TRIBUNA
Grecia, España y la socialdemocracia
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 06 de marzo de 2015, 00:34h
Actualizado el: 03/06/2015 00:43h
Karl Kraus (1874-1936), un escritor muy crítico con el Imperio Austrohúngaro, se burló de un parte militar del Alto Mando cuando en 1918 la gran guerra estaba perdida para los imperios: “La situación es seria, pero no desesperada”, publicaron los jefes militares austriacos. Karl Kraus contestó de inmediato con uno de sus famosos aforismos: “La situación es desesperada, pero no es seria”.
Algo así me parece que está sucediendo en los principales partidos políticos españoles. Ante las informaciones demoscópicas que pronostican que habrá cuatro partidos políticos con una representación muy igualada, la reacción de los dos actuales mayoritarios consiste en actuar mirando sólo a las encuestas, con esas técnicas que yo he calificado de “democracia instantánea”. Se buscan gestos y frases que sean agradables ante la opinión pública, aquello que la gente quiere ver y escuchar, y desde luego, mostrando que los líderes políticos escuchan y escuchan a los ciudadanos. ¡Ah! ¡Con gran atención a la opinión que se fragua (instantáneamente) en las redes sociales!
Los líderes políticos no logran despegarse de las prioridades que les dictan las encuestas, renuncian a que les escuchen a ellos. Hace unos meses sugerí a un destacado dirigente parlamentario socialista que sería bueno que se ofreciera un programa nuevo y distinto en materia educativa; la educación, para mí, reúne los grandes temas del estado de bienestar: libertad de pensamiento, igualdad, competitividad, dignidad de las personas, innovación, cultura, investigación, adaptación a la globalización, civismo, la autoridad, la función del docente, el papel de los sindicatos, la organización de la escuela, de la universidad, etcétera. Me contestó, con gesto abrumado, que proponer una alternativa en educación no era posible en unas circunstancias en las que informativamente sólo interesaba dos cosas: “medidas contra la corrupción” y “el asunto soberanista de Cataluña”.
Al mismo tiempo, los grandes partidos políticos actuales son poco atractivos para ingresar en ellos, y aún para colaborar con ellos desde la independencia ideológica. La sensación de que no existen garantías jurídicas dentro de los partidos se ha puesto de manifiesto con la destitución de Tomás Gómez en el PSOE madrileño, o lo que viene sucediendo en el PP con Ignacio González, el presidente de la Comunidad de Madrid. Es perturbador, desde cualquier perspectiva democrática, que los jefes supremos de ambos partidos tengan unas potestades absolutas con el destino de personas que representan a sus afiliados, como poco, pues también obtuvieron la confianza de miles y miles de votantes. ¿No es esto una anormal pervivencia de disciplinas que caracterizaron a los partidos autoritarios de pasadas épocas, cuando sus vanguardias militarizadas iban a realizar las correspondientes revoluciones de varios colores?
Podría ser que “Ciudadanos”, el partido que puede disputarle bastantes votos al PP, aparece con unas señas mucho menos autoritarias, y esa característica atraerá a votantes que están hartos de una política de confrontación, y basada en la propaganda de los “argumentarios”; si “Ciudadanos” es capaz de presentar candidatos que no sean meros autómatas del mando partidario, o de las instrucciones de los asesores demoscópicos, puede lograr el apoyo electoral de sectores con capacidad crítica, élites políticas que son socialmente imprescindibles para sustentar un proyecto auténticamente reformista.
Distinto es el caso de “Podemos”. Aunque es el más nuevo, también es el más anticuado en su organización y en sus propuestas. Supone la culminación de un modelo partidario que anula la pluralidad de opiniones internas, y su estrategia se basa en lograr que los medios de comunicación creen opiniones que sugestionen a los votantes a favor de su política, casi siempre basada en construir enemigos del pueblo.
Aunque se ha identificado a “Podemos” con “Siryza”, el partido radical que gobierna hoy en Grecia, hay muchas diferencias, y podrá tenerlas cada vez más. Mi opinión es que “Siryza” buscará ocupar el espacio político de la socialdemocracia en Grecia, espacio que perdió definitivamente el “Pasok” de los Papandreu, padre e hijo.
El “Pasok” nunca fue un partido socialdemócrata europeo, y en su origen estuvo militantemente en contra de las instituciones comunes europeas y de las de la OTAN. Mi opinión, manifestada en otras ocasiones en esta columna, es que los partidos que no están compenetrados con las instituciones constitucionales de sus respectivos países, corren el riesgo de desaparecer cuando esas instituciones entran en crisis, algo que sucedió en Grecia con el “Pasok”, y que también había sucedido, por parecidos motivos, en Italia con el Partido Socialista. La garantía de pervivencia del PSOE no es otra que su identificación, hasta ahora, con el sistema de la Constitución de 1978, incluso para reformarla.
¿Podrá “Siryza” ocupar el espacio de la socialdemocracia como ahora (¿por fin?) lo intenta el “Partido Democrático” de Italia? Habrá riesgos con el dogmatismo ideológico de varios de sus integrantes. Pero los gobernantes de “Siryza” están en una senda inequívoca. Alexis Tsipras, el premier griego, anunció en “Financial Times”, el órgano de la opinión capitalista mundial, antes de ganar las elecciones, que su política económica sólo pretendía acabar con la austeridad, y no con el capitalismo. Su reciente negociación con las autoridades económicas europeas ha sido un éxito, pues es la primera vez que un país de la UE ha exigido cambios en su restrictiva orientación económica. Esa negociación es apoyada por el 76 por ciento de los griegos, muchos más que sus votantes. Y además -y esto es crucial (y que debiera inspirar a los socialdemócratas de toda Europa)-, “Siryza” ha contado con el apoyo y el asesoramiento de economistas norteamericanos, como James Galbraith (el hijo del gran Galbraith, asesor de Kennedy). Como colofón de su orientación, ahora se ha producido una reflexión dentro de la Comisión Europea, que pone en duda la austeridad defendida por los neoliberales económicos.
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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