Y DIGO YO
Rajoy, no todo es economía
Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 09 de abril de 2015, 20:25h
Decía Pablo Casado, una de las nuevas caras y apuestas del PP, que no pueden perder ni un minuto más en hablar sobre ellos mismos porque les pagan “para hablar de los problemas de la gente”. Efectivamente, el partido tiene mucho trabajo por delante y poco tiempo, pero sí debe mirar un poco hacia dentro porque el segundo round del año electoral está a la vuelta de la esquina y la desafección de su electorado (con ellos) junto a las trifulcas internas (las de ellos) no auguran buenos resultados.
Las arengas y proclamas de Rajoy a 600 de sus acólitos están justificadas ante lo que se les viene encima. Bien está insuflar ánimos a los tuyos para que funcionen, para que se levanten con nuevos bríos y saquen al partido del estancamiento en el que se encuentra, pero, sobre todo, para que se dejen de rencillas y reproches. Sin embargo, Rajoy debe ser realista. Con esto sólo no basta.
El inmovilismo y distanciamiento de una buena parte del PP ha llevado al abatimiento a un electorado enfadado que está dispuesto a entregar su voto a nuevas y refrescantes candidaturas o, simplemente, no dárselo a nadie. Quién iba a decir a Rajoy que después de hacer lo difícil (encauzar una economía desahuciada y revertir la tendencia del desempleo) su masa social le iba a pedir más política, más empatía y humanidad con las dificultades del prójimo.
Y ahí el PP tiene un problema, porque eso de ser simpático no va con Rajoy, que diría algo así como que los españoles no le votaron por su chispa y su gracia. Pero, insisto, tiene un problema porque es lo que demandan ahora los que le votaron y las encuestas apuntan que los dispuestos a repetir cada día son menos.
No parece fácil bajar las expectativas de las formaciones de moda como tampoco darle al PP más debate y autocrítica, pero Rajoy tiene que hacerlo y de su capacidad para convertir la desafección de sus votantes en aprecio y de quitarse el “sanbenito” de antipático dependerán en gran medida los resultados del 24 de mayo.
Todo esto pasa, no por dar una imagen de unidad, sino por estar unidos de verdad y por cambiar cosas en el partido, en el Gobierno y donde haga falta. Y si alguien tiene algo que decir, que lo diga y que se le escuche, luego que se discuta y que después se vote. Solo así no parecerá que en el PP se hace lo que el presidente manda y los demás obedecen sin rechistar.
Mantener la unidad dentro de un partido como el PP, con un espectro tan amplio de sensibilidades y opiniones, se torna en tarea complicada. Máxime cuando pueden aparecer roces y enfrentamientos entre los candidatos a ocupar unos puestos de responsabilidad que, seguro, se verán reducidos en número. Pero habrá que hacerlo.
Si Rajoy da la orden de que hay que hablar de lo bien que va la economía, solo de lo bien que va la economía y de cómo otros partidos tirarían por la borda el trabajo tan bien hecho por el PP en la economía, que piense en que los ciudadanos quieren más política, más libertad, más debate y más autocrítica para que no todo sea economía.
La prueba definitiva de cuál es el origen de esta desafección con el PP podremos atisbarla cuando conozcamos cuántos candidatos con opciones reales de Gobierno en sus respectivos municipios o comunidades van a contar en sus actos electorales con la presencia del presidente. Quizá entonces, como en el chiste, Rajoy se dé cuenta de quién es el que va en dirección contraria.
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Periodista
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
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