www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

BIOGRAFÍA

Margarita Márquez Padorno: Miguel Moya Ojanguren (1856-1920)

domingo 07 de junio de 2015, 17:21h
Actualizado el: 06/08/2015 22:38h
Margarita Márquez Padorno: Miguel Moya Ojanguren (1856-1920)

Palabras preliminares de Carmen del Riego. Prólogos de Gregorio Marañón Beltrán de Lis e Iñigo Gómez-Jordana Moya. Ediciones APM. Madrid, 2015. 232 páginas. 12, 50 €

Por Carmen R. Santos

Resultaba incomprensible que hasta ahora una figura de la talla y de la trascendencia de Miguel Moya Ojanguren no contase con un completo y cabal acercamiento a su vida y obra. Este hueco ha venido por fin a cubrirlo esta espléndida monografía de Margarita Márquez Padorno, profesora de la Universidad Complutense y coordinadora general de la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón de Madrid, que recorre la trayectoria vital y profesional del insigne periodista y desentraña las claves de una fructífera existencia, no exenta de momentos amargos y desengaños. No obstante, Miguel Moya siempre se enfrentó a las dificultades y nunca abdicó de la decisiva labor que tenía por delante.

De ahí que con gran acierto, Margarita Márquez haya elegido como subtítulo para su trabajo: Talento, voluntad y reforma en la prensa española. Sin duda, estas palabras -inspiradas en la dedicatoria a Moya que Vicente Blasco Ibáñez estampa al comienzo de su novela Oriente- sintetizan a la perfección la personalidad de Miguel Moya Oranjuren, quien desde unos orígenes humildes consiguió desarrollar brillantemente una tarea en pro de un periodismo independiente, libre, riguroso y moderno, ese cuarto poder que es imprescindible en toda sociedad.

Miguel Moya Ojanguren nació en Madrid el 30 de mayo de 1856 en la calle del Salitre nº 35, en el seno de una familia propietaria de un modesto negocio de paños situado en el Rastro madrileño. Tras estudiar el bachillerato en el Instituto de San Isidro, se matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad Central, para cumplir el sueño de su progenitor de tener un hijo abogado, pese a que pagarle la carrera les suponía a sus padres un gran esfuerzo económico. Sin embargo, en esa conjunción de azar y necesidad muchas veces feliz y que rige no pocos destinos, Moya Ojanguren encaminó sus pasos por otros derroteros. Al terminar su licenciatura en Derecho, con dieciocho años, no tenía todavía la edad requerida -veintiún años- para ejercer como abogado. Al mismo tiempo, ya en su etapa de estudiante universitario, sintió que el “veneno” del periodismo corría imparable por sus venas, frecuentando Redacciones y tertulias y entrando en contacto con nombres esenciales del periodismo de nuestro país como José Ortega Munilla -padre, como es sabido, del filósofo José Ortega y Gasset-, ligado a El Imparcial y muy especialmente a su suplemento Los Lunes de El Imparcial. En sus comienzos, Miguel Moya fundó, junto a Ortega Munilla, un singular periódico taurino, El Chiclanero, que no solo proporcionaba puntual y rápida información, sino que introdujo sabrosos ingredientes literarios e imaginativos en el género.

Desde el principio, Moya Ojanguren desarrolla una intensa actividad como periodista todo terreno. Redactor y colaborador de cabeceras como La Iberia, La Mañana, La Época o La Democracia -que con el tiempo pasaría a denominarse El Demócrata-, de publicaciones como Revista Contemporánea, Revista Europea, o La América, director de El Comercio Español y de La Ilustración Hispano-portuguesa, puso en marcha el semanario La Linterna, en el marcodel Ateneode Madrid -donde ocupó diversos cargos-, centrada en la crítica literaria y teatral. La importancia de esta revista traspasa su duración, como bien subraya Margarita Márquez, pues en ella y en los artículos de Miguel Moya se fijó uno de los más destacados periodistas del momento, Isidoro Fernández Flórez, “Fernanflor”, quien le recordó y fichó a la hora de poner en pie en mayo de 1879 un nuevo diario, El Liberal, que sería la empresa periodística más relevante de Moya. En efecto, el nombre de Miguel Moya ha quedado indisolublemente unido a El Liberal, donde, desde su decidido desembarco en el diario matutino, sus responsables tuvieron muy en cuenta las sugerencias del joven periodista de innovadoras ideas. Moya fue ganando prestigio e influencia y en 1890 asume la dirección de El Liberal, responsabilidad en el que permanecerá hasta 1906.

