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EPPUR SI MUOVE

Cuatro monjas menos

martes 15 de marzo de 2016, 21:25h

Sucedió en 1964. Madre Teresa estaba invitada a un acto presidido por el papa Pablo VI en Bombay. Cuando iba de camino se encontró a dos moribundos, marido y mujer. Permaneció junto a ellos hasta que él murió en sus brazos, momento en el cual la religiosa cargó en hombros a la esposa y la llevó a un centro de su congregación. Obviamente, no llegó a tiempo a la ceremonia, pero sí a la Eternidad.

Hace apenas dos semanas, cuatro Misioneras de la Caridad, la orden fundada por Madre Teresa, fueron asesinadas en Yemen. Les permitían estar allí por la labor que llevaban a cabo: cuidar de los más necesitados. Hay quien dice que ese es su carisma. En puridad, debería ser el de todos los que nos llamamos cristianos aunque, por desgracia, no siempre es así.

Ser pobre en el primer mundo no es lo mismo que en otras partes. He podido verlo de primera mano en Etiopía, país donde la expresión “estar tirado en el suelo” es literal. En Addis, la capital, las aceras -muchas de tierra- se pueblan por la noche de hombre y mujeres que no tienen siquiera un soportal bajo el que guarecerse. Ancianos, niños, enfermos y discapacitados morirían si las Sisters no los cuidasen. En sus casas, sin embargo, nunca falta una sonrisa ni un milagro. Quizá por eso los islamistas asesinaron a las cuatro de Yemen. Total, cuatro monjas menos, ¿A quién le importa?

Sólo en 2015, 7.000 cristianos fueron asesinados por profesar su fe. Sin embargo, los medios apenas se hacen eco de ello. Tampoco de lo que hace la Iglesia por los más desamparados. En cierta ocasión un periodista acusó a Madre Teresa de “dar peces en vez de una caña y enseñar a pescar”. Su respuesta fue tan genial como elocuente: “lo que dicen ustedes me parece perfecto, pero los pobres con los que nosotros trabajamos están tan débiles que no tienen fuerza ni siquiera para sostener la caña entre sus manos. Si les parece, nosotras les alimentamos para que adquieran esa fuerza y luego ustedes les enseñan a manejar la caña”.

¿Puede volver a repetirse lo de Yemen? Sin duda. Las Misioneras de la Caridad trabajan en zonas muy peligrosas, conscientes del riesgo que corren. Pero ahí siguen, y seguirán, con o sin focos mediáticos. Un día Madre Teresa acudió a solicitar una ayuda a un organismo oficial en Calcuta. El funcionario que la atendió fue tremendamente hostil y denegó la solicitud de malos modos, pero su superior jerárquico le enmendó la plana y la aprobó. Cuando ella fue a recibir la suma concedida, el funcionario displicente le espetó: “Este dinero es para usted”. A lo que ella respondió inmediatamente: “No, este dinero es para los pobres. Para mí era su comportamiento del otro día”.

A Madre Teresa no le gustaba mucho discutir, aunque tampoco rehuía cuestiones espinosas. Estando en Holanda, un protestante le comentó que, en su opinión, los católicos le daban excesiva importancia a María. “Sin María no hay Jesús”, replicó ella, lacónica y elemental. Hoy en día, las Misioneras de la Caridad siguen esa estela. Sólo piden lo que necesitan para “sus pobres”, aún a riesgo de que les suelten cuatro frescas. Viven para ellos, y por eso a veces las matan, como a tantos cristianos. Sister Anselm, sister Reginette, sister Margarita y sister Judith ya no cuidarán a nadie más en Yemen. Pero su testimonio perdurará.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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