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NOVELA

Antonella Cilento: Lisario o el placer infinito de las mujeres

domingo 01 de marzo de 2015, 16:16h
Actualizado el: 03/04/2015 19:29h
Antonella Cilento: Lisario o el placer infinito de las mujeres

Traducción de Carlos Gumpert. Alfaguara. Madrid, 2015. 336 páginas. 18,90 €

Por José Pazó Espinosa

¿Qué ocurre tras el sexo? ¿Cuál es el misterio de la posesión? ¿Qué fantasmas transitan por los despeñaderos del placer femenino? Estas son algunas de las preguntas que subyacen a la última novela de Antonella Cilento, El placer infinito de las mujeres, recientemente publicada por la editorial Alfaguara. Preguntas dignas de Tiresias.

La historia es simbólica y paradójica, y tiene bastante de “erotismo ficción”, un género últimamente en boga. Un matrimonio tiene una única hija a la que han puesto nombre de varón (es lo que esperaban) que yace dormida sin remedio. Para intentar despertarla, traen a médicos de lejanos lugares a probar suerte. Un día, llega un joven aprendiz de sanador de allende el Mediterráneo. Este joven, inseguro y reservado, se limita a observar a la bella niña pubescente dormida. Pero llega un momento que, de esta pasiva observación, atraído por los encantos de la bella durmiente, pasa a la acción. Al principio, inicia una tímida observación de sus partes sexuales, pero no tarda en llegar a poseerla. La durmiente, por milagro para todos excepto para el joven médico, despierta, y todos piensan que ha ocurrido un milagro médico.

Un milagro no completo, ya que Lisario despierta, pero despierta muda, incapaz de hablar. Los padres, agradecidos, le dan al médico Avicente la hija en matrimonio, recompensa que aquel no esperaba. En realidad, lo que mueve al médico no es tanto el deseo de posesión de Lisario cuanto el misterio del placer femenino. Además, la posesión marital de la bella le lleva a un paroxismo que mezcla ciencia y celos a partes iguales: ¿qué ocurre en el cuerpo y la mente de la mujer cuando goza? ¿Qué sucede cuando esa mujer se regala al placer onanista? ¿Y cuando se entrega a otros hombres? ¿Es lo mismo que se da en otras mujeres?

Como se puede ver, son problemas que todo hombre, generalmente joven, se ha hecho alguna vez. Pero en este caso, el afán científico de Avicente, como un papel secante, elimina todo amor. Lisario, muda pero viva, aterrada por el afán científico de su marido, encuentra un amante azaroso, Jacques, un pintor alsaciano que arrastra detrás a un amante despechado, otro pintor holandés, obsesionado con él.

La historia transcurre en el Nápoles hispano italiano del barroco, con el estudio del pintor español Ribera como fondo de la trama. Aunque el libro recuerda a veces a Bocaccio, debe mucho también a Cervantes y a sus novelas ejemplares, sobre todo a aquellas en las que se trata el tema de los celos y sus locuras. Y no faltan referencias al moro Otelo, el monstruo de los celos que acaba destrozando el objeto de su pasión.

La autora alterna la tercera persona con la primera de las cartas de Lisario. Es una narración barroca, muy poco psicológica e introspectiva, en ocasiones fragmentaria y desordenada. Sin embargo, se lee bien, a pesar de la decisión del traductor de reflejar el dialecto napolitano en un registro andaluz/ vulgar que no llega a sonar bien. Es una decisión difícil, pero en este caso no muy efectiva. A pesar de ello, la lectura es ágil, quizá por ser muy visual.

Lisario o el placer infinito de las mujeres es un libro peculiar, muy barroco, hasta el punto de tener mucho de novela bizantina. Como ella, suena a teatro y a dibujo animado a veces, a imaginación desbocada que sin ser irreal va más allá de la realidad. Como se espera de un italiano, tiene el gesto enfatizado, la estructura desordenada y la realidad idealizada. Mezcla el humor, la historia y la sorpresa con la tendencia a la justicia poética. Es una obra “peliculable” a la europea. Con todo, no resuelve el enigma del placer infinito de las mujeres. ¿Y quién es capaz de hacerlo?

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