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TRIBUNA

Los perros ladran por no llorar

Juan José Vijuesca
viernes 06 de marzo de 2015, 20:10h
Uno cree en la justicia como algo existente bajo toga y de naturaleza ciega en favor de la razón dirigida al bien común; sin embargo, la sociedad española queda perpleja ante el dictado de ciertas sentencias por la desigualdad de trato y la incoherencia a la hora de imponer sanción.

Dos perras de raza Labrador Retriever son las causantes de un conflicto vecinal que ha desembocado en una condena de 21 meses de cárcel para sus dueños, debido, según recoge el Auto del Juzgado de lo Penal 2 de Granada, a los incesantes ladridos provocados por dichos animales durante todos los días, especialmente por las tardes, haciendo imposible la vida del denunciante y la de su familia.

Resulta muy extraño que habiendo mediado diversos informes de la policía local aportando resultado negativo a tales ladridos, así como la intervención de un Investigador Civil qué grabó de día y de noche, con idéntico resultado, o sea, los perros ni un gruñido ni medio que pudiera alterar la convivencia; bastante anormal, reitero, que no hayan sido pruebas suficientes para evitar que el matrimonio denunciado, dueños de los perros en litigio, resulte condenado con tanta severidad. Pero la cosa no acaba ahí, pues ellos han recurrido dicha sentencia ante la Audiencia de Granada, incluido el Ministerio Público, y la Fiscalía ha vuelto a solicitar en su recurso una condena de siete años y cuatro meses de prisión para el matrimonio, al que atribuye la comisión de un delito contra el medio ambiente y otro de lesiones por la afección del ruido a los denunciantes.

Señorías, uno se pregunta ¿qué es el medio ambiente? Y después de una larga meditación opto por preguntarle a mi perro. Me saca de dudas de forma inmediata cuando me hace entrega de una tesis doctoral que presentó él en la Universidad de Cambridge bajo el título de “Retórica y agudeza en la prosa satírico-burlesca del ser humano” No vayan a creer, mi perro es uno más de entre muchos de su especie, lo que sucede es que el instinto que posee este tipo de cánidos les convierte en seres de transversales conductas, o sea, hacia nosotros brindan una total fidelidad y frente a los compromisos sociales se exigen un elevadísimo nivel de inteligencia. Ya sabemos que los perros no asimilan, sólo asocian, pero puestos a defender su propiedad son capaces de lamerse las heridas sin con ello demuestran que no te abandonan jamás.

Con la venia, Señorías, leyendo algún pasaje de la tesis doctoral me llama la atención un par de capítulos. El primero titulado “Cambio climático y sus consecuencias” Sin pretender extenderme, leo entre líneas: ….”el cambio climático amenaza con impactos irreversibles. El Quinto informe de Evaluación del IPCC ( Intergovernmental Panel on Climate Change) muestra que el calentamiento es ya un fenómeno global causado por los humanos..” Mi perro lo destaca al considerar que los de su raza serían incapaces de cometer semejante barbaridad.

El segundo capítulo que subrayo, Señorías, tiene como título “Principales causas contaminantes” De manera concisa: ….”tomando el ladrido del perro como efecto contaminante por ruido, o sea, a través del aire, y a menos que el cánido padezca de una fuerte alitosis capaz de generar dióxido de carbono (CO2), principal gas causante del efecto invernadero, sabido es que en estado líquido o sólido produce quemaduras, congelación de tejidos, ceguera, desvanecimiento e incluso la muerte; queda claro que la mano del hombre “humano” estaría detrás de la catástrofe” Mi perro también lo destaca por no ser ésta una conducta propia de su raza.

Como verán sus Señorías, los perros ladran porque tienen su propia jerga y así es su manera de hacer que el mundo les oiga. En fin, cuánta razón tenía Albert Einstein al decir aquello “Hay dos cosas infinitas: El Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”.
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