Y DIGO YO
Mas hace el ridículo… otra vez
Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 12 de noviembre de 2015, 20:30h
Actualizado el: 11/12/2015 21:26h
Existe una habitual disposición a sentir pena por quien se ve menospreciado, por no decir desairado o insultado, después de haber sido parte de una realidad en la que ha puesto especial empeño. En el caso de Artur Mas no hay lástima ninguna. Tiene lo que se merece. Él solito se lo ha buscado. Sabía dónde se metía y, además, fue advertido con la suficiente antelación y desde distintos frentes.
El líder convergente transmutado en adalid de separatistas ha hecho el ridículo de la forma más espantosa dos veces. En realidad, muchas más, pero dos sonoras. Empezando por la última y más reciente, este jueves, cuando el Parlamento catalán ha rechazado por segunda vez en la misma semana su investidura. Es la primera vez en la Historia que dejan en la estacada de esta forma tan humillante a un candidato a ‘president’.
El ‘molt honorable’ sólo ha conseguido los votos a favor de sus amigos de Juntos por el Sí, aunque los anticapitalistas de la CUP no cierran la puerta a un futuro acuerdo gracias, en buena parte, a la “bajada de pantalones”, perdón, rendición más absoluta, de Mas, que ya no sabe qué hacer para que le apoyen.
Y digo yo: ¿Cómo quieren formar un país si no son capaces siquiera de nombrar a un presidente que les dirija?
Hizo el ridículo también, anteriormente, cuando sin participar en una manifestación independentista en la que alguien le dijo que había un millón de personas quiso, acto seguido, subirse al carro y abanderar una locura secesionista con aires de salvador, ínfulas de benefactor y libertador todopoderoso. La aventura no podía haberle salido peor. La historia de Mas en los últimos años es una suma de despropósitos, con cada vez menos apoyo popular y de la mano siempre de unos compañeros de viaje que nada tienen que ver con él ni su partido. Para su desgracia, lo está comprobando –y sufriendo– estos días.
Pobre y malo final para el president en funciones, que si llega a un acuerdo de investidura con la CUP tendrá que seguir haciendo concesiones a los más radicales del Parlament. Habrá que recordar que los pantalones no pueden traspasar el suelo. Otra opción es esa bella propuesta de un Gobierno coral. El “ohhhhhhhhhh” sobrevoló el ambiente cuando Mas proponía un Ejecutivo con un presidente florero y tres vicepresidentes que le hagan el trabajo.
Lo que sí entristece –o tampoco– es que Artur Mas piensa que con el “no” a su independencia va a tapar su nula acción de Gobierno, sin duda, también la peor de la Historia catalana. Pero lo que más perplejidad produce es ver cómo cree que con todo el “pitote” que ha montado se hará manga ancha con los casos de corrupción en su partido.
Últimamente se escuchan muchos “presuntamente”. Los hay para quienes hablan de un presunto delito de rebelión o para los que no descartan la presunta prevaricación. La historia de Mas no se ha terminado de escribir. Eso es evidente.
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Periodista
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
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