EDITORIAL
Próxima reunión entre Rajoy y Sánchez
EL IMPARCIAL
miércoles 10 de febrero de 2016, 00:44h
En las pasadas elecciones los votantes fueron claros en decirles a los líderes políticos que había llegado la hora del pacto y del consenso. Algo que es no ya solo perfectamente normal sino saludable y que en otros países de nuestro entorno se practica sin excesivos problemas. Ahí está el paradigmático ejemplo de Alemania con un Gobierno entre Angela Merkel y la socialdemocracia, que, sin desdoro para ninguno, ha revelado sus ventajas en beneficio de todos los ciudadanos. Igualmente en España, lo más adecuado sería una gran coalición entre los dos partidos más votados, el PP y el PSOE, en la que podrían participar otras fuerzas emergentes como Ciudadanos. Pero resulta que esa opción pareció frustrarse ya incluso antes de la cita de las urnas, y luego se ha ido convirtiendo en más y más imposible.
El desencuentro entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez es prácticamente total en una escalada de tensión permanente. El debate entre los dos en la campaña marcó la pauta -con un secretario general del PSOE que cayó en la inadmisible línea del insulto hacia su adversario político, y un presidente del Gobierno a quien le faltó contundencia- de unas relaciones cada vez más agrias. El próximo viernes van a verse en una reunión en la que nos tenemos lo peor, pues, con todos los antecedentes, el presagio es que será una escenificación del antagonismo.
No irán, ciertamente, con el ánimo sereno ni dispuesto a encontrar puntos de encuentro, que los hay entre las dos formaciones, después de una cadena de acusaciones y reproches mutuos, y en un clima en el que el PSOE se ha empleado a fondo para crear un cordón sanitario al PP. Esta misma semana, el PSOE volvió a excluir al PP al ni siquiera enviarle el documento de su “Programa para un Gobierno progresista y reformista”.
Rajoy y Sánchez han manifestado por activa y por pasiva su mutuo desacuerdo. Ninguno parece dispuesto a ceder en su postura en aras de la gobernabilidad y la estabilidad. Pero, más allá incluso de la cuestión de la investidura, deberían ser mucho más conscientes de que están condenados a entenderse. En las actuales circunstancias, sea cual sea el Gobierno, prácticamente cualquier reforma que se proponga, y no digamos ya las de calado, como una reforma constitucional, no podrá llevarla a cabo de espaldas al otro gran partido. Las posibilidades de cambio de actitud en esa reunión del próximo viernes -para la que ya se han enzarzado sobre el sitio específico dentro del Congreso en el que realizarla- son escasísimas. Pero los dos deberían hacer un esfuerzo de entendimiento. Si no, quizás otros de sus respectivos correligionarios comprendan mejor esa ineludible necesidad.