En diciembre 2015 tuvo lugar en París la COP21, han transcurrido ya 21 COP (Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático) en los últimos 23 años. El desafío que hoy enfrenta la humanidad es global, porque afecta todo el planeta, debido a las emisiones de CO2 que han venido creciendo. Esta amenaza global, requiere una solución global con compromisos de todas las naciones. El actual modelo económico, basado en los combustibles fósiles, deberá ser sustituido por otro con nuevas energías limpias, y mayor eficiencia energética. No ha concluido aún la era de los combustibles fósiles, pero hemos comenzado a transitar hacia el fin de esta era, nacida a fines del siglo XVIII. Los flujos de inversiones comenzaran a orientarse hacia las nuevas tecnologías y la mayor eficiencia en el uso de la energía, esto requerirá más inversiones en investigación y desarrollo. Las nuevas energías renovables impulsarán nuevos sectores productivos, capaces de absorber crecientes flujos de inversiones. Los costos de las renovables han disminuido, mientras que estas inversiones se han multiplicado más de seis veces, Los dos últimos años han sido testigos de una gran expansión de estas nuevas energías en todo el mundo.
No es una buena noticia que las propuestas presentadas por las 195 naciones en esta COP 21, implican un ascenso de la temperatura en el orden de 3 Cº, o sea el doble de la meta de 1,5 Cº. Un comentario merece la propuesta presentada por el anterior gobierno argentino: si todos los países hubiesen presentado una oferta similar a la nuestra, la temperatura mundial subiría 4Cº. Nuestra propuesta debe ser mejorada y debería incluir un programa concreto y financiable de iniciativas de eficiencia energética; las propuestas de este programa deberían, por lo menos, ser las siguientes: Modernización del transporte público urbano, extendiendo el Metrobus al Conurbano y grandes ciudades del interior. Modernización del ferrocarril de cargas y de pasajeros. Nuevas normas técnicas para mejorar la eficiencia en la utilización de combustibles por los vehículos. Normas técnicas que apunten a una mayor eficiencia en la utilización industrial de la energía. Artefactos eléctricos que ahorren energía. Códigos de edificación urbana que alienten la construcción de edificios e instalaciones que ahorren energía. Normas tributarias y crediticias que estimulen el ahorro de energía.
La amenaza climática no se solucionará por el agotamiento de los fósiles, ya que nunca hubo tanto petróleo y gas como hoy; en 1980 las reservas petroleras mundiales cubrían apenas 30 años de consumo, mientras que hoy cubren 53 años. La utilización plena de estos recursos fósiles, ya contabilizados en los balances empresarios, no sería compatible con la meta de no cruzar la barrera de un aumento de 2 grados centígrados. BP acaba de informar que “si las reservas existentes de fósiles fueran utilizadas totalmente en los próximos años se emitirían más de 2,8 trillones de toneladas de CO2, bien por encima del límite de un trillón consistente con la meta de no superar el límite de 2 Cº de aumento de la temperatura global”
Las carencias en los acuerdos logrados en la COP 21 son muchas, por esta razón la Agencia Internacional de Energía pudo afirmar que “El rumbo del viaje está cambiando, pero el destino todavía no son los 2 grados”. El Acuerdo de París no fue tan bueno como pudo haber sido, pero fue mejor que lo que muchos esperaban. Esperemos que en los próximos años la humanidad avance en su tarea de preservar nuestro planeta.