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TRIBUNA

El mutis final de Saza

Margarita Márquez
sábado 25 de julio de 2015, 19:42h

El telón ha caído de forma definitiva para los que seguíamos la carrera artística de Pepe Saza. Y la ovación pocas veces llega al segundo plano donde él dominaba la escena cinematográfica. Los vítores y los grandes ¡bravos! se destinan a la prima donna o al galán principal sin darse cuenta el espectador que no es asiduo al teatro, cuánta importancia tienen los actores de reparto tanto en el teatro como en el celuloide.

La muerte del actor José Sazatornil también ha tenido un eco de segundo plano, la distancia que él manejaba con absoluta maestría. Para casi todos, la imagen de este catalán tan español es la del burlado jefe de la Falange en la tierna comedia de Mercero Espérame en el cielo. También Berlanga sabía bien de su buen hacer artístico dejando muchas veces el peso de sus grandes escenas en este barcelonés con vocación madrileña: ni La Escopeta nacional ni El verdugo serían lo mismo sin él. Y fue crucial su intervención menor en Todos a la cárcel del mismo director y en rodajes que han pasado a las primeras páginas de la historia del cine español como La Colmena, Amanece que no es poco o El Año de las luces.

Por el cine alcanzó fama en nuestro país, pero era la escena su medio natural. Generaciones de chicos y grandes han llorado de risa con su interpretación como actor principal en La venganza de don Mendo que en diferentes versiones protagonizó con enorme éxito. Saza fue también autor, productor y director de muchas obras de teatro, prácticamente todas ellas comedias. La clave de su éxito no fue solo la excelente interpretación en las obras en las que actuaba, fueran éstas buenas o mediocres, sino su constante buen humor y cercanía, su educación exquisita, tan alejados de los papeles que a menudo interpretaba de hombres malhumorados, coléricos e insoportables y su prodigiosa memoria, cuya pérdida hace un par de años fue lo único que le sacó finalmente de la escena de la que no se quería marchar. Nunca quiso aprender a conducir y esto le permitió dejarse querer aún más por su público que se acercaba a él en los trenes, metros y autobuses para comentar sus papeles y “últimamente se levantan todos para dejarme sentar”, como él decía con algo de nostalgia pero sin perder su sonrisa, tan característica de mandíbula prominente y dientes muy blancos.

El humor y la comedia llenaron su existencia, hasta que le tocó, en el último momento, cambiar de género por imperativo de enfermedad y protagonizar su gran tragedia: el olvido de sí mismo. Hace dos años su familia anunciaba que le habían diagnosticado el mal de Alzheimer y desde entonces fue perdiendo retentiva en un acelerado proceso que le provocó su alejamiento de los escenarios y poco a poco de su vida cotidiana hasta su mutis definitivo por el foro, de nuevo en sordina, calladamente, pero esta vez, sin poder volver a su querida escena.

Margarita Márquez

Historiadora

MARGARITA MÁRQUEZ es historiadora y periodista

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