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ESCRITO AL RASO

Francia, Bélgica y el Daesh

David Felipe Arranz
viernes 25 de marzo de 2016, 20:02h
Actualizado el: 26/03/2016 08:04h

El revés del tapiz de los atentados terroristas de Bélgica y de París, abrumado de realidad, nos revela un proceloso Mar de los Sargazos con el trasfondo de la creación del llamado “falso” Kurdistán y el ambicioso plan de las “primaveras árabes”, orquestado por los gobiernos de Obama, Cameron y Sarkozy y las monarquías del Golfo Pérsico que promueven el terrorismo yihadista para controlar Oriente Medio. A Obama y a la OTAN el avispero mortal de Siria e Irak –donde se encuentra el cuartel general del Daesh– se les ha ido de las manos.

Desinformación y contrainformación ha habido siempre. La heterodoxia del Poder elabora una contracultura informativa que resulta difícil combatir: el repetido saqueo ético de la opinión pública por parte de los distintos think tanks y gabinetes de (des)información redirige la atención hacia la tragedia de Bruselas y París. Así, el periodismo paniaguado se asimila con el gabinete de prensa, taxidermiza la verdad, se la apropia e ignora el juego geoestratégico mundial, cuya consecuencia no solo es la muerte de cientos de ciudadanos europeos a manos de integristas del Daesh, sino el alejamiento informativo del origen de una guerra de sangre inocente, millones de refugiados y toneladas de oro negro.

Un informe secreto elaborado por la Defense Intelligence Agency y el Estado Mayor Conjunto en verano de 2013 afirmaba que la intromisión en Siria de los Estados Unidos, conduciría al caos del país y al control de los yihadistas, como sucedió en Libia: el Gobierno de Obama seguía financiando y entregando armas a los rebeldes extremistas, desde Libia y a través de Turquía, para derrocar a Al Assad. Un pasaje del texto resulta demoledor, pues hace alusión a “un programa general a nivel técnico, de armamento y logística a favor del conjunto de la oposición, incluyendo al Frente al-Nusra y el Estado Islámico. Los supuestos moderados se habían evaporado y el Ejército Sirio Libre (ESL) no era más que un vestigio de lo que alguna vez existió en una base aérea de Turquía”; es decir, Estados Unidos estuvo entregando armas durante años al Daesh. Una renta oscura y mortal de difícil encaje para la opinión pública de Occidente.

Esta información, que con el título “De militar a militar” ha sido publicada curiosamente en una revista cultural del prestigio de The London Review of Books por el periodista de The New Yorker y Premio Pulitzer Seymour M. Hersh, pone de manifiesto que la trastienda del poder no trasciende a la opinión pública, ajena a los hilos económicos que manejan las potencias occidentales en Siria y su constante coqueteo con el Daesh, el suministrador de crudo –hasta dos millones de barriles diarios– de los socios de Francia, Reino Unido y Estados Unidos en Oriente Medio: Arabia Saudí y Qatar. Así, el autoproclamado Estado Islámico –que poco tiene de estado y mucho de multinacional– se ha situado en el noveno puesto en la producción de oro negro de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP). Y es precisamente el hijo de Erdogan, Bilal, el encargado del transporte del crudo del Daesh a Asia a través de su empresa naval BMZ Ltd..

El funcionamiento es el mismo que el de cualquier compañía petrolífera: según varias entrevistas que Financial Timesrealizó en octubre de 2015 a varios ciudadanos sirios, los terroristas trabajan con expertos del sector –ingenieros, químicos, mecánicos cualificados– que coordinan las operaciones con traders que aparcan sus camiones en colas interminables que van llenando sus tanques y que compran el crudo muy barato para venderlo a refinerías, intermediaros o incluso algunas multinacionales estadounidenses de la región.

Los medios de comunicación se echan una gran cabezada ante un hecho incontestable: por un lado, la “libre” y vergonzosa circulación de terroristas entre Siria y Europa, que se pasean por aeropuertos y estaciones de tren como Pedro por su casa, incluso cuando son identificados. El propio Erdogan dijo el miércoles que en julio de 2015 Turquía detuvo en Gaziantep –provincia turca fronteriza con Siria– a uno de los terroristas suicidas de Bruselas, Brahim El Bakraoui, y lo deportaron a Bélgica, según Erdogan, o a Holanda, según el ministro de justicia belga Koen Geens. El caso es que a pesar de los informes que remitieron desde Ankara a las embajadas belga y holandesa indicando que El Bakraoui era un combatiente yihadista, este fue puesto en libertad.

Algo parecido sucedió con el cabecilla de la masacre de las sala de conciertos Bataclan, Omar Ismaeil Mostefai, sobre el que el Gobierno turco alertó a Francia en dos ocasiones, diciembre de 2014 y junio de 2015, sin que obtuviesen respuesta. Mostefai llegó a Turquía en 2013 y desde allí se desplazó a los campos de entrenamiento del Daesh en Siria. Según una fuente de seguridad europea, Turquía deportó en septiembre del año pasado a tres combatientes yihadistas que llegaron sin ningún problema a su casa en Marsella.

Una periodista de The New York Times, Robin Wright, publica el 28 de septiembre 2013 que los halcones liberales de Washington están rediseñando el mapa de Oriente Medio, un cambio de régimen que se inició en 2011 con el bombardeo de Libia, y que daría como resultado la creación de un falso Kurdistán con el apoyo de Francia, a partir de territorios turco, sirio e iraquí. Francia y Bélgica, países prokurdos, a los que Erdogan considera enemigos, estaban sin duda en el punto de mira del yihadismo. La agencia de noticias próxima a Daesh, Al Amaq, difundió una nota en la que señalaba que Bélgica es “un país que participa en la coalición internacional contra el Estado Islámico”, similar a la publicada tras los atentados de París: obviamente, los servicios de inteligencia belgas y su policía están a por uvas.

La Turquía del corrupto Erdogan, el aliado estratégico del Daesh, el país que actúa como membrana permeable para el intercambio de armas y de petróleo con el yihadismo, ha acusado ya a la propia Bélgica de los atentados terroristas del 22 de marzo. La edición del diario turco Star del 23 de marzo llevaba el siguiente titular: “La serpiente que Bélgica amamantaba le ha mordido el seno” con el que este periódico reprochaba a Bélgica que hubiese permitido a familias kurdas que se manifestasen en Bruselas contra el Gobierno de Ankara durante la cumbre entre la UE y Turquía. El diputado independiente Laurent Louis denunció el 17 de enero de 2013 ante el Parlamento belga que su país estaba financiando “vergonzosamente el armamento de los rebeldes islamistas que tratan de derrocar a Bachar al-Assad”.

El 13 de noviembre se produjeron en París los sanguinarios atentados yihadistas cuyo efecto inmediato han dado como resultado el aumento de la presencia e intervención militar de Francia en Oriente Medio. Hoy, el primer ministro del Gobierno federal belga, Charles Michel, ha anunciado ya el envío de cazas belgas F-16 para bombardear Siria e Irak. Pero eso no detendrá el reguero de sangre. Solo cuando Occidente (EE.UU. y la OTAN) deje de financiar y promover las guerras en Oriente Próximo y de diseñar planes para derrocar gobiernos y controlar el flujo de crudo podremos empezar a vislumbrar la manera de atajar el horror del Daesh y de Al-Qaeda, la bestia que creó el 3 de julio de 1978 el consejero de Seguridad Nacional de Jimmy Carter, Brzezinski, para financiar las guerrillas “anticomunistas” en Afganistán. De aquellos polvos...

Twitter: @DavidFelipe1975

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