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TRIBUNA

Ciudadanos y la lectura

miércoles 29 de julio de 2015, 19:51h

Ciudadanos ha presentado buena parte de su programa de educación. Me ha resultado atractivo por su carácter dialogante y nada excluyente. Un programa nacional. Espero leerme el asunto con detenimiento y, sobre todo, espero sus propuestas para integrar en serio la lectura en todos los niveles educativos. Estoy convencido de que una educación sin lectura es imposible. Más todavía, no hay educación sin el placer de la lectura. ¿Qué cosa sea el placer de la lectura? Es algo que no puede definirse sin haber pasado previamente por su experiencia. Quien no haya experimentado alguna vez en su vida el sacrificio, la brutalidad, que supone tener que abandonar o suspender la lectura de un libro cuando más estamos metidos en él, nunca sabrá qué es el placer de la lectura. Es una experiencia común a todos los seres genuinamente humanos ese tipo de felicidad que, alguna vez en nuestras vidas, hemos sentido ante la lectura de un texto. Este placer es grandioso, un sueño casi inalcanzable dice Gabriel Zaid: "Mi sueño es desmesurado. Tener todo el tiempo del mundo para leer sin que me interrumpan".

Repito, pues, lo mantenido en otras ocasiones. Nada hay más brutal que tener que interrumpir la lectura de un libro. Es un ataque a la felicidad. Es un golpe bajo a esa gloriosa coincidencia de nuestros deseos con la realidad, que así es como María Moliner define la felicidad. Es difícil hallar un placer comparable al de la lectura. Te da todo sin arriesgar nada. Yo formo parte de ese grupo de lectores que disfruta con sólo imaginar los libros que me esperan en mi biblioteca para ser leídos... Es el mismo placer primario, animado y animal, que uno siente ante un manjar exquisito, cuando lo contempla. Leer un libro es, antes que nada, una forma de vivirlo. De gozarlo. Delicioso es siempre el placer de la lectura. Nos da vida. Vivimos otras vidas. El lector que vive el libro, lo lee, y luego recuerda su goce, es el arquetipo buscado por quien lo escribe. Gracias al libro vivimos en la imaginación, el sentimiento primero, y en la razón y el diálogo después, otros mundos, otras vidas, tan reales o ficticias como la nuestra.

El doblez del ser humano, que otros llaman la dualidad del hombre, es satisfecho por ese doble placer que produce la lectura. Satisface con holgura tanto nuestra parte de ser animal como de ser racional. José Gaos explica ese proceso con relativa sencillez: la forma primaria de vivir un amor es sentirlo y proceder en consecuencia; la de vivir a Dios o con Dios, creer en Él y rendirle culto; la de vivir un paisaje o un cuadro, contemplarlo; la de vivir un libro, leerlo. Esta lectura animada por nuestra forma perceptiva y primaria de vivir nos introduce en un mundo que impide distinguir entre fuera y dentro; lo virtual es real y viceversa. Es la lectura que nos atrapa sin saber distinguir la realidad de la ficción. Vivimos el libro de forma irracional, o sea leemos sin plantearnos pregunta alguna sobre el texto de la lectura. Vivimos y leemos sin preocuparnos "si somos lo que leemos" o, por el contrario, "leemos lo que somos". Esas preguntas son ajenas a la singularidad vital de la lectura.

Leer es como respirar. La vitalidad de la lectura es única. Empieza por el detenimiento y concentración que nos impone leer. Es como si tuviéramos que concentrar todas las fuerzas del cuerpo en la actividad, en realidad, en la entrega de ser otros. Es como si el cuerpo cediera toda su fuerza a la imaginación. Quien sigue leyendo, o sea, quien sigue empeñándose en imaginar otras vidas está doblando y hasta centuplicando la suya propia. La lectura se ofrece a todo el mundo como participación en una vida más grande. La lectura se sale del libro. Te da vida. Leer, pues, es vivir más. He ahí la grandeza de la lectura para una educación de calidad. Don Quijote lo dijo con claridad y distinción: "El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho".

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