En la madrugada del 2 de mayo de 2011, el presidente estadounidense Barack Obama comparecía en televisión ante el mundo para anunciar que el enemigo número uno de Occidente, el líder de Al Qaeda,
Osama bin Laden, había sido ajusticiado por un comando de los Navy Seals en la localidad paquistaní de
Abbottabad y que sus restos habían sido arrojados al mar después de una breve ceremonia musulmana.
Desde entonces han pasado poco más de cuatro años, un lapso de tiempo que ha dado para que Hollywood dé a luz una película,
'La noche más oscura' (Zero Dark Thirty), sobre lo que aconteció aquella noche y en las semanas anteriores y que se publiquen decenas de libros y reportajes al respecto.
Sin embargo, la operación siempre ha estado rodeada de un halo de
misterio y escepticismo y, si bien la versión de la Casa Blanca siempre ha sido la misma, no son pocos los que ponen en duda la misma.
Uno estos incrédulos es
Seymour M. Hersh, periodista y escritor premio Pulitzer por sus artículos sobre la masacre de May Lai durante la Guerra de Vietnam. Polémico y osado con su pluma, Hersh ha publicado
un artículo en la London Review of Books en el que afirma saber qué pasó realmente con Bin Laden, una historia que dista mucho de parecerse a la oficial.
Según Hersh, el líder de Al Qaeda estuvo preso desde 2006 en el famoso complejo de Abbotabad controlado por el ISI y las Fuerzas Armadas paquistaníes que lo mantenían cautivo tras pagar a jefes tribales a cambio de que se lo entregaran. Lo retenían ahí con el objetivo de usarlo contra la creciente influencia de los talibanes en la frontera con Afganistán.

El complejo de Abbotabad está a sólo tres kilómetros de una importante Academia Militar paquistaní, muy cerca de donde se acuartela un batallón de las Fuerzas Armadas y a 15 minutos en helicóptero de Tarbela Ghazi, uno de los enclaves más protegidos del ISI.
Esto siempre ha provocado muchas dudas sobre la posibilidad de que dos comandos de los Seals entrarán y salieran del espacio aéreo paquistaní, uno de los más vigilados del mundo, en dos aparatos Chinook y dos Black Hawk
sin problemas ni encontrar resistencia, tal y como cuenta la crónica oficial.
De este modo, Hersh asevera que, tras congelar la la Casa Blanca a Islamabad la ayuda militar como medio de presión, incluyendo el retraso en la entrega de una quincena de aviones F-16,
los carceleros de Bin Laden abandonaron el complejo donde le retenían antes de la llegada de los Seals y que lo demás fue todo
una puesta escena de cara a la opición pública mundial.
Citando fuentes de alto nivel tanto estadounidenses como paquistaníes, el periodista también afirma que altos funcionarios del Gobierno de Islamabad
estuvieron al corriente de la operación, a pesar de que la Casa Blanca siempre ha sostenido que ni el
general Ashfaq Parvez Kayani, jefe del Estado Mayor del ejército, y el
general Ahmed Shuja Pasha, director general del ISI, estaban al corriente de nada.
Incluso señala el artículo que fue uno de ellos, a cambio de 25 millones de dólares, quien filtró el paradero exacto de Bin Laden a la CIA, nada que ver con la historia de la interceptación de su correspondencia.

Así, los Seal tuvieron el camino expedito para volar hasta Abbotabad, entrar en el complejo sin encontrar ninguna resistencia, subir hasta el tercer piso y disparar a Bin Laden (en la foto de la derecha, Robert O'Neill, el hombre que apretó el gatillo), que no habría presentado resistencia. Tras esto, los consabidos
problemas para evacuar el cuerpo después de que uno de los aparatos se hubiera estrellado contra el muro de la casa.
Además, Hersh asegura que
el objetivo de la misión siempre fue el asesinato y nunca la captura y que los restos de Bin Laden nunca fueron arrojados al mar Índico, uno de los puntos más controvertidos y rebatidos por los escépticos con la versión oficial, sino que se dispersaron por la inhóspita
cordillera del Hindu Kush.