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COSAS VEREDES

Mare Mortuum

María Cano
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mariacanoelimparciales/10/5/10/22
lunes 20 de abril de 2015, 20:00h

Ese Mar Mediterráneo de aguas cálidas y cristalinas en el que pensamos con nostalgia durante los gélidos meses del invierno y cuya evocación nos anima a continuar incluso en los días más grises del año nos recibe con colores y brillos de ensueño envueltos en risa y un ardor que abriga el alma cuando lo visitamos en verano. Ese Mediterráneo cantado por Serrat y por millones de gargantas después de él surcado incansablemente por navegantes y bucaneros hasta nuestros días, ese reino inconquistable del Sol y del descanso empieza a perder lustre y a convertirse en un gigantesco cementerio.

‘Mare Nostrum’ le llamaban los romanos; ‘Mare Mortuum’ le vamos a acabar bautizando. Cientos de vidas se han perdido en él en estos días por el capricho, ya ve usted, de huir de la miseria, de la guerra, por querer aspirar a una vida más digna y mejor. ¿Acaso no haría usted lo mismo?

Decenas de niños viajaban también en ese siniestro barco que se ha hundido sin que de verdad se nos remuevan las entrañas. Porque no se nos remueven o, al menos, no lo suficiente. No son de los nuestros, de los que viajan en aviones que se estrellan en altas y elegantes montañas, no. Son de los otros, de los que huyen hacinados en jaulas con candado en las bodegas de los despojos de un navío maltrecho, de los sin nombre, de los sin patria… Ni tumba tendrán salvo el abrazo eterno de un Mar amigo que no pide el pasaporte ni distingue entre fosas comunes o panteones ricamente decorados.

Cientos de vidas se han apagado por querer luchar, por arriesgar, porque el ser humano es egoísta y déspota y no sabemos ni queremos repartir.

Hace no tanto, todos vivíamos pendientes del última hora del avión que se estrelló contra la pared de una montaña camino de Alemania. Hablaras con quien hablases, sabía los detalles de las cajas negras, del copiloto, de las teorías de la conspiración… Incluso detalles de la vida privada de miembros del pasaje. Estos muertos no interesan…

Y lo espeluznante es que no se trata de un hecho aislado. Cada día llega un barco a alguna costa europea (España, Grecia, Italia…), o al menos lo intenta en un goteo que ya desborda hasta las previsiones más macabras mientras los líderes de la UE hacen como que debaten posibles soluciones pero lejos, muy lejos de llegar a un acuerdo que de verdad sirva de algo.

Los que viajaban en ese barco no vestían ropas caras, seguramente ni llevaban equipaje, salieron con lo puesto y dejaron atrás cuanto tenían para vivir sus últimos momentos casi como animales, hacinados, malolientes, asustados... Y nosotros lo permitimos con nuestra indiferencia.

‘Homo homini lupus’. La fosa del Mediterráneo no es más que un exponente del egoísmo cruel en el que vivimos instalados y si no, mire a su alrededor. ¿Le importan de verdad los que tiene al lado? Y no me refiero a familia y amigos sino al portero de la finca o a su compañero de trabajo. Si no sabemos convivir ni en microclimas, no pretendamos evitar grandes tragedias. Los cambios siempre deben empezar por pequeños. Y en un día tan triste y tan oscuro como este me da por pensar que no sé si seremos capaces…

María Cano

Subdirectora de EL IMPARCIAL

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