www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Y Carmena armó el Belén

Juan José Vijuesca
miércoles 16 de diciembre de 2015, 19:55h

Permitan el eufemismo si les digo que el belén instalado este año por el Ayuntamiento de Madrid, en el espacio CentroCentro, de Cibeles, parece más bien de protección oficial. Se nota a las claras el bajo coste de la fe que se profesa en el consistorio. Error manifiesto en quienes confunden la expresión artística con la deidad religiosa, porque la laicidad es tan solariega como la contemplación de una obra artesanal de buen gusto, pero claro, en algunos premia más la terquedad que guardar culto a la historia.

Y ya que sale a relucir la historia, resulta inevitable rememorar la figura del Rey Carlos III, considerado como el mejor Alcalde de Madrid. Curioso cuanto menos que fuera este monarca quien expulsara a los jesuitas y a la vez quien nos trajera la costumbre del belén. Contraposición de elementos que viene a confirmar que lo divino y lo humano es algo táctil al recreo de los sentidos. La historia es lo que tiene, una vez encuadernada sigue manteniendo sus constantes vitales en nada que hagamos uso de ella.

Salvando de la quema el valor facial de una treintena de figuras del artista belenista José Luis Mayo, el resto es una exhibición desdeñosa en unos escasos 8 metros cuadrados. Diría que se trata de todo un atentado contra la virtud que han de tener los grandes acontecimientos, pero está claro que el gobierno de Manuela Carmena no es precisamente un dechado de generosidad cuando media acercarse al pueblo más allá de las tribulaciones ideológicas. En este nacimiento se han cargado todos los oficios artesanos, a saber, panadero, alfarero, herrero, hilanderas, lavanderas, molinero y lo que es peor, no hay niños, y ello no cabe achacárselo a la oposición, pues Herodes tampoco aparece representado.

Que el consumo durante la Navidad es pagano porque así lo dispensa el gran capital, pues claro. Pero el espíritu de la fiesta, lo que en verdad subyace en época de adviento es una sola cosa: Amor. Enorme concepto para quienes aún creemos posible el acercamiento a tan digna providencia, si ello trae causa mediante la breve contemplación de un misterio. Por eso conviene no tocar, no cambiar, no sustituir, ni tampoco desplazar esta probidad si de convivencia armónica hablamos; ahora bien, para los agnósticos ediles parece causa de confundir la filantropía navideña con la rancia costumbre de ser creyente o no serlo.

Por eso, cualquier representación de la doliente creencia individual hace que la magia nos conduzca a una reflexión de lo que somos y de lo que fueron en lejanos pasajes de la historia. De ahí que la Navidad no sea el tener que doblegarse a una religión, es intimar con la concordia, con el alto el fuego, con el amor de la reconciliación, con el reencuentro de lo lejano, con el valor de lo ausente; en definitiva, nada incompatible con otras manifestaciones populares de corte festivo.

No es más Navidad quien trata de cambiar la fe, sino quienes se identifican con las raíces de un mismo pueblo y con un idéntico legado cultural. Insisto, lejos de la intencionalidad religiosa, decir que el belén es una pieza de arte donde la estética de la imaginación nos regala un viaje en el tiempo en donde la fantasía de los Reyes Magos nos acerca a la voluntad de regalar algo de lo nuestro a los más necesitados o que el castigo de Herodes nos advierte de las guerras de poder cuando media una sombra de rivalidad que pueda arrebatarnos el sillón del consistorio; o bien que la huida a Egipto hoy sería entendida como escapar de Siria; y que el misterio de nacer, por mucha semillita y mucha reacción acrosómica que se discurra, aún tiene cabida en lo arcano de la vida misma.

Por eso, la costumbre belenística resulta tan seductora a los ojos de los honestos contempladores del arte y de la perspectiva que emana de la hondura del bien. Quizás haya que idealizar todo esto desde la óptica de los niños para mejor comprensión, pues nada mejor que ser niños para mirar con ojos de niños todo aquello que la imaginación de un Belén nos regala en valores, porque el buen arte, a veces, no es lo que se contempla, sino lo que uno es capaz de imaginar.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (16)    No(0)

+
1 comentarios