largo alcance y de efectos duraderos que aporten valor a la sociedad española y más allá de ella.
- Segundo, es un centro de cultura superior, de enseñanza y de aprendizaje. Un centro de nivel universitario en el que, sobre todo, se desarrollarán los cuatro oficios esenciales del universitario: conversar, leer, pensar y escribir.
Con la máxima exigencia. Y la única forma de que la exigencia sea máxima es que sea auto-exigencia. De todos: promotores, docentes, alumnos, Consejo, patrocinadores, etc. Ninguna presión externa puede sustituir el deseo de hacer las cosas bien.
- Tercero, el Instituto tiene ideario, no ideología. Un ideario que a mi juicio puede ser compartido por una amplia mayoría social, a izquierda o a derecha, preocupada por asegurar la continuidad y el fortalecimiento de nuestro marco común de convivencia. Esto no es sólo una cuestión española ni europea, es una cuestión, como mínimo y de manera destacada, de ámbito atlántico.
Atlántico significa para nosotros una demarcación geográfica, sin duda. Pero más que eso, con alcance mayor significa un espacio de civilización. Que va más allá de los mapas y que incluye a cuantos estiman que la vida en sociedad debe asentarse en el Estado de derecho, el pluralismo político y social, la dignidad personal, la sociedad abierta, la libertad y la igualdad como base misma de la nación política moderna.
- Cuarto, Atlántico significa, por tanto, una vocación potencialmente universal que tendrá su adecuada expresión en nuestro campus global, en la versión a distancia de nuestros programas presenciales.
Si el conocimiento es hoy el mayor activo con el que pueden contar las sociedades para prosperar, y si además podemos hacer que ese activo se encuentre simultáneamente en cualquier parte, entonces nuestra obligación es procurar que sea así.
- Finalmente, el Instituto va a desarrollar su actividad atendiendo a dos principios que a nuestro juicio son las claves de este proyecto y del rendimiento social que esperamos obtener de él: el máximo rigor en el conocimiento de los hechos; la máxima libertad para reflexionar críticamente sobre ellos.
Conocimiento y libertad son las materias primas esenciales de este proyecto. Porque la libertad no puede invocarse como coartada con la que encubrir la vulgaridad ni el desconocimiento objetivo de los hechos. La libertad ha de ser la primera razón de la responsabilidad y del compromiso con la tarea académica y con la formación.
Por último, quiero referirme a lo que el Instituto comienza a hacer a partir de esta misma semana y a lo que puede llegar a hacer en el futuro.
En primer lugar, a través de un convenio suscrito con la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid -pendiente sólo de publicación en el correspondiente boletín oficial-, el Instituto Atlántico de Gobierno podrá desarrollar actividades como centro adscrito de la universidad.
Esto significa que además de los títulos propios -por ejemplo, el Máster que se iniciará en el mes de septiembre-, o de títulos propios compartidos con otras instituciones, el Instituto podrá impartir las titulaciones oficiales de grado o de posgrado que hayan obtenido la preceptiva verificación previa y que de común acuerdo se vayan incorporando al convenio.
Quiero expresar mi sincero agradecimiento a la Universidad Rey Juan Carlos en la persona de su Rector, por haber hecho posible esta vía de colaboración. La posibilidad de llegar a disponer de una oferta académica amplia y de carácter oficial es muy importante para el futuro del Instituto Atlántico de Gobierno.
Pero también es importante la realidad inmediata, que pasa por el inicio de las actividades en la sede del centro el próximo día 20, esta misma semana.
El Instituto comienza así su serie de cursos breves especializados. Se trata de cursos de dos días de duración, en sesión de viernes -mañana y tarde-, y sábado -por la mañana-, en los que profesionales de la máxima solvencia analizarán a fondo y de manera intensiva cuestiones relativas a la actualidad política, jurídica, internacional o social.
El primer curso tratará sobre Ciberseguridad, y como pueden comprobar por la documentación que tienen ante ustedes, su programa es del máximo interés y de la máxima calidad.
Seguirán después cursos sobre el Lobby en España; Claves económicas, políticas y sociales de la actualidad española y Claves económicas, políticas y sociales de la actualidad europea.
Y, más adelante, muchos más que se irán haciendo públicos oportunamente y que, estoy seguro, tendrán el mismo éxito que están teniendo ya los primeros.
Además, también con carácter inmediato el Instituto ofrecerá formación específica, cursos in company y servicios de formación en formatos diversos a instituciones y empresas que lo deseen, dentro y fuera de España.
Y, finalmente, a partir del próximo mes de septiembre, y como he mencionado ya, inauguraremos la primera edición del Máster en Gobierno, Liderazgo y Gestión Pública, que inicialmente se impartirá como título propio del Instituto y cuyo proceso de inscripción queda abierto a partir de hoy mismo.
Creo que de la lectura de la documentación relativa al Máster que se encuentra a su disposición se desprende con claridad el nivel, la exigencia e incluso el estilo que queremos dar a todas nuestras actividades.
El Máster, de un año de duración, se distribuye en cuatro módulos, diecisiete materias, un trabajo final de máster y un programa de prácticas, además de otras actividades complementarias.
En él, los alumnos abordarán exhaustivamente los fundamentos teóricos del gobierno, la teoría de la democracia, los problemas de la gobernanza, las amenazas del populismo y del nacionalismo.
