Sin Grecia no hay paraíso
miércoles 08 de julio de 2015, 20:10h
Actualizado el: 07/08/2015 20:48h
A estas alturas del verano, en medio de una calima sahariana, con un calentamiento global del carajo y cruzando de acera con dos litros de agua a la espalda, por aquello de las alertas naranja, uno tiende a los espejismos incorpóreos. Nada que ver con deudas soberanas, tampoco con el vía crucis de clanes políticos, ni tan siquiera si el pueblo griego ahora asusta a quienes nos vienen asustando con el cuento de Pedro y el Lobo, porque, en definitiva, cuando se hace un referéndum popular y el resultado es un NO casi rotundo, pues uno no sabe si esto equivale a lo mejor para muchos o tal vez sea lo peor para los mismos de siempre. Lo más seguro es que ni una cosa ni la otra, sobretodo porque al día siguiente quienes han preconizado el NO con toda su energía resulta que acuden a Bruselas para dar el SI con tal de que los cajeros bancarios sigan dispensando los favores de la Unión Europea.
Que sea el pueblo quien decida si se barre o se friega, algunos a esto lo llaman acto democrático. Pues miren ustedes, mañana mismo, a más tardar, sería bueno que todos hiciéramos idéntica definición de actos y para comenzar se me ocurre, por ejemplo, celebrar referéndum sobre quien está a favor y en contra de pagar este o aquél impuesto, léase el IBI o el impuesto de circulación de vehículos, por poner simples ejemplos tomados al oído. Y si vamos a la lista oficial de sueldos, canonjías y otras placideces asociadas al cargo de cualquier galáctico arregla mundos que nos rodean, pues verán que de igual manera el pueblo soberano sería igual de democrático que el pueblo heleno. Luego si jugamos todos a lo mismo no vale quedar para salir con 11 millones de griegos y pretender después ligar con los 500 millones de la Unión Europea.
¿Qué hay que ayudar a los griegos que de verdad lo necesitan?, pues claro que sí; pero igual que a los españoles, italianos, portugueses, letones, chipriotas, y todo aquél con derecho a ello y que por ley natural demande solidaridad. A estas alturas se me antoja que en política todo está inventado, lo único que sobran son ideólogos sectarios, demagogos sobre tarima flotante; los mismos que hoy nos anuncian la llegada del cometa Halley cuando la realidad es que hasta el 2061 no habrá tal avistamiento. O sea, corregir lo que en consenso debe ser mejorable, naturalmente; ahora bien, una cosa es predicar y otra muy distinta es gobernar prometiendo dar trigo cuando no lo tienes ni en tu propia casa. Hoy toca Grecia, estaría bueno después de conocer la cantidad de despilfarros y mal uso dado a tantas ayudas recibidas por parte del resto de socios. Vayamos a poner ejemplos de corrupción, de fraudes y de malversación de fondos destinados a fines sociales que se han volatilizado y que dada la causalidad –que no casualidad- nadie sabe, nadie estaba, nadie conocía a nadie y claro, luego llega Syriza como guía espiritual y pretende descubrir el mecanismo del chupete ante los ojos de todos, eso sí, previo sometiendo al país a una votación poco menos que a puerta gayola. Si te pilla el toro allá tú por ponerte ahí que yo estoy detrás del burladero. Curiosamente un país, en donde los guardas forestales cobraban un plus por trabajar al aire libre o donde crearon un comité para gestionar el Lago Kopais, a pesar de que se secó en 1930.
Y ahora qué, pues lo de costumbre, viajes de ida y vuelta a Bruselas para negociar la nada mientras en Atenas hay cajeros que no dispensan y farmacias que hacen lo propio con medicamentos de primera necesidad para la salud. Total que la ayuda humanitaria preparada para desembarcar en caso de que el señor Tsipras, en cosa de dos o tres días, no haya dejado de jugar a hundir la flota. Y estas son las clases de democracia que dicen algunos a pesar de que el ejemplo de Grecia haya sido lo de La Parrala, ya saben, aquella famosa cupletista que cantaba “Que sí, que sí, que sí / que a La Parrala le gusta el vino/ Que no, que no, que no/ ni el aguardiente ni el marrasquino”
En fin, para los que dicen que sin Grecia no hay paraíso, yo les recuerdo que estamos en plena canícula y todo lo que sea marear la perdiz sin ponerse a la sombra y con un buen tinto de verano, son ganas de perjudicar la salud.