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TRIBUNA

El taimado y los ilusos

Natalia K. Denisova
sábado 19 de diciembre de 2015, 19:51h

Escribo el día de reflexión sobre el 20D. Un acontecimiento tan trascendental como las elecciones y sus resultados deben tomarse con cierta distancia. Nada mejor para ello que traspasar la frontera y asomarse a otros países. Estos días algunos medios de comunicación, por ejemplo, Intereconomía, hicieron este esfuerzo y se apartaron de la campaña electoral para alabar al presidente ruso, Vladimir Putin, por la conferencia de prensa con 1.390 periodistas. Ese ejercicio de transparencia, si fuera genuino, sería digno de elogio. Pero: ¿es creíble el montaje de Putin?, ¿es trasparencia real esa rueda de prensa masiva?, ¿qué pretende Putin mostrar al mundo ante miles de periodistas? En fin, el periodista español que ha asistido a esa rueda de prensa, y que tanto la alaba, ¿se ha informado bien de lo que pasa en Rusia?

Más que aclarar, en mi opinión, esa rueda de prensa esconde la realidad rusa. Son muy pocos los que se informan sobre la política que lleva a cabo el presidente ruso. De aquí los elogios del grupoIntereconomía a Putin, a quien presentan como el único defensor de los valores de Occidente contra el relativismo, contra el nihilismo y, por supuesto, contra el aborto… Defienden los de Intereconomía a Putin por ser contra-abortista, sin haberse enterado que el aborto en la Rusia actual es como en los tiempos soviéticos: aborta quien quiere y cuando quiere. Una cosa es la ideología de Putin y otra la realidad. Un rasgo definitivo de los defensores de Putin en España es su ofuscada incredulidad para no aceptar los datos concretos y reales sobre la vida en Rusia. Lo defienden, pasmados por sus discursos y gestos como esta conferencia de prensa, como el adalid y defensor de los valores más sólidos de Occidente y no quieren ni siquiera informarse cómo se traducen sus discursos en la política real.

Putin es uno de los líderes políticos más astutos de Occidente. Es bien conocido el amor a la lectura de Maquiavelo y de Loyola que tenían los líderes de la época soviética, pero es Putin, ciertamente, quien ha conseguido el manejo espectacular del maquiavelismo más perverso. Aprovecha cualquier ocasión para incrementar su prestigio fuera de Rusia. Dentro del país no le importa adaptar las medidas de tierra quemada, si sirven para mantener su régimen. Los que se llenan la boca con elogios a Putin no toman en consideración que los medios de comunicación rusos (no los del régimen) ven en esta conferencia anual otro signo del desprecio a los periodistas, en particular, y a los ciudadanos en general. Nadie espera las respuestas de Putin, no, lo que esperan es ver cómo va a evadirlas esta vez. Esa conferencia de prensa es un tinglado ideológico para ocultar las miserias del régimen. El país se hunde y Putin se dedica a hacer chistes para divertir a los asistentes. Ese sentido del humor, en realidad, esa expresión macabra de la ironía, es alabada por los tertulianos del Grupo Intereconomía. No entienden qué oculta ese “humor”.

Es vergonzoso defender al político que aniquila a su país, porque es incapaz de gobernarlo. La crisis económica en Rusia ya es algo muy real, y tiene todos los atisbos de convertirse muy pronto en una crisis de abastecimiento a la soviética o a la venezolana. El gasto social ha caído y va a caer más todavía, sin mencionar que los salarios han perdido su poder adquisitivo, y las perspectivas de mantener las pensiones son efímeras. La buena sanidad y la educación pública son tan reales como un unicornio. Los pocos medios críticos, ponerlo en plural es ya acrecentar su número, se indignan por el espectáculo tradicional de esta conferencia de prensa que nada aclara sobre el futuro del país. Y sin embargo, a muchos les agrada escuchar cómo este hombre carga contra Europa y sus líderes políticos. Los discursos de Putin están bien montados, naturalmente, recogen lo que falta en Europa, pero es propio de ilusos o de bellacos no entender que eso lo hace por ideología, o sea para engañar al mundo de lo que pasa en Rusia. En fin, ya lo dijo Lenin, contra el cuerpo, tortura, y contra el alma, mentira.

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