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MIRADA ESCOLÁSTICA

Del ingenio inventivo

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 06 de marzo de 2015, 20:50h
Frente a la pedagogitis elefantiásica y logorreica que han sufrido los sistemas educativos en los últimos veinticinco años, en la idea estúpida y estupefactiva de que una caterva en proporciones de diez miríadas de pedagogos ignorantes, capitaneados por Álvaro Marchesi, era la clave de la panacea o talismán sagrado, por críptico, para el éxito educativo, se ha olvidado el motor mismo de todo sistema educativo, que es la curiosidad intelectual, y su efecto más importante, el genio inventivo.

La vis intellectus humana es sustancialmente creadora, inventiva y descubridora, y en este único sentido el hombre es “homo faber”, y no “homo technologicus”, que sólo sería el resultado de una mundivisión o ideología dominante, gracias a la filosofía imperante en el país más fuerte, EEUU. La actual y ramplona pedagogicracia ha aplastado el academicismo, es decir, aquellas cosas que nos enseñaban en la escuela, so pretexto de que éste era una máquina puericida, y lo ha sustituido por el orden infantil en la organización educativa, el sólo perfil psicológico de las primeras etapas de la vida es lo que más ha marcado el carácter de los sistemas educativos, no entendiendo con ello para nada, sensu stricto, la psicología del hombre pequeño, del hombre in fieri, que es un creador, un inventor y un descubridor por naturaleza. Si al menos el sistema educativo hubiera entendido las estadías de la infancia y la adolescencia como estados metafísicos propios…!

Pero mis compañeros César Carrero, Encarnación Requena y Pedro Molero construyen en el Instituto delirantes artefactos e ingenios tecnológicos variegados, como pantógrafos, armoniógrafos, o preciosos ascensores que responden sus subidas y bajadas a llamadas de móviles ordinarios, y mil cacharros más, como puertas que se elevan y se abaten por impulsos lejanísimos, cuya utilidad muchas veces es accesoria, y su ingenio como expresión de inteligencia ilustrada lo sustancial. Y lo realizan con alumnos excitados por el triunfo de las matemáticas, la física o el dibujo sobre los problemas que plantea este mundo que vamos construyendo los hombres, como co-creadores junto al Gran Arquitecto. César, Encarni y Pedro son como tres ilustrados de la época de Kant, que entienden la educación y la cultura como instrumentos para el desvelamiento, el invento y el pasmo lúdico de la inteligencia. Porque sólo el asombro de las revelaciones académicas puede potenciar la curiosidad intelectual del niño, siempre natural y perenne si la pedagogía no la interfiere. Potenciemos de modo acérrimo la inteligencia de la vida en los ámbitos académicos, porque el lugar de todo conocimiento es la vida.

El saber es una relación entitativa, y la cosa que nos entra, la partícula inventiva que nos asombra, su mera existencia mental, remueve todo lo que va encontrando que el hombre es. El hombre se ilumina en sus inventos y cacharros, y proyecta en el mundo lo que aprende de las leyes del mundo. Las matemáticas son lírica pura. Y los inventos son poemas y metáforas engendrados con números, formas de alquimia de la inteligencia tecnológica. En la aplicación de las matemáticas el alumno aprende que todo está relacionado con todo, y si no lo estuviera no podría estar relacionado con nada. Estos tres queridos compañeros míos los veo como demiurgos, como nuevos gigantes aliados a los dioses olímpicos en la eterna guerra de la gigantomaquia contra los Titanes y Titánidas de la muerte, la ignorancia y los prejuicios que la falta de inteligencia inventiva conlleva.

El fin de la ciencia y la erudición es la sabiduría o arte de ayudar y mejorar la vida humana, la de todos. La inteligencia, en su natural infinitud, no puede ser menos que caminera, buscadora, interrogante, curiosa. Es también trémula, como la mano de un niño que empieza a escribir (la metáfora es de Leibniz) y todavía debería incrementar la cautela el saber que no hay previsión infalible. “¿Por qué admirarse que los hombres pueden conocer el mundo? Lo llevan dentro y cada uno de ellos es un pequeño universo”, escribía el astrólogo y poeta Manilio en la época de Tiberio. Todas las leyes de la inventiva usan el “arcanum mirabile” de la Naturaleza. Y este “arcanum” se va desvelando poco a poco, sin acabar nunca de desnudarse, en los textos académicos y clásicos, que deben volver sin duda a los centros educativos.

Yo espero con anhelo que en el Proyecto Arduino que está llevando a cabo la Consejería de Educación de Castilla-La Mancha, valientemente pilotada por Marcial Marín, sepa valorar en su justa medida la labor magnífica de estos tres grandes profesores de ingenio óptimo, en donde el álgebra de Boole y sus diagramas de flujo son el gran armazón teórico para la creación casi ex nihilo de sus delirantes cacharros. Excitación y pasión de las jóvenes mentes escolares.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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