En Estados Unidos la inmigración se ha convertido en uno de los temas que más preocupa a los norteamericanos hasta el punto de que la posición que se mantenga hacia los flujos migratorios en la frontera de México con Estados Unidos se considera una baza decisiva para alcanzar la victoria a la cotizada nominación como candidato del partido republicano.
El pasado 6 de agosto tuvo lugar en Cleveland (Ohio) el primer debate televisivo sobre las elecciones presidenciales de noviembre de 2016 en Estados Unidos. Aunque son 17 los sujetos que aspiran a la nominación del partido republicano, la cadena Fox eligió para participar en el debate a los diez mejor posicionados, conforme indicaban las últimas encuestas.
El empresario multimillonario y estrella televisiva, Donald Trump, aprovechó su momento de gloria para arremeter contra el gobierno mexicano, acusándole de introducir por la frontera con Estados Unidos criminales e indocumentados. Una vez más, insistió en la necesidad de construir un muro para evitar la entrada de inmigración irregular y, por supuesto, dejó clara su posición en contra de la amnistía y a favor de la deportación de los once millones de ilegales que actualmente viven en Estados Unidos. Su radicalización y brutal franqueza parecen calar hondo en el electorado, a pesar de su falta de experiencia en la esfera política y crear una verdadera caricatura de la clase política afianzado en su lema de que no hay nada peor que la mesura y la corrección política.
Resulta curioso cómo las posiciones respecto a la inmigración varían considerablemente de un candidato a otro ante la incógnita de cuál es la estrategia mejor para ganar. Entre otros, Jeb Bush se presenta con un perfil más moderado, al apoyar una reforma migratoria que garantiza la igualdad de oportunidades para los hispanos. Su sensibilidad contrasta crudamente con la de Donald Trump en virtud de su experiencia como Secretario de Estado de Comercio del Estado de Florida y como gobernador de dicho Estado a lo largo de ocho años. Quizás en su aproximación hacia el problema migratorio pueda influir también su matrimonio con una mexicana.
Por otra parte, Marco Rubio se presenta como candidato un tanto ambiguo en su posicionamiento ideológico respecto al problema migratorio. Recordemos que no disimuló un ápice al apoyar los planes del presidente Obama para regularizar a hijos de los sin papeles, y solo debido a las fuertes críticas recibidas por el sector conservador se vio obligado a desdecirse, lo que le convierte en un candidato incómodo por su falta de firmeza. Sin embargo, en el debate pareció sumarse a la posición de Trump de construir un muro fronterizo con México para evitar la entrada de indocumentados.
Ted Cruz, que desde el 2013 es el primer senador hispano por el Estado de Texas, se posiciona también bastante crítico con respecto a los flujos migratorios abogando por erradicar el problema desde posturas similares a las de Trump. Aunque resulta ser el favorito del Tea Party, posiblemente sea su estilo más reflexivo y calculado lo que le impide empatizar con el electorado de la misma manera que lo consigue el primero a pesar de sus exabruptos y deliberada falta de formas.
Tras el debate de Cleveland, se producirán otros once más entre los candidatos republicanos. El último se prevé que tenga lugar en el mes de marzo de 2016. La convención para designar al candidato republicano a la Casa Blanca se celebrará en julio de 2016 precisamente en el mismo lugar donde se celebró el debate de estos últimos días.
Si uno reflexiona sobre el panorama político ante las elecciones presidenciales en Estados Unidos, da la sensación de que lo que busca el electorado norteamericano es básicamente entretenimiento y por eso conecta con facilidad con tipos como Trump. Resulta, a mi modo de ver, preocupante que la espontaneidad, la desmesura, la falta de escrúpulos, y hasta la grosería en el caso de Trump, al referirse despectivamente a las mujeres –incluida la moderadora del debate-, puedan imponerse sobre la formación, la vocación de servicio público, la corrección ética y la profesionalidad.
Esperemos que este circo televisivo solo sirva para frivolizar temporalmente creando escenarios ilusorios para candidatos políticos que no están a la altura de las circunstancias. El tiempo corre y creo que se necesita un discurso de nivel, serio y con contenido que conduzca a encontrar entre los candidatos del ala republicana una verdadera alternativa de gobierno y un aspirante que rivalice con la popular Hillary Clinton, favorita a la nominación del Partido Demócrata.