Trump es, por ahora, el candidato del GOP con más respaldo. Por Borja M. Herraiz
"Los mexicanos sólo traen consigo crimen. Son violentos y unos violadores". Esta frase, que ha levantado algo más que ampollas entre la sociedad azteca y entre los millones de inmigrantes latinos que residen en Estados Unidos, fue pronunciada el pasado día 16 por el que actualmente es el favorito de los republicanos de cara a los comicios presidenciales de 2016.
No es fácil entender cómo un personaje como Donald Trump, multimillonario con dos bancarrotas en su haber, mediático personaje y polémico agitador, ha logrado auparse hasta lo más alto de los sondeos de los candidatos republicanos con más opciones de cara a las primarias del GOP con un respaldo del 24 por ciento, once puntos más que el gobernador de Wisconsin, Scott Walker. Sin embargo, la estrategia de Trump no es fruto del azar y responde a un medido plan.
Dado que a las primarias republicanas, a las que a día de hoy concurrirán nada menos que 16 aspirantes, aunque todo apunta a que la cosa se dirimirá entre un máximo de cinco candidatos, captan exclusivamente el voto escorado a la derecha, los que se postulan a representar al GOP para hacerse con la Casa Blanca tienden a radicalizar su discurso para presentarse como los verdaderos representantes del conservadurismo estadounidense.
Discurso en el que Trump anuncia su candidatura republicana y en el que pronunció sus polémicas palabras sobre la comunidad inmigrante.
A las primarias republicanas se presentan varios candidatos con orígenes inmigrantes, como los latinos Ted Cruz o Marco Rubio o el indio Bobby Jindal, o con fuertes lazos con esta comunidad, como Jeb Bush, por lo que Trump quiere hacer suyos los votos del electorado blanco y adulto, tradicional nicho electoral de la derecha de EEUU, y poner tierra de por medio con sus rivales.
Comentarios como los referentes a los inmigrantes mexicanos u otros tantos que ha hecho en referencia al senador John McCain, la reforma sanitaria de Obama o al intervencionismo gubernamental de la economía no son sino demostraciones de fidelidad al segmento más radical y conservadora del país, ese que Trump considera que le hará ganar las primarias. Por ahora, los datos de las encuestas realizadas por la cadena ABC y el periódico The Washington Post le dan la razón.
Sin embargo, la carrera electoral no se acaba hasta 2016, y la estrategia de Trump no tiene visos de ser ganadora de cara a hacerse con la Casa Blanca, que históricamente se gana con un discurso centrista buscando hacerse con el voto indeciso y arrebatando votos entre los moderados del bando contrario. En este sentido, el seleccionador de fútbol mexicano, Miguel Herrera, hizo quizás el análisis más certero al respecto: "Con sus comentarios, Trump ha perdido 50 millones de votos".
La demografía de Estados Unidos juega a favor de los demócratas, que ven cómo cada año crece la comunidad inmigrante y del resto de las minorías (asiáticos, nativos americanos...) que se decanta por ellos. De este modo, enemistarse con un segmento tan grande e influyente de población como la comunidad latina es prácticamente suicidarse electoralmente.
Pocos analistas dan a largo plazo verdaderas opciones a Trump, que necesita del voto latino para poder pelear en serio por el Despacho Oval, un voto que cada día hace más esfuerzos por perder. Eso sí, el magnate insiste en su estrategia mediática: llamar la atención cueste lo que cueste. Eso le asegura minutos en televisión, algo que siempre ha sido su perdición.