www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

All we need is love

sábado 26 de marzo de 2016, 19:34h

Pequeño extracto de la película ‘Deuda de honor’, de Tommy Lee Jones.

Nebraska, 1855. Oeste Americano. Mary Bee Cuddy (Hilary Swank) lleva una solitaria vida en una lejana localidad del medio oeste cuando la Iglesia la elige para llevar de regreso al mundo civilizado a tres mujeres que han perdido la razón. Para ello, cuenta con la ayuda de Briggs (Tommy Lee Jones), un delincuente desconocido al que salva de la horca con la condición de que la acompañe en el trayecto. Casi al final del viaje, ella, solitaria y necesitada de amor, le propone matrimonio de esta manera:

“Señor Briggs, usted es un hombre inteligente, y si lo piensa seguro que le parece sensato. Cuando las dejemos con la señora Carter, ¿por qué no nos casamos y volvemos? Tengo 31 años y si me caso tiene que ser pronto, y usted no será más joven. Ya ha visto mi casa y mi ganado, tengo dos buenas concesiones y dinero en el banco. Tengo buena salud y podría ser madre. Pretendo comprar lechones en primavera y cebarlos con maíz, y en verano plantaré 60 acres de trigo. También quiero plantar calabazas. Haríamos un buen equipo los dos, si aunamos esfuerzos prosperaremos, ¿no cree?”

Él, finalmente, responde que no.

Todos buscamos lo mismo: queremos que nos quieran. Incluso en plena competición profesional o bajo la influencia del individualismo exasperado en búsqueda de éxito, reconocimiento o riquezas, el objetivo sigue siendo equivalente: todos nosotros, los humanos, buscamos cariño y amor. Afecto, pertenencia, cercanía, empatía, comprensión, apego, ternura, simpatía, cordialidad, compasión, aprecio, estima, proximidad, contacto, etc. Se me ocurren tantos sinónimos para el ‘mismo propósito’ como nombres cariñosos para llamar a nuestras parejas (femeninas en este caso): cariño, amorcito, gordi, churrita, pequeña, amore, pitufa, canija, prenda, pulguita, cielo, enana, muñequi, reina, princesa, ratita.

Una amiga, con mucha brevedad y dolor, me contó la semana pasada que acababa de perder a un amigo de la infancia en un accidente de tráfico. Su amigo llevaba muchos años sufriendo, primero por la ruptura con su pareja hacía ya unos años, pero sobre todo por la separación y lejanía con su hijo desde aquel entonces. Su alma estaba desgarrada y su corazón roto, había perdido la razón. Sufría mucho, muchísimo, y la vida se lo llevó. Ahora, descansa en paz.

Aunque parezca imposible, existe una distancia muy corta entre el cielo donde viven los que se sienten amados y el infierno que sufren los no-queridos. De lo más habitual a lo menos común, cualquiera podría llegar a pagar por una amistad o el interés ajeno, sentirse solo y abandonado o convertirse en mendigo. Cierto es que la vida suele llevarse a los seres queridos antes de lo esperado, pero también hay otros a nuestro alrededor que, deseando irse, llevan mucho tiempo sufriendo y esperando su momento en la sombra. Aunque suene un poco brusco, cuando uno se encuentra con alguien que arde de dolor con cada minuto de su vida, desea que deje de sufrir lo antes posible, sea como fuere (con grandes dosis de cariño a ser posible). La persona que ha perdido un amigo o alguien cercano en circunstancias tan extremas como un suicidio, se preguntará porqué lo hizo si ella (o él) le quería mucho. Yo creo que en las extensas llanuras de los sentimientos, no es tanto el hecho de que nos quieran como sentirnos queridos. Ahí está la clave, pero: ¿cómo hacer para que otra persona se sienta querida? ¡Pues queriéndola!, simplemente. El amor, como decía el difunto Stephen Covey, es un verbo que se demuestra con la práctica. Querer, a veces, es decir pero sobre todo es hacer, y aunque uno no es quién para aleccionar sobre cómo amar a la pareja o apreciar a familiares y amigos, sí siento el impulso de recordarles -y de recordarme- lo que decía el estribillo de aquella canción: “All you need is love / All you need is love / All you need is love, love / Love is all you need”.

Dar no sigue un patrón fijo. Una persona ruda nos amará con su brusquedad o con su antipatía, un egoísta nos estimará con su enorme dependencia, un jefe nos apreciará con una fría subida de sueldo y un hijo nos querrá tanto que querrá fagocitarnos, porque nos necesita. Amar no significa ser blando, suave o empalagoso, como pensamos muchos hombres, ya que se puede demostrar mucho sin apenas hablar o sin decir algo cariñoso. Hay ocasiones donde un gesto sincero, noble y sereno trasmite más amor que todos los elogios del mundo. De nuevo la acción por encima de la dicción. La tecnología, una vez más, nos mantiene ‘en contacto’ con el verbo no pronunciado y, a veces, hasta mal escrito, pero nos aleja de lo que en realidad necesitamos los humanos: que nos quieran, que nos hablen, que nos toquen y que nos hagan. Poco más puede uno decir al respecto, pero seguro que mucho más podría hacer. Disfruten más de la vida en compañía y menos del wifi o del 3G… a ser posible.

“Cuando tu miedo toca el dolor de otro, se convierte en lástima; cuando tu amor toca el dolor de otro, se convierte en compasión”. Stephen Levine

Nacho López

Asesor Financiero

NACHO LÓPEZ, dedicado al mundo de la banca de inversión y comercial, al mercado de capitales, al análisis y al asesoramiento bursátil, ha trabajado en los principales bancos españoles y en otros internacionales de primera línea.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (14)    No(0)

+
1 comentarios