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TRIBUNA

Madrid-Lisboa-Miami-Bogotá

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 02 de marzo de 2015, 20:35h
Actualizado el: 03/02/2015 22:51h
Muy mal debe ver Tsipras las cosas en el patio helénico (de momento no han llegado al corralito), para inventarse una conspiración España-Portugal que, según él, trataría de desestabilizar a su Gobierno, antes de que consiga los brillantes resultados que, tan engañosa como irresponsablemente, ha prometido a los griegos. Se ve que, (por si Schäubel), no quiere incomodar más a Merkel, que fue la diana preferida de sus exabruptos durante la campaña electoral y ha elevado a los dos países ibéricos a la condición de líderes de sus “enemigos”, palabra ésta que, contra todos los usos, utilizan tanto él como Varufakis, cuando se refieren a los miembros de la UE que no se pliegan a sus descabelladas exigencias.

Poco original resulta la invención porque, hace bien pocos días, otro gobernante (?) del mismo corte, de esos que ahora pululan demasiado en el panorama internacional, nos descubrió otra conspiración, ésta tripartita, Madrid-Miami-Bogotá, que estaría dispuesta a echar por tierra sus exitosos desvelos por el pueblo venezolano. Me refiero, por supuesto, al caribeño y alfabetizado Maduro (nunca un nombre ha sido más contradictorio con el perfil del personaje) que tiene a sus paisanos a dieta de hambre. Por eso, quizás, entiende que nos les hace falta papel higiénico, que ha devenido en la bolivariana república un artículo de lujo. Un régimen el suyo que no admite las ironías y que tiene entrenada a su policía para que asesinen a niños incluso cuando, asustados, claman por su vida. ¡Menudo progreso el de estos países del “Alba”, que, más bien, son el crepúsculo de la democracia y de la misma civilización! Pero, volviendo a los ejes conspirativos, les sugiero que unan los dos –si todavía no están unidos- y formarán una cuadrilateral, sombría y bicontinental, que servirá para meter miedo a los niños. Será mejor que matarlos a tiro limpio.

Se ve, también, que todos estos neo-comunistas, sin más horizonte ideológico que el marxismo-leninismo y con una irrefrenable nostalgia por el sovietismo, manejan los mismos prontuarios. Tienen un buen maestro, pues Putin (¿post o neo-comunista?) -el hombre que dijo que “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX ha sido la desaparición de la Unión Soviética”- alude, siempre que tiene ocasión, a la permanente conspiración de Occidente contra Rusia. Podía haber añadido: “Por eso trato de reconstruir aquel sistema y por eso me he quedado ya con Transnistria, Abjazia, Osetia del Sur y Crimea. Y pienso quedarme con un buen trozo de Ucrania”.

Los de Tsipras y Syriza -con una idea de la democracia que no tiene nada que ver con Pericles y Aristóteles- mantienen la curiosa opinión de que lo que votan los griegos es automáticamente obligatorio para todos los países miembros de la UE. Su ministro de reformas, Georgios Katrugalos, -que, por cierto, no sólo no quiere reformar nada sino incluso echar para atrás la reformas realizadas por el Gobierno anterior- ha dicho que “si no podemos cambiar la política económica a través de las elecciones, entonces las elecciones son irrelevantes y el voto es inútil”. Por eso Tsipras les prometió a los griegos “restaurar nuestra soberanía”. Y por eso, también, ya se les ha echado la gente a la calle protestando porque no se cumplen las engañosas promesas de la campaña y claman para que “la democracia vuelva a Grecia”. Todo ello después de que las “instituciones” –como Bruselas ha aceptado llamar a la troika, palabra rusa que, por lo visto, les produce urticaria a los “syrizos”- le haya dado más dinero y un plazo de cuatro meses para que empiecen a poner las cosas, y sus propias cabezas, en orden y de acuerdo con los compromisos adquiridos, por ellos y por quienes les precedieron en el Gobierno.

Como ha explicado un buen economista griego, Aristos Doxiadis, Syriza ya dañó a la economía griega, antes de ganar las elecciones, cuando su triunfo se dio por descontado. Los inversores extranjeros empezaron a marcharse, temiendo que el nuevo Gobierno renacionalizase los recursos privatizados, el turismo descendió, asustado por los violentos espectáculos de las calles, la huelgas de taxis y el bloqueo de los puertos, los depósitos de los bancos descendieron hasta límites alarmantes y la recaudación del Estado se redujo. Para este economista, a España le ha ayudado mucho la capacidad exportadora de sus empresas. “Por desgracia –añade- el nuevo Gobierno griego no parece ofrecer ninguna solución a los problemas estructurales griegos”. Como todos los populismos son incapaces de hacer progresar a la economía y al conjunto del país. Están en el demagógico “no queremos que haya ricos” en vez del más sensato “no queremos que haya pobres”.

