De los tres principales acreedores de Grecia, la así llamada troika –palabra rusa para referirse a tres autoridades de igual poder, rescatada por la prensa del vocabulario soviético-, el FMI está siendo el negociador más duro. Mientras el Banco Central Europeo y la Comisión Europea son instituciones del ámbito del Viejo Continente, el organismo que preside Christine Lagarde está comenzando a orbitar por su cuenta. De hecho, se especula que, una vez llegado al acuerdo que permitiría que Grecia no quebrara el próximo 30 de junio, fecha en la que concluye el segundo rescate, el FMI se apartaría de un eventual tercer rescate a la economía helena.
Este miércoles, el primer ministro griego escenificaba ese enfrentamiento con el FMI y calificaba su comportamiento de “extraño”. Algo que, en su opinión sólo puede tener dos explicaciones:
"O no quieren acuerdo o quieren servir a intereses específicos en Grecia ".
Ya el mes pasado, el FMI habría decidido que no participaría en un eventual rescate a Grecia, según informaba El Mundo.
Tras permitir que reagrupara sus pagos, el FMI espera el ingreso de 1.600 millones de euros en sus cuentas el día 30 de junio, dinero del que Grecia sólo podría pagar en caso de llegar a un acuerdo con sus acreedores que permitiera liberar los 7.200 millones de euros del último tramo del segundo rescate. Si eso no ocurriera, el organismo que preside Lagarde ya ha declarado que se considerara un ‘default’, es decir, una quiebra técnica.
Sin embargo, Grecia todavía podría seguir adelante con la buena voluntad del Banco Central Europeo (BCE) hasta el próximo pago, en este caso al emisor de la moneda única. Sin embargo, parece que
el BCE tendría que cortar la financiación a los bancos helenos en caso de impago, lo que asfixiaría definitivamente las finanzas griegas y sumiría a Europa en ese “territorio desconocido” del que hablaba en las pasadas jornadas el propio presidente de la entidad, Mario Draghi.
El miedo a ese escenario en el que se rompe la irreversibilidad de la moneda única, que alentaría los intereses de Rusia y China en la plaza estratégica del suelo griego, y
las últimas concesiones del Gobierno de Syriza, han acercado a las autoridades europeas al acuerdo con Grecia. Pero, por el momento, tan sólo a las europeas. Parece que el FMI quiere apearse del barco. Dejar de ser una de las tres patas financieras que sostienen la maltrecha economía helena.