La democracia interna según Pablo Iglesias
viernes 03 de julio de 2015, 13:56h
Pablo Iglesias daba ayer un golpe de autoridad en Podemos con un sistema de primarias a su medida, que le asegura el control de facto de todo el partido -y que, en puridad, ya ejercía-. Los críticos, como Pablo Echenique en Aragón o Teresa Rodríguez en Andalucía reclaman más “participación territorial”, no sin cierta razón.
El quid de la cuestión está en la circunscripción única a nivel nacional -que no locales, como piden los críticos-, pues ésta reduce sorpresas territoriales y garantiza que salga elegida la lista más conocida en todo el país. O lo que es lo mismo, la auspiciada por Iglesias. De este modo, el papel que pudieran desempeñar militantes provinciales o independientes queda menoscabado por el poder de las caras más visibles; esto es, las del núcleo duro de Pablo Iglesias.
Además, quien salga elegido con una puntuación más alta podrá elegir dónde se presenta. Como si de unas oposiciones se tratase, el “número seis” puede elegir concurrir por la provincia que desee aunque, para evitar incomodar al nacionalismo, Iñigo Errejón anunciaba ciertos “mecanismos correctores” -sin detallarlos, muy al estilo de Podemos- para que en Cataluña, Euskadi y Galicia haya sobre todo candidatos “de allí”.
Todo lo anterior se resume en una palabra: impostura. Podemos vende una imagen de movimiento asambleario cuando, en realidad, es un partido al uso. Pablo Iglesias pide a los demás lo que no aplica en su propia casa.