Se hacen apuestas sobre si el 30 de junio Tsipras y sus compañeros estarán “en perfecto estado de revista” ante las “instituciones”. Si lo consiguen, el lío interno va a ser descomunal, pues los sectores más izquierdistas de la coalición que es Syriza, no se van a conformar con la “rendición” ante Bruselas, incluidas Madrid y Lisboa. Y si no lo logran, el espectro de una Grexit, salida de Grecia del euro, algo que no nadie quiere, se hará más visible y podría suceder lo peor.

Como todos los populismos, Syriza ha estafado a su pueblo no advirtiéndoles que la condición de miembros de la UE no supone “ceder” soberanía, sino poner ciertos aspectos de la misma en común y “compartirla” con los otros socios. Y en esos aspectos no puede decidir nadie por su cuenta, pues sus decisiones afectan a todos y todos tienen derecho a opinar. Las reglas son comunes y todos están obligados a cumplirlas. Pero antes que esas reglas de la UE y de la eurozona hay una norma elemental que conoce cualquier ciudadano: Cuando se pide un crédito, el banco impone sus condiciones y si no las cumples te embargan. ¿Nadie les ha explicado a los forofos de Syriza que si Grecia no hubiera sido miembro de la UE y de la moneda común hace años que se habría hundido en la bancarrota? Venir a estas alturas con lo de “déficit democrático” de la UE es como tocar el violón. Desconocen el Tratado de Lisboa, que Grecia firmó y que obliga al gobierno griego como a todos los demás.

Hace poco más de una semana estuvo en Madrid, Franz Timmermans, Vicepresidente primero de la Comisión Europea y socialista holandés, que tuvo una notable y significativa comparecencia ante la Comisión Mixta Congreso-Senado de las Cortes que se ocupa de los asuntos de la UE. Una sustanciosa comparecencia de la que me da la impresión que los medios no se han ocupado ni poco, ni mucho, ni nada. Estaban entretenidos con si podemos o no podemos. Pero en una posterior entrevista, en el diario ABC, Timmermans reiteró la exigencia de cumplir las reglas que obliga a todos los miembros de la UE y, preguntado por los populismos, tuvo una categórica respuesta: “Lo digo como europeo y como político, si eres capaz de seducir a la gente con soluciones simplistas a problemas complejos, lo único que conseguirás es que la gente se decepcione porque antes o después la realidad se hará patente”.

Es un buen aviso para navegantes en las turbias aguas que deja tras sí la crisis y en las que, desgraciadamente, están todavía enfangados muchos ciudadanos sin trabajo o con escasas posibilidades. Acabo de comprobar cómo en Francia contemplan con auténtica y sana envidia que España vaya a crecer en 2015 al 2’3 % (y acaso un poco más, según otras previsiones), el Reino Unido al 2’6% o Alemania a 1’5%, mientras que Francia se tiene que conformar con un modesto 1%. (Datos de la Comisión Europea). Por eso los primeros países crearán empleo y Francia no. Para algunos medios galos, Francia está penalizada por su negativa a abordar reformas. Esas reformas que aquí están dando patentes resultados y que, desde la izquierda y los populismos, tratan de desacreditar llamándolas “recortes”. Un editorialista francés se quejaba de la resistencia a las reformas, actitud típica de Francia, especialmente de la izquierda, y criticaba lo que llama el “socialismo neardentaliano” que, a pesar de los esfuerzos de Valls y Macron, sigue imperando allí y que se aferra a cuestiones como las 35 horas semanales, el gasto público desaforado, el código de trabajo “paralizante” o la fiscalidad confiscatoria, que impiden el progreso.

Cuando veo que aquí Pedro Sánchez insiste en que derogará la reforma del mercado de trabajo, que los mejores expertos entienden ha sido la base y el inicio del proceso de recuperación español, pienso que aquí la izquierda sigue también en la era Neandertal. La sequía intelectual y política que sufre el PSOE explica que el hitlerillo de Podemos, que en vez de bigote lleva coleta, se haya proclamado “líder de la oposición”, con el mismo desparpajo que aquel otro salvapatrias se otorgó el título de “führer”. Hasta se ha organizado un debate sobre el estado de la Nación sin contrincante, como esos que juegan al tenis sin adversario. Así se las ponían a otro nefasto personaje: Fernando VII.

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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