Actualmente, vivimos momentos en los que casi todo puede ser y es cuestionado, lo que en muchas ocasiones es útil y enriquecedor, al ampliar la visión del objeto o tema enjuiciado. Y digo casi todo, al pensar de forma rotunda en la pervivencia de criterios que deberían resultar incuestionables, como es “la vida”. Me hago esta reflexión, al despertarme esta mañana de otoño, disfrazada de primavera en su luminosidad, con los sucesos acaecidos en la noche del viernes 13, en París.
-Mis sentimientos, van desde el total rechazo a la violencia, hasta cuestionarme mi derecho a la seguridad, comprendiendo las enormes dificultades que representan para las fuerzas del orden, el control de terroristas capaces de inmolarse, sin caer en la privación de libertades a la ciudadanía, pasando por el intento de justificación por los ejecutores de estas acciones, como hace siglos, en nombre de dios. De toda esta mezcla y la posibilidad de añadir muchos más ingredientes, me gustaría quedarme con algo tan evidente como es el creer que en el vértice de la pirámide de lo irrebatible e incuestionable, esta “la vida”.
-El valor de la vida, es un referente continuo en la historia de la humanidad, estando regulada desde siempre su pérdida, en todas las culturas, con los mayores castigos para los que de forma voluntaria ocasionan la muerte ajena. Nuestra sociedad actual, llega a dar tanta importancia a “la vida” que en su mayoría, rechazamos como pena máxima, la muerte del culpable. Pues subyace la idea al margen de otras consideraciones, de no tener derecho a privar a nadie de nuestro bien más preciado.
-Muchas de las reuniones en las que participo con un grupo de viejos amigos, (generalmente con mesa y mantel), se inician con un brindis por la vida, promovido por uno de nosotros, desde hace tiempo. Costumbre que hace años chirriaba en nuestros oídos, habituados a solicitar mediante dicho acto, salud o siendo utilizado para homenajear a alguien, hoy y cada día ,con más intencionalidad, me parece lo más apropiado.
-Por desgracia en mi profesión, con cierta frecuencia, hacemos de mensajeros de noticias, siempre de forma aproximada y solo como pronóstico, del estimado de vida restante del paciente y aun siendo muy dispares las reacciones de los interesados, serán excepcionalidad y mayormente por creencias religiosas, los que no sientan cierta dosis de angustia, ante el más o menos próximo suceso.
-Reconociendo la obviedad de lo anteriormente escrito, me gustaría que reflexionáramos sobre el valor en si mismo de la vida. Cuidándonos a nivel saludable, disfrutando de lo muy positivo que podemos encontrarnos en ella y siendo absolutamente intolerantes con los que pretendan dañarla o destruirla.
-Termino con dos referencias a la vida escritas por personas, ejemplos de vitalidad. Así Gregorio Marañon ripia:
Vivir no es sólo existir,
sino existir y crear,
saber gozar y sufrir,
y no dormir sin soñar.
Descansar es empezar a morir.
Y Albert Einstein nos dice:
La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal sino por las que se sientan a ver lo que pasa.
Recemos por París y brindemos por la vida.