El marco de una obra pictórica es bueno, diría yo fantástico, si nos permite concentrarnos en el cuadro. Si, además, actúa como aislador entre la realidad pintada, pura metáfora de lo real, y la pared de donde cuelga la obra, entonces es todavía más valioso. Ortega y Gasset, siempre tan genial, nos vuelve a enseñar lo fundamental del marco, del único marco político, hoy existente en España: el Acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos. He ahí el principal argumento del debate de investidura. Ha sido el contorno perfecto para contemplar un Gobierno de España. El Acuerdo no es realmente un Gobierno, pero es como un cuasi-ser, en palabras de Ortega, Gobierno: es la Irrealidad como tal que nos permite asistir a la anulación de dos realidades incapaces de crear ni marcos ni metáforas ni nada: el PP y Podemos.
Todos hablaremos esta semana de esa Irrealidad; todos los que se interesan por los bienes en común, especialmente por ese bien común que es alcanzar un gobierno para toda la nación, concentraremos nuestra mirada en esa Irrealidad; nadie sensato y en sus cabales ciudadanas puede despreciar esa Irrealidad. ¿Puede hacerse algo mejor que mirar esa Irrealidad?, ¿qué otra cosa importante hay, después del 20-D, en la política española?, ¿hablamos, por ejemplo, de la corrupción?, ¿tratamos del empecinamiento para negociar en términos políticos o aritméticos del PP y Podemos?, ¿quién ha creado otra metáfora tan sutil como este Acuerdo para combatir la corrupción, el nacionalismo y el terrorismo?, ¿quién tiene algo que oponer a esta Irrealidad? Nadie tiene nada que objetar u oponer a esta Irrealidad. Pues entonces, por favor, respeten las metáforas. Aprendan de ellas. Esa Irrealidad está determinando toda la vida política de España.
Esa Irrealidad, esa órbita cuasi inverosímil e invisible, nos lleva al centro, al corazón y núcleo de la realidad política española: Somos más y tenemos discurso. La inteligencia de los constructores de ese marco, Acuerdo, reside en un sencillo don político solo al alcance de los grandes políticos: ver lo más elemental. Lo evidente. Eso que nunca verán los que hacen depender la vida política del sectarismo, la tozudez y la corrupción. Los creadores del marco, repito, nos hacen concentrar en el cuadro: “el interés de todos” es lo primero; segundo, juntos sumamos, sí, sumamos más que nadie en el Parlamento español; y, tercero, hemos tenido ánimo, coraje y atrevimiento para trabajar concienzuda y coherentemente para dar a la luz un papel de 69 folios al que se pueden unir otras fuerzas y, por supuesto, está abierto a rectificaciones y nuevas propuestas.
¿Qué hay, amigos, frente a esa Irrealidad del Acuerdo entre Rivera y Sánchez? Nada. O mejor dicho, quizá sí exista algo contra este Acuerdo: la realidad mística de quienes niegan la política en nombre de algo parecido a los principios. He ahí la cara más terrible de nuestra realidad histórica: en nombre del número de votos, del partido, de la sangre, de la “nación”, de la “clase obrera”, de la “coherencia” absoluta, en fin, de la reducción de la vida a Geometría se niegan las circunstancias históricas que orientan y definen lo que hay que hacer. Esos fanáticos de los principios, gentes que desprecian la política, es decir, la defensa del interés de todo por encima de las partes, han tumbado, en la noche del 2 de marzo, la Irrealidad, pero sospecho que se levantará en las próximas elecciones, o mejor dicho, el fracaso de hoy se convertirá en éxito mañana. Quizás quienes han creado esa gran metáfora, ese marco invisible, en fin, esa Irrealidad que nos hace reales, ciudadanos, alcancen la mayoría en las elecciones de junio.