El lobo pierde el pelo, pero no el vicio
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 25 de mayo de 2008, 18:40h
El nuevo Gobierno Berlusconi ha decidido celebrar su primera reunión en Nápoles, cargando el evento de un alto valor simbólico: la capital de Campania, con la añosa crisis de la basura y el estallido de intolerancia en contra de los gitanos de los últimos días, se presenta como el paradigma, la síntesis y el símbolo del caos que vive el país. La decisión de empezar desde Nápoles representa una señal interna que deberá ser acompañada por una fuerte asunción de responsabilidad por parte del Estado en un territorio deprimido por la emergencia basura e impotente frente a la Camorra. En apenas 25 minutos, Berlusconi ha enumerado de forma clara sus prioridades: lucha a la inmigración ilegal, solución de la emergencia basura, relanzamiento de la economía, reforma del sistema fiscal y presentación de un novedoso plano nuclear. Para enfrentarse a estos retos, el premier ha prometido autoridad y fuerza, añadiendo que no podrá hacer ningún milagro sino “pequeñas y grandes cosas”.
En un discurso conciso y severo, por primera vez il cavaliere pareció consciente de su responsabilidad, asumiendo, por fin, un tono idóneo al cargo ocupado: además, la sobriedad en los tonos ha sido acompañada por una actitud dialogante con la oposición. Sin embargo, sus declaraciones han mostrado pocas ideas nuevas, y a pesar de haber sido posible apreciar algunas luces, aún hay muchas sombras.
De todas formas, emitir cualquier tipo de juicio en este momento sería prematuro, faccioso y arriesgado; no obstante, hay que esperarse una “legislatura constituyente” teniendo en cuenta la mayoría alcanzada en las urnas. En sus primeros pasos el gobierno se ha mostrado particularmente preocupado a contener “la percepción ciudadana” de inseguridad, prometiendo acciones que suenan a castigo: las medidas que convierten a los indocumentados en delincuentes parecen satisfacer a una necesidad psicológica colectiva más que a una real exigencia política.
La nueva legislatura deberá abrir la caja de Pandora de las reformas institucionales: las instituciones del país necesitan ser modernizadas para crear una estructura más dinámica, madura y equilibrada. Para realizar eso, hace falta menos retórica y mayor sentido de la responsabilidad. Será fundamental el diálogo con la oposición, siempre y cuando ésta actúe de forma constructiva. La “no beligerancia” declarada post-resultado electoral no debe convertirse en pasividad. La situación obliga a mayoría y oposición a colaborar, buscando rápidamente soluciones de amplio consenso. Una intervención de pocos minutos no parece un indicador fiable de un cambio de actitud: sobre todo parece difícil confiar en un “viejo zorro” como Berlusconi. Sin embargo, es lícito concederle el beneficio de la duda: el tiempo pondrá a cada uno en su sitio.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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