La convocatoria de elecciones firmada recientemente por Artur Mas es tan ordinaria como plebiscitaria la configuración de los bloques que se presentan. Podría resumirse en indepentistas y en unionistas, pero es bastante más complejo. Para empezar, porque no todos los que respaldarían la secesión se encuentran bajo el paraguas de Juntos por el Sí y segundo, porque los partidarios de la permanencia en España disputan los comicios por separado.
Pese a esto, la lista de Mas se mueve en el entorno del 35 por ciento de los votos y 56 escaños, lejos de los 68 que marcan la mayoría absoluta. Entre Ciudadanos, PSC y PP podrían alcanzar los 55, a los que podrían sumarse los de Unió (UDC), cuya postura en relación con el proceso soberanista divorció de CiU. CUP, crítico y fuera de Juntos por el Sí, estaría no obstante en el bando de la estelada en caso de tener que decantarse.
Fundamental el papel de Cataluña, sí se puede, combinación de fuerzas inspirada en la fórmula que llevó a la Alcaldía de Barcelona a Ada Colau y que según algunas encuestas no anda lejos del primer puesto. Su postura es favorable al derecho a decidir y no tan clara sobre la separación del Estado. Sí se conoce que en una hipotética votación en el Parlamento autonómico con tal fin habría libertad para que cada diputado obrara en conciencia.
Los sondeos también miden -o tratan- estados de opinión, percepciones. El último del CEO, organismo adscrito a la Generalidad, determina que un 50 por ciento de los catalanes no desea la independencia, frente a un 42,9 que sí, y que para un 60,5 por ciento, los mayores problemas de la región son el paro y la precariedad. Habrá que atender a los distintos programas para observar las políticas previstas en estos campos.