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Las naumaquias de Carmona

Juan José Vijuesca
miércoles 13 de mayo de 2015, 20:10h
Antonio Miguel Carmona nos ha devuelto a los madrileños la ilusión por las aventuras de navegación. El candidato a la alcaldía de Madrid por el PSOE no es que haya prometido ponernos un puerto de mar en la capital, nada de eso, es que piensa rentabilizar los fiordos existentes del estanque del Retiro y los del lago de la Casa de Campo para celebrar en ellos auténticas batallas navales. “Naumaquias” parece ser la propuesta para aportar una nueva mezcla de cultura y espectáculo y con ello pretender traer turismo y rememorar lo que en tiempos de Julio César, allá en el 46 a. C., y más tarde el emperador Claudio, entre otros, hicieron bueno el pasatiempo y con él lo encarnizado de tal circo. De ahí la costumbre en saludar los contendientes al emperador antes de la refriega, con la famosa frase de “Morituri te salutan” como antesala del matarile que les aguardaba.

Según Carmona, esto se convertirá en un referente mundial. “La naumaquia de Madrid se va a conocer en el mundo entero” -añade. Miedo me da que los madrileños tengamos que disfrazarnos de remeros y convertirnos en reclamo turístico de primer nivel. Esto no me parece buena idea porque todo tiene su tiempo de reciclaje y no me negará Antonio Miguel que la exigencia del guion es una cosa y otra muy distinta hacer competencia a los fornidos del Volga para crear ambiente fluvial. Conmigo lo tiene crudo el candidato, no estoy dispuesto a librar batallas con un enemigo, que lo mismo viene del Mar del Norte y se lleva hasta mis bases de cotización. Por otro lado, no me imagino en pleno estanque del Retiro a los manípulos y escuadrones disparando por doquier las catapultas y ballestas en un domingo por la mañana cuando en el quiosco de música esté actuando la Banda Sinfónica Municipal de Madrid y nada menos que interpretando La Revoltosa, El barbero de Sevilla o La Verbena de la Paloma. Ya me dirán ustedes si con la patulea esta de las naumaquias no acabamos todos dando abordaje a los pasodobles y se monta allí la de Babilonia.

Y si de la Casa de Campo hablamos, no crean que a cañonazo limpio se va a solucionar el acabar con las romerías domingueras. No veo yo lo de remar en domingo como posesos y tener que librar batalla naval para defender la comida familiar campestre, ya saben, típica tortilla de patata, ensalada campera y filetes “empanaos” que por cultura de ocio esta asignatura viene en los libros sagrados del buen hacer. De manera que el señor Carmona no piense que cuenta con arcabuceros de primera para batirse con el rival de turno, que en Madrid somos muy de fiestas de guardar y valiente gana de andar con batallitas de nuevo cuño.

Mejor sería hacer navegable el Manzanares y deleitarnos con cruceros fluviales hasta las Hoces del río Duratón, eso sí que sería una experiencia tan cultural como pacífica y recreativa, y a la vez no produciría bajas innecesarias, porque en cuestión de crear rivalidades en aguas públicas me pregunto: ¿qué necesidad hay de conflictos navales entre Madrid y Morata de Tajuña?, por ejemplo. Ya son ganas de meternos en cultura a base de darnos de leches unos contra otros sin necesidad, que los tiempos aquellos de la letra con sangre entra ya están más que encuadernados, digo yo.

En fin, que no pinta bien esta oferta para una ciudad como Madrid, tan agradecida en festivales y actos culturales que cuando tiene ocasión de rememorar algo relacionado con el mar, pero algo serio de verdad, lo hace a través de la exposición “Hombres de la mar; barcos de leyenda” organizada por el Museo Naval y de la mano, en calidad de comisario de la muestra, de mi admirado Arturo Pérez Reverte. Les invito a todos a darse una vuelta por este ejemplo de auténtica cultura de nuestra historia naval y así rendir homenaje recordando, según palabras del escritor y académico, “que la historia está llena de marines españoles y los mares de todo el mundo, de huesos españoles” Exposición muy recomendable porque pone en valor la fe, el coraje y la valentía de cuantos marinos, gracias a sus gestas, hicieron grande parte de nuestra historia y de otras innumerables epopeyas de la Humanidad.

Como verá, Don Antonio Miguel, el mar es muy traicionero, de manera que dejemos al Parque del Retiro con su estanque dorado y sus románticas barcas y al lago de la Casa de Campo con su eterna y bucólica ensoñación de romerías familiares; porque lo que usted propone, señor Carmona, no es cultura, es jugar a hundir la flota.
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