TRIBUNA
Haciendo selfis con el terrorismo
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
jueves 19 de noviembre de 2015, 20:27h
Con el gran atentado yihadista en París, muchos medios de comunicación españoles han hecho un esfuerzo informativo enorme, pero que ha tenido algo de autofoto o de selfi, debido a que el protagonismo de los informadores se ha impuesto a las noticias del horrendo suceso. Las emisoras de radio y televisión, acuciadas por la inmediatez de las redes sociales, han querido competir en el terreno de la cercanía y de la espontaneidad, sin mucho éxito, ocasionando además que la opinión y la información periodística se resientan en su calidad profesional.
Tantas horas de emisiones en el mismo lugar de los criminales sucesos, ¿han servido para que la audiencia esté mejor informada de esos sucesos y de las consecuencias de los mismos? Una de las noches posteriores al atentado desconecté la emisión cuando escuché una tertulia de informadores españoles que medio se quejaban de que los medios informativos franceses no estaban dando imágenes de las personas heridas o muertas en el atentado. Uno de nuestros informadores se asombró del escrúpulo de los periodistas franceses, cuando le aseguraron que este proceder no obedecía a instrucciones superiores, sino que formaba parte de una convención profesional de la prensa del país vecino.
En ese momento cambié de emisora. Pienso que ese enfoque, que se acerca al sensacionalismo, no informa mejor. Creo, además, que no fortalece las virtudes de una ciudadanía exigente con los múltiples poderes de una sociedad como la nuestra. ¿Es un triunfo póstumo de un estilo que introdujo Encarna Sánchez, procedente de shows informativos latinoamericanos?
Mezclar periodismo con espectáculo tiene sus riesgos. El sensacionalismo periodístico con los crímenes del “Estado Islámico” ha sido publicidad e ingresos para esos yihadistas. En ese punto coinciden el coronel español de Estado Mayor, Pedro Baños Bajo, y John Jenkins, embajador británico en Arabia Saudí, Libia, Irak, Siria y Birmania, dos personalidades en asuntos islamistas, cuyas opiniones sobre la amenaza yihadista han tenido gran difusión en esta semana.
El coronel Baños se preguntaba por qué en youtube se puede ver en todo tiempo las bestiales decapitaciones, y toda la serie de horrores del EI, cuando las imágenes con mucha menor violencia no durarían en la red pocos minutos, dada la reacción que producen, por ejemplo, los delitos sexuales que afectan a niños y mujeres.
Los dirigentes del EI no son unos primitivos salvajes. Por el contrario, su brutal maldad posee una lógica eficiente, y cuando cortan cabezas de extranjeros, o queman prisioneros dentro de jaulas, o asesinan ciudadanos en Francia (y en Europa) necesitan que se conozcan sus imágenes, pues así consiguen varios objetivos a la vez: demuestran su capacidad para la guerra santa, atraen adeptos, aterrorizan a los enemigos y rivales, aumentan las donaciones económicas, y consolidan su poder y su liderazgo dentro de las masas humilladas de Irak, Siria y demás países musulmanes. Detrás de ese terror se encuentran cerebros profesionales, que lo mismo venden petróleo (¿y quién lo compra?), piezas de arte histórico, que contratan con empresas globales de publicidad (que distribuyen los ajusticiamientos), o que mantienen relaciones con servicios secretos de países como Turquía y Arabia Saudí.
Después del derrocamiento de Sadam, la política del presidente Bush en Irak no acertó creando un nuevo Estado. El embajador John Jenkins califica de “Robespierrean mechanism” el método usado para expulsar a los sunitas de las Fuerzas Armadas y de la Administración, muchos de los cuales fueron encarcelados y ajusticiados, incluso sin juicio previo, como partidarios de Sadam Husein. El primer ministro chiíta, Nuri al Maliki, llevó adelante esa purga, con lo que hizo imposible el consenso para estabilizar el Estado iraquí, y lo que fue peor, con su sectarismo consiguió que muchos altos cargos civiles y militares, expulsados de sus puestos, engrosaran la resistencia sunita, que al final alumbró en el “Estado Islámico”.
¿Estamos en guerra con el “Estado Islámico”, una frase que ha alimentado el morbo periodístico desde que la pronunciara el presidente francés? El presidente François Hollande tiene razones de política interna -el lepenismo que no cesa- para adoptar una postura belicosa. La opinión pública francesa está en la misma dirección, y los intelectuales, como Bernard-Henri Levy, marchan en vanguardia. Pero Estados Unidos, y algunos de sus socios europeos, no lo ven claro, especialmente cuando la Rusia de Putin -y apoyo básico del sirio Asad (un chiíta respaldado por Irán)-, acompaña a Francia en su estrategia puramente militar.
Si se asalta con infantería y fuerzas mecanizadas, además de por el aire, el Estado Islámico será vencido rápidamente. Pero la humillación, y la fuerza de la venganza, se incrementará en las masas humanas de esos países, convirtiendo Oriente Medio en unas arenas movedizas para las democracias occidentales. ¿En quién nos apoyaremos?¿En los kurdos? Recordemos que el problema empezó cuando se armó a Bin Laden para echar a los rusos de Afganistan. En lugar de buscar al enemigo de mi enemigo, parece sensato encontrar un gran acuerdo internacional, con participación de países islámicos, para cortar de raíz la financiación que goza el llamado “Estado Islámico”, que así se extinguiría. Pero esa operación exige inteligencia y discreción, nada de selfis.
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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