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POCO A POCO

Iowa. ¡Que Dios nos coja confesados!

Borja M. Herraiz
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borjamotaelimparciales/10/5/10/22
lunes 01 de febrero de 2016, 17:25h
Actualizado el: 01 de febrero de 2016, 19:36h
A las 19.00 hora del estado de Iowa, 02.00 de la madrugada del martes en España, comienza oficialmente la carrera presidencial en Estados Unidos, un proceso tortuoso, plagado de curvas ciegas y que a buen seguro nos dejará una larga lista de sorpresas y anécdotas.

Cuatro, dos por cada partido, son las figuras que han cogido ventaja en esta carrera electoral. Clinton y Sanders por los demócratas. Trump y Cruz por los republicanos. Con todo por decidir y con seis meses por horizonte, arranca una campaña apasionante en el que, una vez dejadas atrás las intervenciones mediáticas sin autocensura, toca mojarse con el programa que catapultará o enterrará a los aspirantes en la senda hacia la Casa Blanca y dar carpetazo a los decepcionantes ocho años (el máximo permitido por la Constitución) de Barack Obama, que sigue sin justificar ese esperpéntico Premio Nobel de la Paz de 2009.

En Estados Unidos, a diferencia de en España, la palabra cuenta y vincula. Mucho. Las barbaridades que ha ido soltando el excéntrico Trump, especialmente contra las minorías, a lo largo de los últimos meses y que le otorgan a día de hoy un 28 por ciento de respaldo popular entre sus filas ya no le serán de tanta utilidad. De nada le sirven a la hora de encarar al electorado nacional en su conjunto, con 25 millones de inmigrantes con derecho a voto y que en su mayoría le ven como la peste.

Trump deberá moderar su discurso si quiere 'robarle' votos a la competencia, pues con sus acólitos extremistas y sus diatribas del odio no le salen las cuentas. Todo lo contrario que Cruz, más ligado al aparato elitista del GOP y a las altas esferas de Washington y que se ha visto obligado por el multimillonario a embarrar su discurso para acercarse al electorado blanco más humilde y que todavía le ve con recelos por sus antepasados hispanos para no quedarse descolgado de una campaña que sabe única para sus ambiciones.

En la trinchera opuesta, la demócrata, una durante meses holgada Hillary Clinton, hambrienta por pasar a la historia como la primera mujer en sentarse en el Despacho Oval, ha visto cómo el escándalo del envío de mails confidenciales le ha acabado por minar más de lo que ella esperaba y, sumado al lento pero imparable auge del independiente Bernie Sanders, ha asistido más impasible de lo esperado a la reducción de su margen de apoyo.

Por detrás, un pelotón de candidatos menores en lo porcentual, aunque con nombre y recorrido, que esperan su minuto de gloria para reengancharse a la pugna presidencial. Unos apelan al oficio, como Jeb Bush, hijo y hermano de expresidentes, y otros al mismísimo Dios, como el propio Ted Cruz, que ha asegurado que en caso de ser él el victorioso será el momento en el que el Todopoderoso se manifieste. Tal cual.

Y es que otra cosa no, pero de menciones divinas nos vamos a hartar, porque a la Casa Blanca no se llega sin también una buena cantidad de fe. Si algo se les da bien a los americanos es de montar un show de cualquier cosa, y unas elecciones presidenciales no iban a ser menos. Así que, que comience el espectáculo y ya sabe, "In God we trust".

Borja M. Herraiz

Jefe de Internacional de El Imparcial

BORJA M. HERRAIZ es jefe de Internacional en El Imparcial

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