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ENTRE ADOQUINES

Turquía quiere hasta las llaves de la UE

miércoles 09 de marzo de 2016, 20:26h

Turquía llevaba mucho tiempo echándole un pulso a la Unión Europea, esta Unión nuestra que se resquebraja por falta de objetivos y valores que hagan las veces del pegamento necesario. Y ahora no hace falta apretar demasiado para ganar ese pulso, aprovechando los puntos más flacos. Igual que ocurre con cualquier perro escuálido, en la vieja Europa últimamente todo parece convertirse en pulgas. La UE hacía tiempo que había dejado de ver en el horizonte un acuerdo para incorporar a Turquía y, en su día, no hace tanto tiempo, incluso se había escandalizado cuando el gobierno turco sugirió recibir compensaciones económicas, en definitiva un buen montón de pasta, a cambio de colaborar para impedir que de sus costas partieran más refugiados sin papeles ni ningún tipo de control rumbo a la rica tierra prometida, ese fértil paraíso donde, según publicitan las mafias, mamá Merkel y sus vasallos se harían cargo de todos.

En el seno de la UE, salvo los mandatarios más críticos con aquella ola que aún no ha cesado en su marejada, se creyó que su capacidad estaba por encima de cualquier tipo de censura, cuota o cortapisa. Que no podían mostrarse desunidos: unos levantando barreras, mientras otros abrían puertas y ventanas. Sin embargo, la Unión Europea jamás será Estados Unidos. Nadie salvo los eurodiputados y su entorno, proclama ser y sentirse europeo. Al contrario, los nacionalismos están más vivos que nunca y como si se tratara de barrios dentro de una misma ciudad, ningún miembro de la Unión Europea está dispuesto a “cargar” con miles de refugiados que puedan llegar a desestabilizar sus arcas y su política. Algunos países optaron por confiscar los bienes de quienes llegaban y otros, sencillamente, cerraron fronteras a cal y canto. Los últimos en hacerlo, este mismo miércoles, han sido Eslovenia, Serbia y Croacia dispuestos a terminar con la llamada Ruta de los Balcanes, mientras en Bruselas aún se sigue renegociando sobre los innegociables puntos que Turquía, crecida en sus peticiones, ha puesto sobre la mesa.

La delegación turca sabe que ha llegado el momento de apretar las tuercas a la cada vez más timorata Europa. De modo que si la UE les ofrecía 3.000 millones de euros, ellos han pedido 6.000. Eso para empezar a hablar de volver a recibir refugiados retenidos en tierra de nadie y de alojarlos en campos, a la espera de… No se sabe muy bien de qué. Y una vez asumido el asunto de la pasta, Bruselas empieza a hacerse a la idea de que tendrá que bajarse los pantalones, o subirse la falda, y admitir que sí, que vale, que los turcos ya no necesitarán de visado para entrar en los países de la UE. Que, además, volverán a replantearse eso de admitir a Turquía en el Club, y que bueno, de acuerdo, que ellos sabrán mejor que nadie el lío ese que se traen con los kurdos y que intentarán no meter demasiado las narices en el asunto. Todo, a pesar de las denuncias de ataques flagrantes contra los derechos humanos en Turquía y del ataque frontal a la libertad de prensa que supuso la reciente expropiación por el gobierno turco del diario Zaman, crítico con el oficialismo.

Como es lógico, salvo en Turquía, donde es de suponer que los que mandan andarán ya celebrándolo, el anunciado preacuerdo no ha gustado a nadie. Human Rights Watch lo tilda de “sesgado” y potencialmente peligroso, el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur), Filippo Grandi, ha manifestado su preocupación por el acuerdo preliminar entre la Unión Europea y Turquía sobre la cuestión migratoria y Amnistía Internacional, por su parte, crítica sin ambages “la idea de canjear refugiados”, calificándola de “peligrosamente deshumanizadora”. El citado principio de acuerdo tampoco se ha librado del reproche de la propia Eurocámara, donde se ha llegado a acusar a algunos líderes de la UE de “entregar las llaves de la puerta de Europa” al presidente Recep Tayyip Erdogan o, en palabras del jefe de la bancada de los liberales, Guy Verhofstadt, al “sultán Erdogan”. Todas estas voces tienen de plazo para seguir alzándose hasta la cumbre prevista para el jueves de la próxima semana, momento en el que Ankara y Bruselas tienen previsto firmar el definitivo acuerdo que puede marcar el destino no solo de los refugiados, sino también de fronteras, libertades y derechos humanos en esta Unión Europea nuestra, que ya no da para tapar más grietas.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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