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POCO A POCO

Un presidente cobarde y mentiroso

Borja M. Herraiz
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borjamotaelimparciales/10/5/10/22
lunes 26 de octubre de 2015, 02:40h
Actualizado el: 26 de octubre de 2015, 18:07h

Me lo creí, así de simple. Reconozco que cuando el 4 de noviembre de 2008 un victorioso y henchido de orgullo Barack Obama dio su discurso ante 100.000 personas en el Grant Park de Chicago yo también me contagié de ese optimismo, de esa ola de promesas de cambio. Por tanto, asumo, ahora que está a punto de decir adiós a la Casa Blanca, mi parte de culpa en esta farsa.

Obama ha acabado por ser un presidente cobarde y mentiroso, y todavía no tengo claro qué prevalece sobre lo otro. Me explico: la cosa ya empezaba a pintar mal al otorgarle el Nobel de la Paz cuando su único mérito había sido llevar un nuevo juego de cortinas al Despacho Oval. Ni que decir tiene, y así lo ha denunciado recientemente un exmiembro de la organización, que el galardón lleva siendo objeto de presiones y manipulaciones desde hace tiempo, y el de ese año no fue un caso extraordinario. De ahí a las que nos han colado durante todos estos años hay un largo trecho bien embadurnado de cara dura y mala leche.

El presidente de Estados Unidos ha resultado ser un cobarde porque, aún criticando la estrategia militar de su predecesor, George W. Bush, él ha sido con creces, de todos los inquilinos de la Casa Blanca, el mayor precursor del uso de drones contra civiles, nueve veces más que el tejano. Por un lado predicaba con la concordia y la amistad entre los pueblos (temí por momentos que se retomara aquella famosa Alianza de Civilizaciones de Zapatero) y, por el otro, bombazo en una escuela, en un hospital...

Sus víctimas se cuentan por miles, y el simple hecho de que sean ciudadanos de países que a pocos importa, del corte de Afganistán, Yemen, Paquistán o Iraq, a los que ha dejado tirados con un repliegue militar a medio acabar, no hace menos execrables sus delitos.

Cobarde también por no haber sabido plantar cara cuando debía a algunos de esos omnipresentes lobbies, como el financiero, que se ha ido de rositas de la crisis mundial que provocó y que tanto daño ha causado a, entre otros, España.

Además, deja la Casa Blanca con la tensión racista por las nubes, y eso que prometía ser el mandato de la integración y la tolerancia, o al menos eso decía en aquella fría noche de Chicago. Que se dé una vuelta por Ferguson a ver cómo lo llevan.

Tampoco se debe olvidar que se muda del Despacho Oval sin haber atajado el problema de las armas en las aulas, un mal endémico que periódicamente deja a chavales tiroteados por todo el país. ¿Cuántos muertos por arma de fuego ha habido en centros educativos en Estados Unidos con Obama de presidente? No tire de Google, ya se lo digo yo: 64 víctimas mortales hasta la fecha.

No menos cobarde es por no haber prevenido y atajado los modos de matón de Vladimir Putin a la hora de anexionarse por la cara, por no decir robar a mano armada, Crimea y gran parte del este de Ucrania saltándose a la torera esa legislación internacional que Washington desprecia o esgrime a conveniencia.

Al final ha sido el propio ruso el que le ha dejado por pacato y ha tomado cartas en el asunto de verdad en Siria. Podrá ser más o menos justificado el fin último de la intervención del Kremlin en Oriente Próximo, pero por lo menos ha dado un golpe en la mesa y ha movido ficha.

Pero si algo me ha tocado la fibra últimamente en lo concerniente a Obama, será la profesión, ha sido lo de Seymour Hersh. Hace unos meses, este veterano periodista puso en duda la versión oficial dada por la Casa Blanca sobre cómo se acabó con la vida de Osama bin Laden en Abbotabad, uno de los grandes tantos que se quiere llevar para la historia la administración saliente, en un extenso artículo publicado en la London Review of Books.

Decir que varios miembros del Gobierno, muchos de las distintas agencias de Inteligencia, otros tantos palmeros de los medios e incontables entre las filas demócratas le dieron palos hasta el infinito es quedarse muy corto. Poco más o menos que se le enterró profesionalmente, y eso que algunas de sus afirmaciones eran de perogrullo, muy fáciles de contrastar.

Ahora, tras recibir el respaldo de The New York Times, que no es una gacetilla estudiantil precisamente, parece ser que poco a poco la versión de Hersh va siendo tomada por buena después de que Obama se plantara delante de 320 millones de estadounidenses, delante del mundo entero, y nos contara una película digna de Hollywood (literal, ahí está Zero One Thirty, el film de Kathryn Bigelow). Poco le ha importado durante todos estos meses que un profesional fuera linchado por sus mal llamados colegas.

El bueno de Hersh, obviamente, no espera una llamada del Despacho Oval para pedirle disculpas por haber contribuido por omisión en esta caza al mensajero. No se estilan los buenos modos en el hogar de los Obama, ni siquiera ahora que está a punto de dejar la Casa Blanca, en mi opinión, como un cobarde y un mentiroso y, por supuesto, por la puerta de atrás.

Borja M. Herraiz

Jefe de Internacional de El Imparcial

BORJA M. HERRAIZ es jefe de Internacional en El Imparcial

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