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TRIBUNA

En la cuna del catalanismo actual (V)

José Manuel Cuenca Toribio
jueves 10 de septiembre de 2015, 22:49h

El más egregio hasta el momento presente de los hispanistas galos –a su vez, los más buidos y preclaros entre todos sus congéneres de otros países-, Pierre Vilar (1906-2003), dio a la estampa en 1962 su monumental tesis de doctorado –principiada en 1928 y concluida un tercio de siglo más tarde-La Catalogne dans l’Espagne moderne. Recherches sur les fondements économiques des structures nationales(16.000 ejemplares hasta 2002, 11.000 en catalán, según R. Congost y J. Nadal, “La influencia de la obra de Pierre Vilar sobre la historiografía y la conciencia española”, en el libro colectivoLa historiografía francesa del siglo XX y su acogida en España.Madrid, 2002, p. 235). Recibida al sur de los Pirineos con el aplauso unánime a que, sobradamente, era acreedora, su recepción en el Principado rondó los límites de un espectáculo de masas. Tales fueron la audiencia y el calor conque se la recibiese. Como lo intuyeran y expusieran algunos otros estudios precedentes y, con mayor o menor veladuras, el propio Vicens, la centuria dieciochesca que contemplara en su arranque la brutal extinción del último gran sueño de una Catalunya dueña de su destino, vería también en sus postrimerías la recuperación indesmentible de su prestigio e irradiación en todos los ámbitos de una nación que no tardaría en perder su rango imperial. Con un trabajo tan eficaz como rentable, los catalanes aquistaron una centralidad en la inmensa mayoría de los resortes del sistema productivo, tejiendo a ambas orillas del Atlántico una red de influencias intacta y todopoderosa a través de las incontables vicisitudes de los doscientos años siguientes. El siglo borbónico, “el de las Indias y el comercio”, vino a ser así el del retorno de la envidiable prosperidad material del Principado, echando los cimientos de un liderazgo español en todas y cada una de las facetas más salientes del país en su recorrido por la contemporaneidad, sin que quedaran por entero marginadas, como a las veces se aduce, las altas esferas castrenses o financieras, y nada se diga, por supuesto, de las eclesiales, donde dicha hegemonía fue tan irrebatible como prolongada… La historia de las elites en la España de los últimos doscientos años es, en buena parte, la de las elites catalanas, con la excepción –y parcial…- de las políticas.

Cuando el franquismo se hallaba social y económicamente más roborante, esto es, en los decenios centrales del siglo XX, los cuadros dirigentes de la sociedad del Principado –empresarios de muy variado espectro, alto clero, burócratas de rango superior, catedráticos, intelectuales- hicieron suyas –importará insistir en fenómeno tan crucial- la visión e ideología desprendida del relato histórico vilariano y, en especial, vicensniano; relato que ni en sus apuntaciones más audaces mostraban sesgo alguno proindependentista –la censura dictatorial no era ya lo que fue…-, pero cuyo nítido mensaje a una sociedad en búsqueda acezante de su personalidad –perdida o secuestrada a manos de los vencedores de la guerra civil- era el de poseer todos los atributos de una nación presta a revalidar pasadas hazañas y a exigir del Estado español las mayores cotas de autonomía, en un itinerario al que nunca se le pondría final…

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