Estudiarán estrategia y globalización en el ámbito atlántico, los principios del buen gobierno de la economía y de la empresa, los procesos de integración económica y monetaria, la gestión de las crisis.
Reflexionarán sobre el marco teórico de las políticas públicas, y sobre los problemas del crecimiento, del bienestar y de la seguridad.
Y madurarán su visión y su conocimiento de la comunidad política, el estudio de la opinión pública y del marketing político y cómo relacionarse en la práctica con los medios de comunicación.
Además, y no me parece accesorio, hablarán y escribirán correctamente, como expresión de respeto por sus propias ideas y por las de los demás.
Contamos para todo esto con un grupo de especialistas excepcional. Algunos se encuentran entre nosotros y quiero darles las gracias por sumarse sin dudarlo a este ambicioso y exigente proyecto.
No es un grupo excepcional sólo por su currículum, por su experiencia y por su posición profesional. Lo es también por su compromiso con la enseñanza, por su seriedad y su entrega a la hora de realizar el trabajo académico.
Ellos, con el director y el coordinador, van a ser los principales impulsores de un programa que contará también con la participación de decenas de especialistas que pasarán por nuestra sede a lo largo del año. Sinceramente, creo que hemos diseñado una experiencia académica única.
No hace falta detenerse mucho a considerar el programa del Máster para comprender que lo que en él se va a enseñar y se va a discutir es algo sin duda complejo, pero a la vez muy simple: este es un máster en libertad, progreso, igualdad y comunidad. Estas cuatro palabras podrían designar adecuadamente sendos módulos del programa.
Lo que significa que es un máster en modernidad política. En la política que hizo posible que Europa superara su tragedia de posguerra, reconstruyera sus instituciones, su vida civil, su economía y hasta su historia.
En la misma política a la que se sumó España durante su Transición y con su ingreso a las instituciones europeas, el marco en el que hemos podido construir un gran país que necesita con urgencia recordar su experiencia y afianzarse en lo que siempre le ha resultado útil.
En la misma política que ha permitido saltos históricos indiscutibles en algunos países latinoamericanos, y sin la cual otros han desarrollado dramáticos caminos de regresión inocultables.
Hay cosas que sabemos sobre el progreso de las sociedades. Y hay cosas que sabemos sobre sus procesos autodestructivos. Esas cosas, que, insisto, son el suelo común sobre el que españoles, europeos y americanos hemos forjado nuestro progreso independientemente de dónde nos guste poner el acento, se pueden enseñar y se pueden aprender. Y eso es lo que vamos a hacer en este Máster.
Es el compendio del acervo común que comparte la civilización política atlántica. Su experiencia. El porqué de sus éxitos y de sus fracasos. Lo que la historia nos muestra y lo que el futuro nos reclama.
Hemos diseñado un programa muy exigente. Los alumnos trabajarán mucho, no hay duda de ello. Aquí no vamos a regalar nada. Esperamos poder contar con los que mejor puedan aprovecharlo, y queremos que nadie tenga que renunciar por razones económicas. También para esto vamos a necesitar ayuda.
Estamos seguros de que la experiencia formativa será tan importante para los participantes, que lo único que lamentarán será que el programa no se prolongue aún más.
Queremos hacer en este máster algo distinto y mejor, algo que es necesario hacer.
No queremos crear sólo una institución, queremos crear un “alma máter”, un grupo de estudiantes que se sienta parte de algo importante, que se ayude, que se sienta responsable y que marque la diferencia. Que persista mucho más allá del final de las clases, e independientemente de si sus miembros, año a año, viven o trabajan en una ciudad o en otra, en un país o en otro, en un continente o en otro.
Queremos un grupo que responda realmente a la denominación de atlántico. Que piense en esos términos, que aporte experiencias y visiones en esos términos, que produzca textos e ideas en esos términos. Atlántico no es sólo una marca, es una vocación. Nuestra vocación. Una vocación que es especialmente latinoamericana. Sin paternalismos absurdos, con toda fraternidad.
Hemos establecido ya convenios con universidades en Perú, en Argentina, en México. Y lo haremos muy próximamente en otros muchos países. Estamos tejiendo una auténtica malla de relaciones atlánticas.
Trataremos de llevar este mismo espíritu a nuevos programas, con nuevas personas y a medida que el proyecto empresarial lo aconseje y lo permita.
Las puertas están abiertas para todos los que quieran conocernos y colaborar con nosotros. Hay excelentes profesionales en la universidad española. En la pública y en la privada. Los hay en toda América Latina.
Nosotros tenemos la fortuna de poder contar ya con varios de ellos, pero me gustaría que todos supieran que el Instituto Atlántico de Gobierno está a su disposición.
Nuestros inicios son modestos y nuestros recursos son limitados, pero queremos recibir propuestas de colaboración, establecer vínculos y alianzas, aprender de todos cuanto podamos aprender.
Queremos ayudar a quienes quieran nuestra ayuda.
Esto es y esto quiere hacer el Instituto Atlántico de Gobierno.
Es para nosotros un honor contar hoy con su compañía. Pero queremos que esto no sea más que el comienzo. Un gran comienzo, sin ninguna duda.
Les pido que hagan suyo nuestro proyecto. Que hagan suya esta empresa educativa. Ese es nuestro mayor deseo. Y será nuestra mejor garantía de éxito.