El asesinato de un chico de 14 años durante una protesta estudiantil en Venezuela revela hasta qué punto la oposición se juega la vida. Las circunstancias de ésta última muerte son especialmente dramáticas, no sólo por la edad de la víctima -que también-, sino por el hecho de que fue tiroteado a sangre fría por la policía.
Hace no mucho, The Wall Street Journal publicaba -en Venezuela la censura impide que cosas así vean la luz- un demoledor artículo de Leopoldo López, el líder opositor venezolano encarcelado sin motivo alguno desde el pasado febrero, en el que advierte que el país “está al borde del colapso”, al tiempo que reclama la ayuda de la comunidad internacional. Denuncia así mismo la violación sistemática de los derechos humanos y el intento de golpe de estado institucional que le presidente Maduro ha perpetrado.
Sin embargo, el afán de Maduro por cercenar las libertades -sobre todo de expresión, cerrando medios independientes- se ha dado de bruces con las redes sociales. Gracias a ellas, puede verse a diario la brutalidad con que el chavismo -oficial, por ejército y policía, y oficioso, por los paramilitares armados que actúan con total impunidad- reprime a quienes reclaman que cese la deriva totalitaria. De no ser así, Maduro se habría evitado el tener que dar la cara para condenar la muerte del adolescente de 14 años, una muerte de la que él es el máximo responsable.