www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ESCRITO AL RASO

La hidra del Daesh

David Felipe Arranz
domingo 15 de noviembre de 2015, 19:18h

Vivimos un tiempo difuso en el que la vida se nos ha vuelto líquida, como afirma el sabio Zygmunt Bauman. Aquí, ahora, hoy, es donde vivo: mañana, quién sabe; aquí, conmigo, se encuentra mi pareja: dentro de unos días, igual ya no lo es. También la muerte es actriz principal del melodrama de la vida moderna líquida: cuidadosamente elegidos, los escenarios del horror en el que los terroristas acabaron con la vida de 129 personas el pasado viernes en el corazón de París han sido los restaurantes Le Petit Cambodge y Le Carillon, las inmediaciones del Estadio de Francia durante el partido Francia-Alemania, la terraza de Bonne Bière, la concurrida rue de Charonne y la sala de fiestas Bataclan –solo en ésta murieron acribilladas a balazos o rematadas en el suelo más de 80 personas, entre ellas tres españoles–. Sorprende la juventud de los terroristas abatidos o inmolados anteayer: muchachos de entre 15 y 20 años, algunos de nacionalidad francesa.

Todavía faltan veinte cadáveres por identificar. Desde el uso de la violencia pública para establecer un estado del terror que vivió Camboya con los Jemeres Rojos, el mundo no había asistido a un momento mayor de pánico ni de amenaza, mientras los nibelungos del euromarco tratan de contener la oleada de inmigración siria. Los asesinos del ISIS se han especializado en el miedo: son productores de vídeos protagonizados por combatientes que ejecutan desde corresponsales extranjeros a cualquier peshmerga(soldado kurdo), yazidí o chiita opositor. El terrorismo yihadista, una letal combinación de fanatismo religioso y experiencia militar, gravita ahora sobre nosotros como una hidra antigua, eterna, sangrienta. Aspira a conquistar el mundo y a convertirlo en un califato global que soplará y aullará no solo sobre los infieles de Occidente, sino en sus propios países de origen, desde la frontera de Iraq con Irán hasta el Kurdistán iraquí y la periferia de Alepo, la ciudad más grande de Siria.

El ISIS (o Daesh) es una fuerza guerrillera deslocalizada y móvil que, a diferencia de las estructuras militares occidentales, no cuenta con una organización dividida en bases ni en cuarteles generales establecidos. Atacar las refinerías locales de oro negro y bombardear los almacenes de grano en Oriente Medio no parece surtir ningún efecto, salvo con la población civil, cada vez más maltrecha y entregada al éxodo mortal y desesperado. El objetivo del Daesh es exterminar la seguridad y el optimismo de Occidente, la euforia plena de la seguridad total. Eso se acabó.

La solución, por el momento, no parece pasar por el envío de más aviones bombarderos a Siria, donde las adhesiones a la causa del ISIS se incrementarán aún más, si cabe. Mientras tratan de aniquilarse mutuamente, ni los rebeldes moderados sirios ni el gobierno de Bashar al-Assad –escaso de tropas de combate–, sus enemigos más cercanos, son capaces de hacer retroceder al Daesh. Los intereses económicos y geoestratégicos de los “patrocinadores” de la guerra de Siria –Estados Unidos, Rusia, Arabia Saudita e Irán–, guardianes del statu quo político en Oriente Medio, están lejos de buscar una solución al fundamentalismo islamista. Es la fantasía, horriblemente sucia, de la guerra dirigida.

El Daesh juega con la ventaja del miedo, el que los sunitas tienen de que el triunfo de Al-Assad traiga un tiempo aún peor. Y el presidente sirio tampoco desea, en un ejercicio de ambigüedad, forzar a sus ciudadanos a elegir entre él y los yihadistas que degüellan y aniquilan prisioneros. A medida que las expediciones de castigo de los estadounidenses y franceses crezcan, el peligro será aún mayor. Según relata un correo electrónico que el periodista Patrick Cockburn recibió de una amiga sunita residente en Mosul: “debido a ese bombardeo (del gobierno), los jóvenes están uniéndose al ISIS por decenas, si no es que por cientos, ya que esto incrementa el odio hacia el gobierno, a quien no le importa que los sunitas sean asesinados y utilizados como blanco (…) Las milicias del gobierno atacaron los pueblos sunitas de los alrededores, asesinando a cientos de personas con la ayuda de los ataques aéreos estadounidenses”. Un miembro de la Comisión de Investigación de Naciones Unidas en Siria, Karen Koenig Abu-Zaid, ha afirmado que cada vez más rebeldes sirios están desertando para unirse a ISIS, contra el que poco pueden –ni tal vez quieran–hacer los aviones de la coalición de los Estados Unidos.

La oscura, hipócrita y siniestra paradoja es que esta misma coalición, con el apoyo de Arabia Saudita, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos, con tal de derrocar a Al-Assad, han estado suministrando miles de dólares, armas y carros de combate durante años a cualquiera que quisiese luchar contra Al-Assad, yihadistas extremos inclusive, según ha reconocido el vicepresidente de los Estados Unidos Joe Biden, el 2 de octubre de 2014, en una conferencia celebrada en el Instituto de Política de la Universidad de Harvard. Pero esto no es nuevo: desde la guerra afgano-soviética, Estados Unidos ha apoyado y entrenado a Al-Qaeda y a sus filiales terroristas. Desde 1982 a 1992, la hidra viscosa de la CIA creó campos de entrenamiento en Pakistán para 35.000 yihadistas que fueron a luchar junto a la yihad afgana contra la Unión Soviética: Ronald Reagan llegó a llamarlos “luchadores por la libertad” y el propio Osama bin Laden fue reclutado por la CIA en 1979.

La desintegración de Iraq y Siria cada vez es mayor: chiitas, sunitas, kurdos, alauitas y cristianos están luchando por su propia existencia, frente a la imposición sangrienta del ISIS de su variante sectaria y radical del Islam. Para el ISIS, cualquiera que esté en contra de sus reglas es un apóstata o politeísta. El fin del conflicto Sirio supondría el regreso a su patria de la mayoría de refugiados que vagan por Europa. Una tregua entre el gobierno y los rebeldes moderados, con la ayuda de Hezbollah y el PPK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán) podría reforzar la lucha contra el Daesh, pero eso no interesa en los pudrideros del Poder mundial.

España, Italia, Gran Bretaña y Estados Unidos también están en el punto de mira del yihadismo. Este momento de terror y de entornos amenazados no nos debe hacer olvidar que el Daesh, rama de Al-Qaeda, desde los inicios de la guerra siria, en marzo de 2011, recibe a mercenarios bien entrenados por agencias de inteligencia occidentales. Ahora son grupos que no paran de conquistar territorio, cercanos ya a una guerra mundial marcada por el cinismo y que se desarrollará con unos parámetros diferentes. Nuestro tiempo, esquizoide, es tan resbaladizo y heterogéneo por la dualidad de nuestra conciencia: Occidente creó el monstruo, pero acabar con él ahora resulta una tarea poco menos que imposible.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (10)    No(0)

+
0 comentarios