También, ya desde su juventud, Miguel Moya va fraguando su postura ideológica, siempre, como apunta Margarita Márquez, “dentro de un liberalismo progresista tendente más al republicanismo posibilista que al revolucionario. Con el tiempo su credo iría adornándose de otras tendencias -abolicionista, demócrata, librecambista…-, pero sobre la variedad de corrientes dominó por encima de todas la primera: la de ser liberal, respetuoso con todas las creencias e ideologías y trabajador incansable por el entendimiento de todas ellas en diálogo, en el Parlamento”. Así, a su ingente quehacer en el periodismo, se suma su actividad política como diputado.

Por otro lado, en la fértil trayectoria de Miguel Moya, ocupa un lugar de primera su presidencia de la Sociedad Editorial de España, primer Trust, como fue conocida en su época, de la prensa española -agrupaba a varias de las cabeceras más sobresalientes-, aunque sus fundadores rechazaban esa denominación, pues no pretendía, como bien recalca la profesora Márquez, ninguna “imposición de un dictamen común, nada de monopolio del pensamiento, independencia absoluta”, ambicionando liderar una necesaria reforma. Altamente revelador en cuanto al propósito de la Sociedad Editorial de España es su escrito de presentación, donde se consigna: “Hay que arrancar del periodismo las últimas raíces del sectarismo, del personalismo, de la estrechez y de la inflexibilidad, sin menoscabar la amplia concepción y defensa de los respectivos ideales, de las grandes aspiraciones contrastadas con largas luchas de contradicción y de afecto”.

De capital importancia fue asimismo su iniciativa en la fundación de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), de la que fue su primer presidente, que tenía -y conserva- como meta velar por los intereses materiales, morales e intelectuales de los profesionales de la prensa, que en muchos momentos, además de otros obstáculos, sufrieron persecución política. Precisamente, la aparición de esta biografía de Miguel Moya coincide con la conmemoración de los ciento veinte años de existencia de la APM, creada el 31 de mayo de 1895. La institución, hoy presidida por Carmen del Riego -encargada de las palabras preliminares de este volumen- acogió recientemente la presentación de este libro editado por la APM, rindiéndose así justo homenaje a su insigne impulsor, quien la pilotó durante casi veinticinco años.

En esta obra, que se completa con curioso y significativo material gráfico -repárese en su portada, una magnífica caricatura de Moya, debida a Manuel Tovar, “Hermógenes”-, y con interesantes prólogos de dos descendientes de su protagonista, sus bisnietos Gregorio Marañón Bertrán de Lis e Iñigo Gómez-Jordana Moya, Margarita Márquez Padorno no solo nos ofrece un perfecto itinerario del personaje, sino significativas pinceladas sobre la historia política, social, cultural y periodística de la no poco convulsa época que le tocó vivir a Miguel Moya. Todo ello vertido en un estilo donde el rigor y la sólida base documental no entorpecen, sino todo lo contrario, la amenidad y la riqueza literaria. Véase, por ejemplo, cuando retrata física y espiritualmente a su biografiado, con muy bien seleccionados detalles, o la plástica descripción que nos brinda de la llegada, el 20 de agosto de 1920, del féretro con los restos mortales de Moya a la madrileña estación del Norte, donde se congregaban miles de personas.

Miguel Moya no era amigo de distinciones ni reconocimientos, y trataba de eludir el protagonismo. Hay que agradecer que ni Margarita Márquez ni la APM le hayan seguido en este deseo. Su temperamento dialogante, su disposición a escuchar y comprender a los otros, su rechazo del sectarismo tienen sin duda mucho que aportar en la España de hoy. No se debe olvidar que legó a las nuevas generaciones “un ejemplo intachable y a España el avance de un periodismo moderno, una firme columna donde apoyar sus sólidos convencimientos democráticos”, como atinadamente concluye la profesora Márquez Padorno.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (10)    No(3)

+
1 comentarios