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México: batallas perdidas contra el narco

lunes 09 de junio de 2008, 22:36h
Mil quinientos veintitrés muertos en mayo, entre ellos varios altos mandos de la policía. Sin embargo, el Procurador General de la República declaró: “Aunque no parezca, vamos ganando la lucha.” Una encuesta publicada el 3 de junio muestra que el 56 por ciento de los entrevistados piensa lo contrario. Sólo el 23 por ciento creyó al Procurador.

Cabe preguntarse por qué el presidente Calderón siguió la ruta colombiana, sin estar preparado. La respuesta parece encontrarse en su debilidad política: por una parte, tratar de construir una imagen de hombre decidido para subsanar su legitimidad puesta en duda, y, por otra, las presiones estadounidenses, que se tradujeron en el “Plan Mérida” acordado entre los dos países en marzo del 2007.

La guerra al narco se ve perdida y el Plan Mérida, en vías de aprobación en Estados Unidos, motivó fricciones entre los dos países por los condicionamientos impuestos por el Senado.

Las policías demandan más y mejores armas, mayor información y coordinación, ya que el enemigo los supera, además de contar con la iniciativa para atacar. Los narcotraficantes actúan como una guerrilla y las fuerzas del orden van a la zaga.

En un país con pocas oportunidades de progreso, el narco cuenta con un enorme ejército de reserva: jóvenes que prefieren una vida breve pero intensa, con acceso al consumismo. Para otros, el cultivo y tráfico de estupefacientes es una cuestión de sobrevivencia. La recesión y la crisis alimentaria incrementarán el número de voluntarios.

A pesar de los reveses, el presidente insiste en seguir el camino tomado con lo cual se acentúa la debilidad del gobierno, debilidad que están aprovechando otros actores sociales para defender sus cotos de poder.

El insufrible puritanismo del gobierno Bush y de muchos estadounidenses les impide aceptar la drogadicción de sus conciudadanos. Ello empañaría la imagen del “excepcionalismo americano” (Huntington), y pondría al descubierto la corrupción que encubre a los grandes capos de la droga en Estados Unidos, así como a los proveedores de armas al narco. Las grandes sumas destinadas al Plan Colombia bien podían haberse utilizado en clínicas de rehabilitación, legalizando la droga como sucedió con el alcohol. Lo que para ellos es un problema de salud pública, para México es otro de seguridad nacional. Mientras haya demanda, México seguirá perdiendo batallas.
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