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EPPUR SI MUOVE

Y la música murió en el Bernabéu

lunes 13 de julio de 2015, 20:06h
Clear Lake, en Iowa, fue escenario en 1959 de una tragedia aérea que conmocionó al mundo de la música. Allí se estrelló una avioneta en la que viajaban Buddy Holly, Ritchie Valens y The Big Bopper. Ninguno sobrevivió. Los autores de Peggy Sue, La Bamba o Chantilly Lace serían luego recordados en una canción inmortal, American Pie, de Don McLean. Una de sus estrofas, “the day the music died”, “el día en que murió la música”, sirve para explicar la catástrofe del pasado domingo en el Bernabéu, con la marcha de Iker Casillas por la puerta de atrás.

Soy madridista. Y en días como hoy me siento traicionado por mi club. La ponzoña que inoculó Mourinho -uno de los tipos más tóxicos de la historia del fútbol- aún apesta, tanto que ha acabado por echar a uno de los referentes del deporte mundial. Se que leer esto escuece a los mourinhistas. Normal. Los fans del cáncer portugués son gente que disfruta con la inquina y la polémica, impermeables a los valores del deporte. Esos por los que Iker llamó a sus amigos Xavi y Pujol para apagar el incendio que el entonces entrenador del Madrid había encendido con su basura, y que éste jamás le perdonó.

Florentino Pérez adora a Mourinho. Le ríe las gracias, y sueña con su vuelta. Adora también a sus niños bonitos que no saben hablar español, carísimos y bobos a partes iguales. Esos que ganan casi el doble que Iker y Sergio Ramos, pero que no hacen ni la mitad. Y que, desde luego, jamás llegarán a sentir el escudo. Pongo dos ejemplos: Benzemá y Bale. El primero, un aprendiz de salafista juzgado en Francia por verse implicado en asuntos de prostitución con menores y un auténtico peligro al volante. El segundo, un tipo de lo más avispado que se dedica a hacer anuncios de Nivea y llorarle a su agente para que éste ladre por dónde ha de jugar el fenómeno de Gales. Mientras, los mamporreros del dueño de ACS llevan semanas acusando a Casillas y Ramos de peseteros. Que si no ganan ya bastante y todo eso. Pues sí, ganan bastante. Ocurre que en su entorno los sueldos son los que son, y ellos sólo piden que se les reconozca lo que hacen en el terreno de juego. Insisto, otros hacen la mitad y ganan el doble.

Pero volvamos a Iker. Resulta obvio, no es el que era; 33 años en la élite pasan factura. Posiblemente, su forma ya no sea la de hace años así que, como cualquier otro, podía haberle llegado el tiempo del banquillo. Sin estridencias y, como dijo -e hizo- Del Bosque en la selección, “de forma tranquila”. Pero no. Los mourinhistas jamás le perdonarán que sea un buen tipo. Que la gente le quiera, y que los rivales le respeten. Y sobre todo -hay que ser muy canalla-, que se casara con una periodista. El mourinhismo lleva fatal que Sara Carbonero ejerza su profesión, el periodismo deportivo. Le exigían que rindiera pleitesía a Gollum -que me perdone Tolkien- y al no hacerlo empezaron a crucificarla. Igual que a su marido.

“Conocí una chica que cantaba blues / y le pregunté por alguna noticia feliz / pero ella sólo sonrió y se fue. / Vine a la tienda sagrada / donde escuchaba música años antes / pero un tipo me dijo allí que la música ya no regresaría.” Lo clava Don McLean. Volveremos a vivir noches de gloria en el Bernabéu, y el Madrid triunfará de nuevo. Pero su himno no sonará igual. Y a la corona del escudo le faltará una de sus joyas, que dejará un hueco tan grande que no se podrá llenar ni con todo el dinero de la construcción ni con todas las miserias de un palhaço del odio. Por cierto, palhaço es “payaso” en portugués.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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