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MISA EN RECUERDO DE LOS MÁRTIRES UGANDESES

El Papa reclama en Uganda un sociedad más justa que no excluya a nadie

EL IMPARCIAL
sábado 28 de noviembre de 2015, 15:29h
Actualizado el: 28/11/2015 15:35h
El Papa a su llegada a un acto con jóvenes en Kampala (Uganda). Efe
El Papa a su llegada a un acto con jóvenes en Kampala (Uganda). Efe
El Papa ha pedido este sábado en Uganda construir una sociedad más justa sin excluir a nadie. Lo ha hecho en una multitudinaria misa en la que ha rendido homenaje a los mártires ugandeses.

Durante su viaje a África, el Papa ha ofrecido este sábado una misa multitudinaria en Uganda en la que ha recordado el sacrificio de los mártires ugandeses, "cuyo cuyo testimonio de amor por Cristo y su Iglesia ha alcanzado precisamente 'los extremos confines de la tierra'".

Cada día, ha dicho Francisco, "estamos llamados a intensificar la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, a 'reavivar' el don de su amor divino para convertirnos en fuente de sabiduría y fuerza para los demás", a lo que ha añadido, según informa el Vaticano, un recuerdo de los santos José Mkasa y Carlos Lwanga que transmitieron el don que habían recibido: "Lo hicieron en tiempos difíciles. No estaba amenazada solamente su vida, sino también la de los muchachos más jóvenes confiados a sus cuidados. Dado que ellos habían cultivado la propia fe y habían crecido en el amor de Cristo, no tuvieron miedo de llevar a Cristo a los demás, aun a precio de la propia vida. Su fe se convirtió en testimonio; venerados como mártires, su ejemplo sigue inspirando hoy a tantas personas en el mundo. Ellos siguen proclamando a Jesucristo y el poder de la cruz".

Si, a semejanza de los mártires, reavivamos cotidianamente el don del Espíritu Santo que habita en nuestros corazones, "entonces llegaremos a ser de verdad los discípulos misioneros que Cristo quiere que seamos". Sin duda, dice Francisco, "lo seremos para nuestras familias y nuestros amigos, pero también para los que no conocemos, especialmente para quienes podrían ser poco benévolos e incluso hostiles con nosotros".

El testimonio de los mártires nuestra, a todos los que han conocido su historia, entonces y hoy, "que los placeres mundanos y el poder terreno no dan alegría ni paz duradera". Es más, la fidelidad a Dios, la honradez y la integridad de la vida, así como la genuina preocupación por el bien de los otros, "nos llevan a esa paz que el mundo no puede ofrecer". Esto no disminuye nuestra preocupación por las cosas de este mundo, como si mirásemos solamente a la vida futura. Al contrario, "nos ofrece un objetivo para la vida en este mundo y nos ayuda a acercarnos a los necesitados, a cooperar con los otros por el bien común y a construir, sin excluir a nadie, una sociedad más justa, que promueva la dignidad humana, defienda la vida, don de Dios, y proteja las maravillas de la naturaleza, la creación, nuestra casa común".

A su juicio, esta es la herencia que han recibido de los mártires ugandeses: "vidas marcadas por la fuerza del Espíritu Santo, vidas que también ahora siguen dando testimonio del poder transformador del Evangelio de Jesucristo".

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