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MACGUFFIN

Rivera, en el fondo del mar y las urnas, mejor cerca

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
martes 22 de diciembre de 2015, 20:05h
Actualizado el: 22/12/2015 23:27h

Al final resulta que Ciudadanos sí que era la llave. Pero los resultados de los naranjas el 20 de diciembre no han sido los esperados y Albert Rivera debe estar buscándola en el fondo del mar. Matarile, rile, rile. No perdamos la perspectiva: 40 escaños para una formación política que lleva apenas un año en el campo de batalla nacional bien hubieran valido para descorchar el champán de estas extraordinarias Navidades antes de tiempo. Sin embargo, la expectativa hinchada a golpe de encuesta mató el domingo al payaso en la fiesta de Ciudadanos. Los dos escenarios más probables antes de que el recuento disolviera la esperada mayoría absoluta de la suma de PP y Ciudadanos –un Gobierno de Rajoy en minoría que terminaría sacando adelante sus propuestas en el Congreso con el apoyo de Rivera o un paso atrás del presidente para facilitar la investidura de otro candidato o candidata popular- se anulaban recién empezado el escrutinio. Y Ciudadanos perdió todo el protagonismo. Y sumas por aquí. Y un escaño arriba o abajo por allá. Y la realidad es que, con sus matices y personalidades diversas, el Parlamento salido de las urnas tiene una mayoría de la izquierda. La única mayoría posible.

Y lo que tiene la izquierda española, por encima de todo y desde la Transición, es una fragmentación endémica. Y si no, que se lo pregunten a Alberto Garzón. El pentapartito que aglutinaría en un Gobierno, aquí sí, con mayoría absoluta a PSOE, Podemos, ERC, IU y DiL es una opción a barajar, pero en realidad no tan probable, al menos si no hay cambios significativos dentro del PSOE. Para Pablo Iglesias, apoyar a Pedro Sánchez en su trastabillado camino hacia la Moncloa sería un suicidio político, además de una herida de gravedad para Podemos, muy cuestionado ya por sus bases por sus constantes ‘donde dije digo…’ Además, el posicionamiento de ambos partidos con respecto a Cataluña hace difícil imaginar un entendimiento y las tensiones internas que, apenas unas horas después del cierre de urnas, han empezado a aflorar en el partido socialista también juegan en contra de la movilidad de Sánchez.

A todos y cada uno de los candidatos se les ha llenado la boca de dignidad en campaña, asegurando quedarse en la oposición si no eran la lista más votada. Ahora tienen que mover ficha y decidir hasta qué punto están dispuestos a agachar la cabeza y hacer concesiones.

Guste o no, es muy probable que la efervescencia electoral que nos ha acompañado durante este año no se finiquite con las uvas de 2015. Y si el domingo fuimos a las urnas con el turrón y las luces de fondo, puede que las procesiones de Semana Santa terminen contextualizando una más próxima que lejana cita electoral. Ante el complicado esquema parlamentario, dejemos las urnas a mano.

De una nueva cita electoral, escenario inédito en España, el PP saldría reforzado. Si, vista la asimetría entre encuestas y resultados, muchos votantes potenciales de Ciudadanos optaron en el último momento por meter en el sobre la papeleta de los populares, una vuelta a las urnas podría terminar de inclinar la balanza del lado del PP. Con la llave, Rivera también ha perdido el interés de buena parte del electorado del centro-derecha, que volverá a los brazos populares como un amante arrepentido. También Podemos, probablemente el vencedor moral del 20D, podría ver incrementar sus resultados si España vuelve a votar, dependiendo, eso sí, de los pasos que dé en los sesenta días que tiene el hemiciclo para intentar configurar un Gobierno para los próximos cuatro años.

Cábalas e hipótesis a parte, hay una realidad indiscutible. Y quienes no terminaban de creerse lo del cambio se han quedado sin argumentos. Comparada con otros países europeos, la de España es una democracia joven que ahora parece haber agotado su primera etapa. Un sistema que durante cuarenta años ha sabido mantener la estabilidad política pero que, según los resultados del 20D, ya no sirve. ¿Un Gobierno en coalición? ¿Necesidad de repetir elecciones? ¿En España? Quizás tengamos que acostumbrarnos.

Laura Crespo

Redactora jefe de El Imparcial

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